Lecturas de enero

•febrero 3, 2015 • Deja un comentario

Adiós enero. En este primer mes del año tuve la oportunidad de leer seis libros, de transportarme a seis diferentes mundos y pasar por emociones muy diversas.  Se me ocurrió hacer un breve resumen de estos libros y compartirlo con ustedes.

Comienzo por Sunset Park de Paul Auster, uno de mis autores favoritos. Confieso que Sunset Park no es mi novela favorita de Paul Auster; pero, como suele sucederme con sus novelas, una vez que empiezo una, no puedo dejar de leerla.

El personaje principal de esta historia es Miles Heller. Debido a un accidente del cual se siente responsable, abandona Nueva York, la universidad y la oportunidad de tener éxito en su vida; siete años después se verá obligado a regresar y enfrentar su pasado.

Al comienzo de la historia, Miles es un hombre que se conforma con lo que tiene, no parece tener ambiciones ni metas, disfruta tomar fotografías de los objetos que se quedan en las casas que fueron embargadas y está enamorado de una chava de 17 años. Después él se ve obligado a regresar a Nueva York donde vive con su amigo y dos compañeras.

En Nueva York vemos a un Miles siempre en conflicto, en constante angustia al igual que sus compañeros con los que vive. En medio de la terrible crisis económica del país en ese momento, todos buscan abrirse camino sin tener idea de nada. No tienen grandes expectativas ni intentan cambiar nada.

Se trata de una novela un tanto pesimista. Me quedé con un nudo en la garganta, con una enorme sensación de vacío y una buena cantidad de preguntas que me tomó un rato responder.

Me gusta leer a Paul Auster porque siempre me obliga a cuestionar la realidad, a ver las cosas de diferente manera.  Me resulta imposible resistir o escapar de su existencialismo.

El siguiente libro que leí fue Love de Toni Morrison. Me habían hablado tanto de esta escritora que, quizá, esperaba mucho. Empecé a leer este libro en octubre pero me olvidé de él y apenas hace unas semanas decidí terminar de leerlo.  El comienzo del libro fue algo aburrido, lento, pesado. A veces me perdía  en la trama y necesitaba regresarme un par de hojas para encontrar el camino.  Love es la historia de tres mujeres y su relación con el ya fallecido Bill Cosey. Fue necesario pasar de la mitad para que la historia comenzara a ponerse interesante, a tener sentido.

Cuando terminé de leerla, me quedé con la sensación de que algo me faltaba. Me quedaron muchos huecos en la trama.

Después de leer este libro, busqué algunas reseñas de esta novela y de acuerdo a lo que encontré, esta no es su mejor novela y no está a la altura de las otras novelas que ha escrito como su reconocida Beloved, la cual quiero leer para poder formarme una mejor opinión de esta escritora tan reconocida.

Esta navidad, nuestra querida Nessie, nos regaló libros a todos en la casa. Como sabe que Pride and Prejudice de Jane Austen es una de mis novelas favoritas, me regaló otro libro de Jane Austen, Persuasion. Hace tiempo que no leía un romance y fue una buena elección para comenzar el año.

Anne, la protagonista de esta historia, es una mujer de 27 años, culta, inteligente y la única en su familia con sentido común, la única para quien las apariencias no importan. La historia comienza ocho años después de rompió su compromiso con Frederick Wentworth, el único hombre al que había amado. Lo hizo porque su  amiga y confidente, Lady Rusell, la convenció de que no era el hombre adecuado para ella pues, ¿qué futuro le esperaba al lado de un marino sin fortuna?  Sobra decir que se preguntaba si había hecho lo correcto y que seguía amando al Frederick. Su mundo se puso de cabeza cuando por azares del destino volvieron a encontrarse.  ¿Podría el amor ser más fuerte que el resentimiento que Frederick le tenía por haber roto el compromiso? ¿Debía alejarse de él?

Pride and Prejudice sigue siendo mi favorita pero no puedo negar que disfruté mucho esta novela. Lo que me gusta de Jane Austen es su elegancia para contar una historia romántica. Conocía bien la importancia de los pequeños detalles en relación con el amor y es muy romántica sin ser excesiva. Fue una buena historia para despertar mi lado cursi para sentirme un poquito adolescente.

No todo es romance y para sacudirme un poco la miel derramada por Jane Austen, me fui al otro extremo y escogí un libro que desde hace tiempo tenía muchas ganas de leer: El Túnel, la primera novela de Ernesto Sábato. También es lo primero que leo de este autor y, puedo asegurar, que no será lo último que lea de él.

La historia me atrapó desde la primera frase: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne…”.

Juan Pablo Castel está en la cárcel y su intención es escribir un libro para explicar las razones que lo llevaron a matar a María. Él es un pintor a quien no le gusta la gente y quien se siente incomprendido. “Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté”.  Uff. No pude evitar suspirar con esta frase.

En esta novela corta, Ernesto Sábato nos muestra el lado más oscuro de la mente, de la naturaleza humana. Ese lado que me parece todos podríamos tener, pero que muchos preferimos no desarrollar.

Todos tenemos un lado oscuro; la pregunta es, ¿lo dejaremos salir o no?  Juan Pablo Castel no solamente lo deja salir sino permite que se apodere de él hasta convertirlo en asesino. El final lo sabemos desde la primera línea: mató a María. Lo extraordinario de esta historia es el proceso, lo que lo lleva a matarla y su manera de describirlo.

Hubo partes dolorosas, fuertes, momentos que me dieron una buena sacudida.  Al terminar de leerla tuve que esperarme un par de días para comenzar una nueva historia, un par de días para poder acomodar lo que este libro desacomodó.

En esos dos días leí solamente un poco de filosofía en un capítulo del Extraño Mundo de Sofía de Jostein Gaarder. Era el capítulo sobre la Edad Media traducido al portugués para mi clase de lenguas romances.

Hace algunos meses o quizá ya casi un año, una amiga leyó The Reluctant Fundamentalist  de Mohsin Hamid. Le gustó mucho y no dudó en recomendármelo. Me tardé un poco en conseguirlo y, por fin, me puse a leerlo.

La historia se desarrolla en una cafetería en Lahore, donde el protagonista, Changez, un hombre pakistaní se acerca a un hombre americano y comienza a conversar con él. Por supuesto, el americano se sorprende y da la impresión de sentirse incómodo con la “amigable” forma de Changez de dirigirse a él; sin embargo, acepta conversar con él.  Changez comienza a contarle la historia del tiempo en que vivió en Estados Unidos.  Fue un estudiante de Princeton y después trabajó en una importante empresa americana. Todo parecía marchar bien pero un evento cambió su manera de ver el mundo y su futuro: la explosión de las Torres Gemelas en 2001.

En un excelente y ágil monólogo, Changez le cuenta a este extranjero toda su historia.

Me gustó mucho su manera de escribir,  a la vez que nos cuenta su historia, nos describe  las reacciones del americano, sus diálogos con él (todo como parte del mismo monólogo).  El americano es desconfiado e indescifrable. Me inquietaba no saber qué estaba pensando y  no saber qué iba a pasar después.

El final fue una sorpresa. Me quedé pasmada. Me encontré con un libro diferente y bien escrito.

Por último, escogí un libro de Alice Munro. Ya había leído tres libros de ella y me encanta su mente retorcida, los giros inesperados de la trama, los finales abiertos. Capta mi atención con sus ocurrencias, con esas raras ideas que prevalecen en sus cuentos. Me emocionó tener en mis manos otro libro suyo: Open Secrets; sin embargo, admito que estos cuentos no me gustaron tanto.  Con la excepción de Carried Away, A real Life y The Jack Randa hotel, la mayoría de estos cuentos me resultaron un poco pesados, largos y confusos. El esfuerzo por entender algunos me costó un dolor de cabeza; fue agotador.

Esperaba más de este libro pues los anteriores fueron geniales. A pesar de todo, no puedo negar que me quedé con la agradable sensación de haber conocido un poco más de su impredecible narrativa.

Me gusta el ambiente opresivo y profundo en los cuentos de Alice Munro, sus descripciones minimalistas pero intensas y esos finales que nunca terminan…

 

Esos fueron los libros que me acompañaron en enero, ahora veamos que aventuras comienzan en febrero.

Lecturas

Lecturas

Hábitos.

•febrero 3, 2015 • Deja un comentario

Toma cuarenta días crear un hábito; deshacerlo, solamente cuatro.  Eso me lo dijo un amigo hace un par de semanas cuando hablamos del año nuevo y le conté sobre mis resoluciones para este 2015.  Me queda claro que por eso es tan complicado mantener los hábitos, ser constante. Lo que nos toma cuarenta días lograr, se puede desvanecer en cuatro; sí en sólo cuatro días, lo que podrían ser nuestros días de vacaciones. Después de esos cuatro días, habría que comenzar de nuevo casi desde cero para volver a consolidar esos hábitos.

A veces me parece que la constancia es una prueba de resistencia; una dura prueba difícil de pasar; sin embargo, no hay que darse por vencido y es necesario perserverar para poder llegar a dónde nos propongamos.

Comienza el segundo mes del año y hasta ahora he logrado ser constante.  Leo más de diez páginas diarias, escribo por lo menos cinco días a la semana y sigo trabajando en mejorar mi carácter (el punto más difícil de mis tres propósitos para este 2015).  Estoy a sólo diez días de crear, consolidar mis nuevos hábitos. ¡Diez días!  Me da muchos ánimos estar a punto de llegar a la primera parte de mi meta.

Por supuesto, este proceso de crearme nuevos hábitos ha sido un poquito pesado. Las primeras dos semanas tenía que estarme recordando constantemente mis objetivos a cumplir para ese día. A veces la flojera estaba a punto de vencerme; otras, el cansancio. Después de un día de mucho trabajo, de mucha actividad, al final sólo deseaba dormirme; sin embargo, en lugar de hacerlo, me puse a leer un rato. Apenas tuve el libro en mis manos me olvidé del cansancio y leí más de las diez páginas planeadas pues, una vez más, la historia me atrapó.

Leer y escribir con disciplina me obliga a estar más en contacto conmigo misma y, por consiguiente, con el mundo que me rodea.  Las palabras ya no se atoran en mi pluma. Cada día me voy sintiendo un poco más fuerte, más segura y más libre para compartir mis ideas.

Los sueños no se cumplen por arte de magia, por suerte, por milagro; se cumplen con esfuerzo, con trabajo, con fe y confianza en uno mismo. Se cumplen porque uno se mueve para lograrlo. A mí me gusta estar en movimiento. No soy de las personas que se sientan a esperar a que las cosas pasen o a suspirar porque no suceden. Me gusta actuar; me niego a ser una persona pasiva.  Creo en el poder de la visualización y del trabajo.

En este 2015 que comienza, además de visualizarme, esforzarme y creer en mí, estoy siendo disciplinada y constante. En estas cuatro semanas me he sentido más amiga de la pluma y de las ideas que en los años pasados.

En mi casa tengo una pequeña habitación para mí, mi querido estudio, mi lugar de trabajo. Frente a mi escritorio, pegado a la pared, tengo un pizarrón donde escribo mis pendientes de este mes así como mis objetivos y las fechas límite para realizarlos. Anotar estas cosas y las fechas límites me ayuda a concretar mis sueños, a convertirlos en metas. Lo que hago es decretar algo y poner todo a mi favor de una manera constructiva.  Esto me ha ayudado a organizar mis pensamientos e ideas, a tener bien claros mis objetivos y no distraerme. A veces mi mente es muy dispersa pero tener las cosas escritas frente a mí me obliga a concentrarme.

Aunque me dicen mucho que el tiempo no alcanza para realizar todo lo que deseamos, me he dado cuenta de que entre más tiempo libre tengo, menos me rinde para hacer todo lo que tengo pendiente; sin embargo, cuando estoy llena de actividades, me rinde mejor el tiempo y tengo la oportunidad de hacer más cosas. Además, termino el día menos cansada, más motivada y llena de energía.

Me siento bien. Me faltan sólo diez días para crear mis hábitos y sé que puedo lograrlo.

escribir y leer

Feria del Tamal en Coyoacán

•febrero 1, 2015 • Deja un comentario

Hoy ha sido una hermosa tarde noche. Ya viene la Candelaria y, por lo tanto, los tamales. Desde el pasado 28 de enero y hasta el lunes 2 de febrero está la  Feria de los tamales en Coyoacán. En años anteriores, esta feria se llevaba a cabo en el parque de Frida, pero  desde el 2013 tiene lugar en la plaza Hidalgo de Coyoacán.

Entrada a Plaza Hidalgo

Entrada a Plaza Hidalgo

Hay más de cien puestos de tamales de diferentes tamaños y sabores. Los hay salados y también dulces. Hay también diferentes bebidas para acompañarlos: chocolate caliente, café de olla, agua prehispánica (agua de chocolate) y atoles de diversos sabores desde el típico champurrado hasta el de novia y de monja

Feria del Tamal

Feria del Tamal

Atole de monja

Atole de monja

Confieso que el año pasado esta feria fue un poco caótica pues había poco espacio y demasiada gente, los tamales estaban muy bien pero era difícil disfrutarlo. Esta vez los puestos están mejor distribuidos y a pesar de que había mucha gente, pudimos caminar a gusto.

Feria del Tamal Coyoacán

Feria del Tamal Coyoacán

Feria del Tamal

Feria del Tamal

Feria del Tamal

Feria del Tamal

Además, cerca de la fuente de los Coyotes, había músicos deleitándonos con una especie de batucada o murga, lo que despertó en mí las ganas de bailar (aunque no lo hice) y frente al kiosko había un espectáculo de baile tradicional. Las personas que no estaban comiendo tamales, paseaban alegremente. ¿Qué puedo decir? Me sentí feliz, muy feliz.

Musicos Coyoacán

Musicos Coyoacán

Coyoacán

Coyoacán

Algodón de azúcar

Algodón de azúcar

Me tardé un poco decidir qué comer. Además de tamales también hay gorditas, carne, comida de otros países de Centro y Sudamérica como Chile, Colombia o Panamá, entre otros. Hasta hay un puesto de comida de Siria.

Se me antojó  una gordita después de ver a mi marido comerse una. La suya era de chicharrón; yo la pedí de requesón; estaba exquisita.  Las gorditas en ese puesto son pequeñas y están bien hechas (es decir que comiendo una nos quitamos el antojo pero todavía tenemos la oportunidad de comer más).

Gordita

Gordita

Con respecto a los tamales, me quedé sorprendida con la cantidad de sabores exóticos que me encontré. De los dulces, me llamó la atención uno de plátanos con cajeta; sin embargo no pude probarlo porque ya se había agotado. Seguí buscando en otros puestos y escogí uno uno de chocolate amargo.  Me supo como a una especie de brownie pero no tan dulce. Me encantó. En ese mismo puesto hay tamales de nata y  también se veían muy bien.

Tamales dulces

Tamales dulces

Con respecto a los salados, yo pedí un chipilín en un puesto de Oaxaca, estaba de buen tamaño y me gustó bastante. En otro puesto, mi marido se encontró con uno de lengua en hoja santa y le encantó. Yo no lo probé pues no me gusta comer lengua.

Chipilín

Chipilín

También venden buñuelos en algunos puestos. En el puesto donde compré uno, me lo sirvieron con la miel recién hecha. Delicia.

Buñuelos

Buñuelos

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Buñuelo con miel

No me encantan los tamales, pero en esta época del año y en esta feria, me gusta comerlos.

Después de comer, nos sentamos un rato a disfrutar la noche en mi amado Coyoacán.

Coyoacán

Coyoacán

Estuve tan contenta hoy que sentí la necesidad de compartirlo con ustedes.

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Si les gustan los tamales y tienen la oportunidad de ir, pueden hacerlo este fin de semana y también este lunes día de la Candelaria, abren a las 10 de la mañana y cierran a las 9 de la noche.

Espero que tengan un muy bonito fin de semana y feliz día de la Candelaria. ¡Vamos a comer tamales!

Duelo.

•enero 27, 2015 • Deja un comentario

Esta semana se cumple el primer aniversario luctuoso de mi pequeño amigo y gran maestro, Alex, un ejemplo de amor para quienes lo conocimos.  Tengo presentes a sus papás que cuentan con mi admiración, respeto y amistad.   También pienso en  las personas que he conocido que han sufrido una pérdida y  necesitan encontrar la manera de salir adelante.   Me viene a la mente lo que no se dice, el sufrimiento que se lleva en silencio, el difícil camino del duelo, de aprender a soltar, de soledad. No puedo imaginarme el laberinto de preguntas sin respuesta, la agonía de abrir los ojos y saber que no fue una pesadilla, las dudas, desaliento, oscuridad antes de levantarse de nuevo. Salir adelante en estos casos no es cualquier cosa y pienso que es uno de los retos más grandes que tenemos que enfrentar los seres humanos.

Pocas personas están preparadas para despedirse de una persona que aman. Decir adiós siempre es doloroso y cuando se trata de alguien cuya vida apenas comienza, es desgarrador, es confuso, es simplemente inimaginable.  Como padre, uno sabe que de acuerdo a la naturaleza,  son los hijos quienes lo enterrarán a uno y no al revés.  La idea de perder a un hijo es aterradora y si esto llega a suceder, la pérdida cambiaría nuestra manera de ver la vida; nos desorientaría, nos sumergiría en ese laberinto oscuro cuya salida desconocemos. Esto significa una tremenda caída de la cual  no todo mundo se levanta o recupera.

Yo, directamente, no conozco ese dolor tan inimaginable; pero sí conocí  la relativa cercanía a la muerte relacionada con un diagnóstico severo como lo es la leucemia, cuando nos dieron los resultados de los estudios de nuestra pequeña niña (ahora adolescente). Recuerdo el vacío en el estómago y la idea de perderla era  impensable,  fuerte,  angustiante. Nuestra pequeña salió adelante y todos los días doy gracias por su vida, por su salud, por poder abrazarla todas las noches antes de irnos a dormir. Pero para muchos otros padres, la historia es diferente y lo que  más asusta se convierte en una realidad, de momento inaceptable. Nos tocó despedirnos de algunos pequeños en el hospital. Recuerdo a Andy, a Casandra, a Aitana, a Ángel y también a la hermosa Sarai.  Recuerdo a Pamela, compañera de escuela de Rebeca, quien se sintió un poco mal un día y al final de la semana le cerró los ojos una enfermedad autoinmune, así, sin previo aviso.  Y quedan los papás, los hermanos, los familiares cercanos, los amigos que no pueden entender, que no encuentran explicación, queda la ausencia que duele hasta quitarnos las ganas de respirar… y comienza el largo camino del duelo.

No tengo explicación y a veces estoy llena de preguntas sin respuesta.   Por lo tanto, hace tiempo que dejé de preguntarme lo que no está en mis manos contestar o entender; ahora busco concentrarme en lo que sí se puede resolver. Cuando alguien se va, eventualmente, necesitamos aceptarlo; a pesar de la pérdida, de la posible oscuridad, la vida tiene que seguir aunque al principio uno avance sólo por inercia.

Me cuesta trabajo escribir sobre este tema, sobre todo porque vivimos en una sociedad que le teme a la muerte y que, por consiguiente, evita hablar de ella.

La muerte es parte de la vida, es algo natural e inescapable. No es un castigo, ni una prueba ni nada negativo, es parte de ciclo de la vida aunque eso implique una despedida que no siempre podemos asimilar y que nos cuesta trabajo aceptar.

Cuando alguien muere, significa que no volveremos a ver a esa persona, ya no podremos oír su voz ni tampoco abrazarla. Nuestra forma de comunicarnos con ella cambia y nuestras conversaciones son una especie de monólogos cuya respuesta esperamos percibir de una u otra manera. La persona ya está en paz, pero nosotros nos quedamos con el peso de su ausencia. Nos llenamos de preguntas. ¿Cómo seguir adelante sin esa persona? ¿Cómo pensar en seguir viviendo cuando estamos tan llenos de dolor? La mayor parte de las veces, el camino no es claro y la oscuridad parece invadirnos. Para cada persona esta vivencia es diferente. El tiempo que toma encontrar la salida, levantarse, no es igual para nadie.  Lo que sí es importante para todos, es la actitud de las personas que nos rodean, la tolerancia, el apoyo, el no estar solos, al menos no la mayor parte del tiempo (pues también es necesario tener momentos de soledad para sanar). Lo que me inquieta acerca de este tema es el papel que jugamos los demás en el duelo de esa persona.

Hay quienes experimentan una gran soledad al comenzar su duelo pues después del funeral, se acaban las llamadas y las visitas; llegan a una casa que ya les parece demasiado grande, silenciosa y llena de recuerdos. Por otro lado, también se sienten presionadas pues los demás, en su afán de ayudar, siempre tienen palabras como «ya no llores», » a él/ella no le gustaría verte así/ no le gustaría que sufrieras tanto», «todo va a estar bien», » ya sonríe». Hay quienes se desesperan porque a los pocos meses del doloroso acontecimiento la persona sigue sufriendo, está de mal humor, no tiene ganas de convivir con nadie. Yo me pregunto, si estuviera en su lugar, ¿me bastarían un par de meses para sonreír de nuevo? ¿Me servirían de algo esas palabras de aliento?  Debo confesar que la respuesta es no, definitivamente no.

La realidad es que si  alguien a quien amamos muere,  necesitamos llorar, llorar a mares, llorar para liberar el dolor, llorar para desahogarnos, llorar para sentir algo, llorar para poder sanar. El llanto nos impide quedarnos con todo el dolor adentro y nos da un poco de alivio. En esos momentos, las palabras sobran, lo que más hace falta es un abrazo, alguien con quien poder llorar con libertad sin necesidad de explicaciones.  Sí, quizá, eso es lo que haría falta decirle a la persona: » Puedes llorar conmigo, aquí estoy, no estás solo/a».   Quizá deberíamos eliminar  las palabras de aliento, la típica frase de «todo va a estar bien».  No,nada está bien y pasará un tiempo antes de que vuelva a estarlo. Comprender es mejor que intentar animar.  ¿Cómo dar una palabra de aliento cuando yo misma pienso que es terriblemente doloroso?

Por supuesto, el dolor no pasa después del funeral. De hecho, toma semanas, a veces meses, asimilar que la persona ya no está. Cuando eso sucede, el sufrimiento puede ser mayor, mucho mayor al del día del funeral.   Muchas veces los amigos o familiares se desesperan. Presionan a la persona por lo que ella llega a sentir la necesidad de aislarse, de vivir su dolor en soledad para no incomodar a los demás, no «molestar» con su mal humor, no decepcionar a nadie por no poder sonreír todavía.

¿Por qué? ¿Por qué cómo sociedad le exigimos tanto a las personas en duelo?

En los momentos difíciles, esa persona necesita que seamos pacientes y tolerantes con ella, quizá necesite también un abrazo, que estemos con ella sin expectativas, que seamos una mano amiga,  alguien con quien sienta libertad para expresarse.

El proceso normal de duelo puede durar desde 6 meses hasta casi 3 años, aproximadamente. Sí, puede llegar a tomar casi tres años recuperarse.  Para cada persona es diferente el proceso para sanar,  reintegrarse a la vida, aprender a vivir con el dolor de esa ausencia y encontrar la felicidad de nuevo.

El duelo es un poco más llevadero si la persona puede  llorar, enojarse, sufrir sin sentirse juzgada ni presionada. Necesitamos hablar del tema sin miedo ni tabúes. Para soltar, aceptar la muerte y encontrar la paz de nuevo se requiere de mucha voluntad y  valor. Es más posible lograrlo acompañados que solos.

No siempre comprendemos ni sabemos qué están viviendo las personas que nos rodean; muchas veces no tenemos las palabras adecuadas; otras, nuestras ideas difieren; pero si usamos nuestra empatía, es decir, si nos ponemos en los zapatos del otro en lugar de juzgarlo o de imponer nuestro punto de vista, ayudaríamos más.

He visto mucho sufrimiento y me siento impotente para ayudar. Cuando pienso en las personas que he conocido y en su dolor, no puedo quedarme cruzada de brazos pero no siempre sé qué hacer.  Muchas veces me he quedado callada por miedo a ser imprudente, por miedo a dañar en lugar de ayudar. No me nace decir «todo estará bien». Esas palabras no salen de mi boca en esas situaciones. Lo que necesito decir es: «lo que sucedió es terrible, no soy capaz de imaginar lo que estás sintiendo, si necesitas llorar, llora; si necesitas gritar, grita; aquí estoy para compartir contigo y abrazarte siempre que lo necesites; no estás sola/o; no tienes poner buena cara conmigo ni decirme que todo está bien; estoy consciente de que pasará mucho tiempo antes de que vuelvas a sentirte bien y te acompañaré en el camino.»

Por último, debo decir que siempre hay esperanza y el sol, eventualmente, vuelve a salir en nuestras vidas. Como ejemplo, conozco a una persona a la que admiro mucho y quien, desde la primera vez que la vi, me dejó un enorme aprendizaje.

Hace casi diez años,  una amiga muy querida me invitó a la presentación del libro de su tía.  Siempre me ha encantado leer y me emociona ir a las presentaciones de libros.  Mi amiga me aclaró que no se trataba de una novela. Su tía perdió a dos hijos en un accidente. Escribió para sanar y  en su libro nos comparte el  camino que recorrió para poder encontrar la felicidad de nuevo. Yo creía que iría a una presentación en la cual todos acabaríamos llorando o por lo menos con el corazón hecho nudos pues no me podía imaginar que alguien pudiera ser feliz después de semejante experiencia.  No podría haber estado más equivocada. Yoli, así se llama la tía de mi amiga, es una mujer fuerte, sonriente, llena de entusiasmo y muy agradecida con la vida. Habló de sus hijos con un inmenso amor y celebrando su vida. No derramó ni una lágrima, no sé quejó y  se refirió a  sus hijos  como sus grandes maestros.

Ver a una persona tan feliz después de aquel accidente, cambió mi perspectiva de la vida. Cada vez que hablo con ella, me transmite paz y armonía. Me demostró que sí se puede salir adelante, que  se puede volver a sonreír, cada quien a su tiempo.  Aunque la veo poco, sigo en contacto con ella y es una de las personas que más admiro y  a quién puedo recurrir cuando no me siento fuerte. Ella creó la Comunidad de Apoyo de Cristal y de Roca para ayudar a las personas a  superar el duelo; comparte su aprendizaje con ellas, a eso dedica su vida (https://www.facebook.com/pages/COMUNIDAD-DE-APOYO-DE-CRISTAL-Y-DE-ROCA/149841288415731?sk=info&tab=overview).

Estoy convencida  de que con fuerza de voluntad y una red de apoyo de personas dispuestas a dar lo mejor de sí mismas, los seres humanos podemos sobrevivir a casi cualquier tormenta y encontrar la luz de nuevo. También creo que el amor de las personas que se han ido, se queda con nosotros, nos fortalece, nos abraza.

Y hoy, casi a un año de tu muerte, celebro tu vida, Alex; agradezco todo el amor que nos diste y espero poder ayudar a los que me rodean como lo hiciste tú, sin quejas y sonriendo, dando siempre lo mejor de mí.

florblanca

¿Por qué leo?

•enero 20, 2015 • 2 comentarios

En diciembre al leer la página de la Gandhi (la librería), me encontré con la pregunta «¿Por qué lees?».  Se trataba de un concurso y había que contestar la pregunta en un renglón, uno solo.  Pensé en participar pero no tuve la oportunidad de hacerlo; sin embargo, la pregunta siguió rondando mi mente.

«¿Por qué lees?»

Leo por amor. Eso fue lo primero que me vino a la mente. Leo por amor a las palabras, a las historias, a la humanidad.   Sin me embargo, decir leo «por amor» no me parece una respuesta suficiente. La mayoría de las personas que disfrutamos de la lectura hablamos justamente de eso: el amor por la lectura. Entonces si digo que leo por amor no estoy profundizando en mi respuesta y quizá no estoy aportando nada.

No me quedé conforme con mi respuesta. Por un rato intenté evadir la pregunta sin mucho éxito. ¿Por qué leo? ¿Qué puedo decir de la lectura sin usar las palabras amor, me gusta y otros sinónimos?  Por supuesto que leer me apasiona y fácilmente puedo sumergirme en un libro y olvidarme de todo lo que me rodea mientras el libro esté abierto frente a mí. Me divierto leyendo, claro que sí.  ¿Pero eso es todo? ¿Eso habría contestado?  «Leo porque me apasiona y me divierte. Leo por amor».  ¿Eso es todo?  Obviamente no lo es.

Mientras buscaba la respuesta, me vinieron muchos recuerdos a la mente y empecé a ver las cosas con mayor claridad. La respuesta estaba en mi historia con los libros, en mi amistad con ellos.  En una de mis películas favorita, el musical de Camelot (1967), al comienzo Merlín le dice al rey Arturo: «Recuerda el principio…».  Sí, el principio, aquel primer encuentro con  los libros en mi vida.

Mi relación con la lectura empezó en la infancia. La casa de mi abuelita materna estaba llena de libros. Eso para mí era como un paraíso. Me gustaban sobre todo los libros viejos, de hojas amarillentas y de olor a historia. Me preguntaba si mi abuelita los había leído todos. Nunca lo supe, lo cierto es que ella siempre leía. Era mi mejor amiga y yo la admiraba muchísimo. Tenía como 8 años cuando me dio el libro de Mujercitas de Louise May Alcott.  Recuerdo que estaba emocionada. Deseaba que disfrutara  leer tanto como ella y a ella le encantaba esa historia.  Ese libro fue una de las primeras novelas que leí que no fueran infantiles. Ya había leído muchas historias antes pero o eran historias infantiles con muchos dibujos o eran versiones clásicas adaptadas para niños (como, por ejemplo, la ligera y agradable versión de las mil y una noches), pero esa era mi primera novela «seria».  Fue la primera que me impresionó, que tuvo un efecto importante en mi vida, que  cambió algo en mí.  Al instante me identifiqué con Jo March, una mujer rebelde, impulsiva, independiente que deseaba haber sido hombre para ayudar a su papá en la guerra y para ser libre;  ella era una mujer que se sentía incómoda usando vestidos y que no tenía la «delicadeza»  que se esperaba de ella. No, no le gustaban los convencionalismos ni tampoco las reglas para las mujeres. Jo era como  yo: rebelde, de carácter fuerte y diferente. No cumplía con lo establecido para la mujer de su época.   Al leer ese libro, ya no me sentía tan rara; es decir, aunque fuera en otra época y en otro lugar del mundo, había una mujer que pensaba como yo, una mujer que se negaba a hacer lo que se esperaba de ella sólo por ser mujer. Me sentí acompañada. Me sentí afortunada por parecerme a Jo. Me sentí bien por ser diferente y me defendía con más energía cuando intentaban obligarme a vestir faldas o  a ser «más femenina».  Fue un gran regalo ese libro. No sólo encontré a alguien que se parecía a mí, sino que encontré una nueva y profunda forma de convivir con mi abuelita.  A partir de ese momento no sólo compartimos libros sino también nuestra visión del mundo relacionada con los libros que leíamos.

Encontré en los libros una forma de comunicarme, de ver y entender el mundo. En ese libro había encontrado a alguien como yo, lo  cual en ese momento me parecía imposible, y me di cuenta de que leyendo encontraría a más personas como yo y me sentiría menos inadaptada.

¿Por qué leo?

Porque en los libros encontré una manera de comunicarme y de pertenecer. La lectura me incluye aun cuando la sociedad me excluye.

Fui una niña solitaria, prácticamente sin amigos. Era tímida, torpe, extraterrestre y constantemente se burlaban de mí. Encontré en los libros a mis amigos.  Leí los cuentos de Hans Christian Andersen que me regaló mi mamá. Siempre me hablaba de sus cuentos. Me sentía como el patito feo aunque no esperaba convertirme en un cisne. Mi favorito fue y sigue sigue siendo «La sirenita». La sirenita dio todo por amor y terminó convirtiéndose en espuma. Me la imaginaba volando con la brisa marina, dejando un agridulce aroma a sal en su camino.  Mi mamá también me regaló dos novelas de Enid Blyton: Las Mellizas de Santa Clara y Primer Curso en  Torres de Mallory. En ese entonces ya me acercaba a la adolescencia y leer historias de adolescentes me gustaba.  Pasaba los recreos sentada en una banca leyendo mis libros mientras comía mi almuerzo. También pasaba en la biblioteca buscando nuevos amigos que me acompañaran en los siguientes recreos. Así encontré la serie de libros de las Gemelas de Santa Clara y de los cursos en Torres de Malory. También en la biblioteca encontré los cuentos de Shakespeare (versión para «niños») y el diario de Anne Frank en inglés (el cuál me dieron oportunidad de leer porque aunque todavía estaba chica, era muy «madura»).  Gracias a los libros mis recreos no eran solitarios, el tiempo no pasaba lento y yo me sentía bien.

¿Por qué leo?

Leo porque un libro es un amigo fiel: nunca me da la espalda, nunca me abandona y siempre está dispuesto a compartir su sabiduría conmigo.  Un libro me acaricia el alma, me consuela y la mayor parte de las veces me entiende.

No me imagino cómo habría sobrevivido a la adolescencia sin los libros. Encontré el amor ideal en el inexpresivo pero tierno Mr. Darcy de Jane Austen (Orgullo y Prejuicio); conocí a uno de mis más grandes y admirados héroes, Fernando Valle, en el libro de Clemencia de Ignacio Manuel Altamirano; descubrí que la imaginación es la mejor arma para vencer a la nada, a la apatía, a la indiferencia gracias a Bastián Baltasar Bux en la Historia Interminable de Michael Ende.  Me llené de escalofríos con la Gallina Degollada de Horacio Quiroga y viví la magia de las palabras en los cuentos impredecibles del genio Julio Cortázar. No me dio miedo Drácula y me emocionó su extraño amor por Mina en la novela de Bram Stoker. LLoré con el Nocturno de José Asunción Silva y llené mis tardes de poesía.  Encontré novelas sobre la prehistoria y navegué en mundos de sueños, chamanes, animales de poder y un profundo amor, respeto y agradecimiento a la naturaleza que yo también compartía.  Descubrí a Danielle Steel y me llené del romance típico en una adolescente cursi.  Me desvelé en la Noche Navegable de Juan Villoro y me negué a parecerme a los hombres grises de Michael Ende. Me conmovió la poesía de Amado Nervo y llené un cuaderno con los significados de las palabras que no entendía. Me enojé con la abuela desalmada de la cándida Eréndira de Gabriel García Márquez y se abrió mi visión del mundo con el Tercer Ojo de T. Lobsang Rampa.

La literatura estaba llena de mundos que me alejaban de mi complicada adolescencia. Me enseñaban que todo era posible y mi mente comenzó a llenarse de historias.

¿Por qué  leo?

Leo porque en los libros encuentro la fuerza para sobrevivir en un mundo lleno de dificultades;  leer me da esperanza.

Tengo 38 años y sigo rodeada de libros, siempre deseando leer más. Empecé mi edad adulta con la exquisita novela  Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez. Me enamoré del realismo mágico. Leí la Casa de los Espíritus de Isabel Allende, Pedro Páramo de Juan Rulfo, Aura de Carlos Fuentes.  Me regalaron los cuentos del maestro del horror, H. P. Lovecraft y el Caso de Charles Dexterward me dejó sin aliento.  Gracias a una amiga descubrí a Paul Auster y encontré un camino para mi exagerado existencialismo. No puedo dejar de leer sus libros. Me inspiró Broken Music, la historia de Sting, quien dejó su trabajo como maestro de inglés y lo arriesgó todo por la música… En ese entonces yo era maestra de inglés y me preguntaba si tendría el valor de dejarlo todo por perseguir mi sueño. Cuando terminé una relación importante me reí con «The Between Boyfriends Book» de Cindy Chupack y pude encontrar el lado amable a mi soltería. Sufrí con  el Amante de Marguerite Duras y me encantó su erotismo crudo y doloroso. Me enredé en la obsesión de Orhan Pamuk con el Museo de la Inocencia. Al terminar el libro deseaba visitar ese museo y no podía borrarme esa historia de la cabeza. Hace unos años descubrí el Elogio al Insomnio de Alberto Ruy Sánchez y me hizo feliz saber que hay muchas personas que aman su insomnio tanto como yo.  Me gustó tanto su manera de escribir que busqué más libros de este autor.  Me enamoré del  erotismo poético en los Jardínes Secretos de Mogador, en los Nombres del Aire  y en Nueve Veces el Asombro. Me quedé con ganas de más. Quiero leer todos sus libros.

Estos son sólo unos cuantos de los libros que he leído y la lista de los autores que quiero leer y que admiro es cada día más larga…

¿Por qué leo?

Porque la lectura es mi manera de relacionarme con el mundo; leo para sentir algo cuando me siento vacía; leo para descubrir un mundo diferente al mío. Leo para entender al mundo, leo para encontrar el sentido, leo para reír, para llorar, para armar este infinito rompecabezas que es la vida.

lectura

No siempre.

•enero 15, 2015 • Deja un comentario

No es posible tener siempre una sonrisa en los labios, a veces sucede que no queremos sonreír y los labios se niegan a moverse.

Hay algo que me afecta;  quizá sea una tontería, pero me duele.

Me encanta nadar. Siempre me ha encantado. En mi infancia fui  parte de un equipo de natación y siempre me he sentido libre en el agua. Siempre.

Cuando era niña, en la alberca me imaginaba que era una sirena.  En el agua me sentía (y confieso que todavía me siento) todopoderosa.  Me encanta flotar, «acostarme» boca arriba y descansar;  mientras siento el abrazo del agua dejo que la corriente me lleve a donde quiera.   Sirena, es una de las palabras con las que me identifico aún cuando no siempre he nadado en mi vida. Ha habido muchos momentos, largas temporadas, en las que me he quedado seca.

Fue hace algunos años, cuando volví a sentir el llamado del agua. Me puse a nadar con constancia, en medida de mis posibilidades. Nadar me llenó de bienestar.

Desafortunadamente el año pasado me llené de hábitos sedentarios y pasé seca más de la mitad del año. Fue en mi cumpleaños cuando me prometí cambiar. Regresé al gimnasio y a la alberca con todas las ganas, con mucha disciplina. Entonces nadar se convirtió en mi refugio, en un momento para estar conmigo misma y crecer. En estos meses de entrenamiento he mejorado como nunca tanto en velocidad como en estilo. Ya no siento que me ahogo cuando nado mariposa. Mi entrenador está contento con mi avance y me siento como sirena en el agua.

Cuando nado estoy llena de armonía y paz. Tanto mi mente como mi cuerpo están bien. Mientras nado no hay estrés ni problemas, no hay dolor, sólo una tranquilidad casi infinita y la certeza de que encontraré una respuesta a mis problemas. Braceando y pataleando se disuelven mis nudos, me reconcilio con mi cuerpo y me inunda el agradecimiento, el enorme agradecimiento de poder estar ahí, húmeda y libre, en movimiento.

Como ya lo escribí una vez, nadar para mí es volar y también bailar. Entonces volando y bailando todo se ve más hermoso, más claro…

Después de la primera quincena de noviembre, empecé a desarrollar una especie de reacción negativa a los químicos que ponen en la alberca, un malestar del cual no logro escaparme. Las primeras veces que sucedió, seguí nadando como si nada pasara. Mi cuerpo se rebeló con una fuerte irritación en la nuca y con la sensación de no poder respirar bien. Fue necesario cambiar mi rutina. Primero dejé de nadar una semana. Regresé a la alberca pero solamente nadaba tres veces a la semana. Debido al frío y a las vacaciones dejé de nadar poco más de tres semanas. Regresé sintiéndome más fuerte; sin embargo, mi cuerpo sigue reaccionando negativamente a los químicos.  Mi alegría perdió el acento y se convirtió en alergia.

Esta mañana me desperté triste. Me obligué a ir al gimnasio pero no empaqué mi traje de baño para evitar tentaciones. Fui una sirena fuera del agua. Realicé mi rutina lentamente, casi sin entusiasmo. Cuando terminé, busqué una clase para intentar animarme. En ese horario no había ni zumba ni baile. Nada parecía llamar mi atención. Me decidí por una clase de «spinning». Una hora de «jugar» con la bicicleta y sudar. Una hora de ejercicio y distracción. Una hora para extrañar menos la natación. Me animó atreverme a hacer algo diferente en lugar de quedarme con los brazos cruzados. Pero no fue suficiente, todavía no logro sonreír.

Me pregunto si debería nadar o no mañana. Me pregunto si está en mis manos resolver esto.
¿Por qué estoy haciendo tanto drama por un asunto quizá tan sencillo?
Me molesta mucho que me afecte tanto una situación que quizá no es tan relevante. Entonces me enojo conmigo misma y me recrimino por ser tan exagerada. ¿Cómo es posible que me sienta tan mal por algo tan poco complicado como lo es una reacción negativa a los químicos que ponen en la alberca? ¡Cómo es posible!
Necesito calmarme. Sigo siendo intolerante y exigente conmigo misma. Respiro una y otra vez. Permito que las lágrimas salgan. Me perdono. Se vale sentirse mal un día por algo que no signifique el fin del mundo. Se vale tener un día gris aunque en general todo parezca estar bien.

Me pregunto qué puedo aprender de esto. Me viene a la mente mi tercer propósito de año nuevo: «Enojarme menos, tolerar más; enojarme menos y no juzgar; ser menos dura y más amorosa».   Eso también me incluye a mí.  Si logro ser tolerante conmigo misma, también lograré serlo con los demás.

Lloro. Después me seco las lágrimas. Ya no me siento tonta ni exagerada. Tengo la certeza de que mañana será un buen día independientemente de la relación de mi cuerpo con los químicos en la alberca.  Sea cual sea el obstáculo, saldré adelante y  la sirena nadará de nuevo.

No es posible tener siempre una sonrisa en los labios.  A veces sucede que no queremos sonreír. Eso no es grave mientras no perdamos la capacidad de hacerlo, mientras tengamos la certeza de que sonreiremos de nuevo.

sirena

 

Bienvenido 2015

•enero 12, 2015 • 2 comentarios

¡Feliz 2015 para todos ustedes!

Como la mayoría de las personas, empecé el año con mucho entusiasmo, ideas y proyectos. El 2014 me dejó mucho aprendizaje y estoy muy agradecida por lo vivido, tanto los grandes momentos como los complicados.

Me siento más fuerte y más segura hoy que hace un año. Me siento también más libre. Llevo mucho tiempo trabajando en enfrentar mis miedos, en sentirme bien, en ser una mejor persona y el 2014 fue un año lleno de retos y oportunidades para crecer.

Estoy lista para este 2015, muy lista. Por primera vez en varios años, hice mis propósitos de año nuevo. Tuve el valor de escribirlos y lo hice con la determinación de cumplirlos. Confieso que no llené la página; ni siquiera ocupé la mitad. Prefiero tener pocos propósitos y llevarlos a cabo a tener una lista enorme que habré olvidado al llegar febrero. No soy una heroína ni soy superpoderosa así que decidí ponerme objetivos que me hicieran sentido y que sí tuviera posibilidades de cumplir. No sólo eso, sino que también pudiera convertirlos en hábitos.

Mis propósitos son tres, tres resoluciones, tres metas, tres cosas para este 2015. Fui breve y concreta pues no tenía intenciones de empezar el año agobiada ni tampoco planeaba escribir una lista que, 364 días después terminaría en el temible rincón de lo olvidado o, peor, en el de «tuve la intención de hacerlo».

Este es mi año para actuar, para hacer que las cosas sucedan y tengo que empezar por cumplir lo que me propongo.

Estos son mis tres propósitos para el 2015:
1) Ser constante al escribir, tanto en mi diario como en mis proyectos. Es necesario que escriba todos los días o por lo menos cuatro veces a la semana (cuando menos).
2) Leer más. Leer por lo menos 10-15 páginas diarias de cualquier libro. Los libros siempre han sido mis mejores amigos y me ha hecho falta leer más. Hay mucho libros esperándome y debo llegar a ellos pronto.
3) Mejorar mi carácter: enojarme menos, tolerar más. Enojarme menos, amar más. Enojarme menos y no juzgar. Ser menos dura y más amorosa. En varios momentos del año pasado estuve muy irritable y me enojé con facilidad una buena cantidad de veces. No me sentí bien por eso y necesito ser mejor este año, mucho mejor.

No sólo son mis propósitos para este año sino espero que sean mis hábitos para el resto de mi vida. También tengo muchas metas, proyectos, sueños. Para llegar a ellos necesito avanzar con paciencia. Primero he de llegar a la siguiente cuadra, después a la siguiente calle, a la siguiente colonia, a la siguiente ciudad… y así seguir hasta llegar a mi destino, sin desviarme, sin darme por vencida, enfrentando los obstáculos. La constancia y la perseverancia son la clave para lograrlo.

En estos primeros 12 días del año voy bien. Me mantengo firme. Me sacudo la apatía y la flojera.
Empecé y terminé leí el libro Sunset Park de Paul Auster, uno de mis autores favoritos cuyo existencialismo siempre me deja en qué pensar, muchos conceptos que analizar. Me quedé con un nudo en la garganta al final del libro y, otra vez, llena de preguntas. Me gusta como los libros de Paul Auster me hacen cuestionarme la realidad.
Terminé de leer «Love» de Toni Morrison. Es el primer libro que leo de ella y debo admitir que no me encantó. Me tomó meses leerlo y por fin lo acabé. Los últimos capítulos me gustaron pero no el final. Muchos cabos quedaron sueltos. Quizá deba de leer otro libro de ella para encontrarle el gusto. Según las críticas que leí, este no es el mejor libro que ha escrito. Buscaré «Beloved», desde hace tiempo quiero leerlo.
Hace una semana comencé a leer «Persuasion» de Jane Austen. Este libro me lo regaló Inés, la mayor de las dos hermosas adolescentes de esta casa. Sabe que uno de mis libros favoritos es «Pride and Prejudice» de Jane Austen. La protagonista de esta historia es Anne y como Elizabeth (la protagonista de Pride and Prejudice) es inteligente y culta; sin embargo, Anne, permitió que la persuadieran de dejar ir al hombre que amaba y la pregunta es si encontrará el amor de nuevo y si esta vez defenderá sus decisiones…
Tendré que seguir leyendo. Hoy sólo llevo 2 de las 10/15 páginas correspondientes a este día.

Hace un par de días terminé de escribir el proyecto en el que he estado trabajando por años, sólo me falta corregirlo. Además, en estos 12 días, he sido constante en mi diario y hoy vuelvo a escribir en este blog de nuevo.
Escribir me desenreda. Escribir me abre. Escribir me da energía y me permite liberar mis emociones. Escribir me permite verme sin adornos. Escribir me devuelve la paz y la armonía. Por eso, en estos días que vuelvo a escribir con disciplina y constancia, me siento mucho mejor conmigo misma y más feliz.

Con respecto a mi tercer propósito, todavía es muy pronto para escribir sobre el tema; sólo puedo decir que todos los días lo tengo presente y trabajo en ello. Me esfuerzo en sonreír más y enojarme menos; en sonreír más y amar más.

Mi marido me dijo que 2015 será un buen año porque será un año de cosecha. Tiene razón. Estos últimos años hemos sembrado mucho, hemos luchado mucho y llegó el momento de cosechar. No puedo evitar emocionarme cuando lo pienso. Sin embargo, eso no significa que dejaremos de sembrar, cada día de nuestras vidas seguiremos sembrando y dando lo mejor de nosotros, lo mejor.

Bienvenido sea el 2015. Bienvenidos sean la vida, el amor, el trabajo, los sueños…

Bienvenido sea este año lleno de oportunidades. Está en nosotros hacer de éste un gran año; ojalá que lo sea para todos.

libro y agenda

Visita al Museo de Arte Popular MAP

•agosto 13, 2014 • 1 comentario

Siempre me ha gustado caminar y visitar museos. Me encanta hacerlo acompañada pero también sola. Me maravilla recorrer la ciudad, conocer y reconocer museos. Es un viaje que siempre es diferente y lleno de sorpresas. Hace unos años descubrí al pintor Julio Galán en una exposición en el Museo de San Ildefonso. Su arte me conmovió tanto que me fue difícil no ponerme a llorar ahí, en plena sala. Fue un triunfo aguantarme y largos los días en los que ahorré para poder comprarme el libro con sus pinturas.

Cada museo me deja algo. Cada vez que voy es como si fuera la primera. Siempre hay algo que aprender, que descubrir y que sentir…

Después de varios meses sin haber tenido la oportunidad de visitar museos, la semana pasada pudimos hacerlo. El sábado en la mañana, llegamos al metro y nos bajamos en la estación Juárez (de la línea 3). Muy cerquita de ahí, casi en frente del Teatro Metropolitan, se encuentra el Museo de Arte Popular (MAP) en la calle de Revillagigedo 11, esquina Independencia.

Este museo abrió en el 2006 y tuve la oportunidad de conocerlo dos años después. Desde entonces se ha convertido en uno de mis museos favoritos. Es un museo lleno de tradiciones, de colores, de vida. Es un lugar para conocer y admirar el arte popular en México. Es el museo ideal para quienes les gustan los alebrijes, las catrinas, esqueletos y calacas (típicos del día de muertos), los vestidos típicos mexicanos, el arte huichol, los árboles de la vida… y la lista sigue.

A la entrada del museo podemos ver un letrero que nos da la bienvenida en varias lenguas como el Nahuatl, Otomí, Purépecha.

Bienvenido. Museo de Arte Popular. México D.F.

Bienvenido. Museo de Arte Popular. México D.F.

Como la primera vez que entré a ese museo en el 2008, me sentí muy emocionada. Es un museo alegre, muy alegre. Me hace sentir orgullosa de ser mexicana y admiro mucho a los artesanos que hacen magia con sus manos.

Por supuesto hay exposiciones permanentes y exposiciones temporales. Aunque ya conozco las exposiciones permanentes, siempre es para mí una delicia visitarlas. No importa cuantas veces vaya, siempre me sorprendo. Esta vez me tocó ver dos exposiciones temporales excelentes: “Cuatro Grandes Maestros del Arte Popular”, la cual desafortunadamente ya no está ahora. Les comparto una imagen de esta exposición, mi favorita. Me encantó la falda que tiene al águila devorando a la serpiente.

MAP

Falda

La exposición que todavía pueden vistar se llama «Cuatro manos, dos oficios, una iconografía». En esta sala me encontré trompos y molinillos de colores, colibríes misteriosos, alebrijes. Me encantó. Me quedé con ganas de más. Quizá regrese a verla una segunda vez. Les comparto algunas fotos de esta sección.

"Cuatro manos, dos oficios, una iconografía" Museo Arte Popular

«Cuatro manos, dos oficios, una iconografía»
Museo Arte Popular

Nada es común cuando usamos nuestra creatividad. Aquí los trompos y los molinillos más hermosos que he visto.

Trompos y Molinillos en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo de Arte Popular

Trompos y Molinillos en el Museo de Arte Popular

Me encantan los animales, los que conocemos y los que nacen de la imaginación, sueño o visión de alguien. Por un momento me encontré rodeada de seres mágicos y atractivos, grandes o pequeños, fuertes o frágiles, poderosos.

"Cuatro manos, dos oficios, una iconografía", MAP

«Cuatro manos, dos oficios, una iconografía»,
MAP

Colibrí

Colibrí «Cuatro manos, dos oficios, una iconografía». MAP

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«Cuatro manos, dos oficios, una iconografía»

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Esta exposición estará disponible hasta el 12 de octubre. 🙂

Por último, les comparto algunas fotos de las exposiciones permanentes. Comienzo por un mapa de la República Mexicana, cómo podrán observar, no es un mapa común…

Mapa de la República Mexicana. Museo de Arte Popular.

Mapa de la República Mexicana.
Museo de Arte Popular.

Unos muñecos de madera con trajes típicos y los muñecos de todos los presidentes de la República. ¿Los reconocen?

Muñecos de Madera Museo de Arte Popular

Muñecos de Madera
Museo de Arte Popular

MAP

Presidentes de la República Mexicana Museo dd Arte Popular

Algunos trajes típicos de diferentes lugares de la República Mexicana.

Trajes Típicos. Museo Arte Popular

Trajes Típicos.
Museo Arte Popular

MAP

Trajes Típicos Museo Arte Popular

Arte huichol. La luna y el sol, un eclipse colorido. También un traje típico huichol.

Arte Huichol  Museo Arte Popular

Arte Huichol
Museo Arte Popular

MAP

Traje Huichol Museo Arte Popular

Esta sala me encanta pues hay en ella alegres demonios y también esqueletos y calaveras.

Diablos. Museo Artesanal Popular.

Diablos.
Museo Artesanal Popular.

MAP

Sonrisa. Museo Arte Popular

MAP

Esqueletos. Museo Arte Popular

MAP

Museo Arte Popular

MAP

Museo Arte Popular

MAP

El Secreto. Uno de mis favoritos. Dulce, tierno, romántico. Hermoso. Museo Arte Popular

Calavera Museo Arte Popular

Calavera
Museo Arte Popular

Debo confesar que mi sala favorita es la de los alebrijes y sirenas. Me gusta estar rodeada de alebrijes y siempre he amado las sirenas. Siempre he relacionado las sirenas con la mitología griega; sin embargo, también ella también es entre los indígenas; los indígenas tepehuas la conocen como Xalpanak Xkan; y en el estado de México, la representación de la diosa de los ríos y lagos es Tlanchana.

Aquí esta sala podemos encontrar un alebrije original de Pedro Linares, el creador de los alebrijes. Pedro Linares necesitó mostrarnos las creaturas que conoció en sus sueños. Así nacieron estos animales misteriosos y raros que ahora todos conocemos. Gracias a él surgió esta maravillosa tradición que amo. Entre sirenas y alebrijes, navego en un mundo único.

En esta sala también hay Árboles de la Vida. Originalmente estos son fabricados en Metepec, Estado de México. Su objetivo era enseñar la historia de la creación según la Biblia; sin embargo hoy en día, en algunos árboles se representan temas que no se relacionan con ella.

Sirenas Museo de Arte Popular

Sirenas
Museo de Arte Popular

MAP

Sirenas Museo de Arte Popular

Alebrije de Pedro Linares.

Alebrije de Pedro Linares, creador de los Alebrijes. Museo de Arte Popular

Alebrije de Pedro Linares, creador de los Alebrijes.
Museo de Arte Popular

Alebrijes Museo Arte Popular

Alebrijes
Museo Arte Popular

Alebrijes  Museo Arte Popular

Alebrijes
Museo Arte Popular

Alebrijes  Museo Arte Popular

Alebrijes
Museo Arte Popular

Alebrijes Museo Arte Popular

Alebrijes
Museo Arte Popular

Alebrijes  Museo Arte Popular

Alebrijes
Museo Arte Popular

Árboles de la Vida

Árbol de la Vida Museo Arte Popular

Árbol de la Vida
Museo Arte Popular

Árbol de la Vida Museo Arte Popular

Si les gustan los alebrijes, esperen el desfile organizado por este museo en Octubre. No he tenido la oportunidad de estar presente en los anteriores, pero espero poderlo disfrutar este año.

Hay más de cien museos que visitar en la Ciudad de México, esta hermosa ciudad que tanto amo. Espero pronto poderles compartir mis fotos y experiencias en otros museos.

Hasta pronto.

Un cumpleaños en la Naturaleza.

•julio 12, 2014 • 2 comentarios

Estoy aquí, sentada frente a la computadora, mirando la lluvia en la ventana, sonriendo. El viento juega con los árboles y el sonido de los truenos predomina. Estoy aquí mientras los grillos callan y la noche llega. La noche, la maravillosa noche que tanto admiro, que tanto amo. Y, mientras miro mi reflejo borroso en la ventana, pienso en la felicidad. Sí, la felicidad que me llena de pies a cabeza y que me hace sonreír sin motivo aparente.

Hace unas semanas Rebeca me hizo una pregunta. No recuerdo las palabras exactas, pero fue algo así: «¿Qué cambiarías de tu vida para ser feliz?» Lo que quizá también pueda traducirse como «¿Qué te hace falta para ser feliz?». La pregunta me tomó por sorpresa. Por un segundo no supe qué contestar porque la única respuesta que me vino a la mente fue nada. Así es, nada porque no necesito cambiar nada, me siento feliz con lo que tengo. Me siento feliz, agradecida y afortunada. Le contesté que no cambiaría nada, que más bien lo que me hace falta es trabajar más en mí y seguir luchando por realizar mis sueños. Me sentí feliz cuando mi marido respondió casi lo mismo que yo.

A lo largo de mi vida he aprendido que la felicidad está dentro de nosotros y que está en nuestras manos alcanzarla. También creo que la felicidad se encuentra en los pequeños detalles como escuchar el canto de los grillos, mirar la luna llena, ver un amanecer o cantar, escuchar música, leer, bailar ya sea solos o compartiendo con las personas que llenan de luz nuestro camino.

Cuando estamos tristes necesitamos un abrazo, alguien con quien hablar, alguien con quien compartir nuestras lágrimas, alguien que nos escuche. A mí me sucede lo mismo con la felicidad, necesito alguien con quien compartirla, alguien a quien abrazar, alguien a quien sonreírle. Hoy quiero compartirlo con ustedes.

Hace una semana tuvimos la oportunidad de celebrar el cumpleaños de mi papá. Escogimos hacerlo en un lugar de Querétaro que es muy especial para él, un lugar lleno de naturaleza, un lugar lejos de la civilización: un lugar para ser feliz.

Contaba las horas para salir de la ciudad y alejarme del ruido, del tráfico, de la tecnología, de todo. En la carretera cruzaba los dedos para que nos tocara un clima benévolo en estos días de tormentas y chubascos. LLevaba días soñando con este fin de semana y, sobre todo, anhelando ver las estrellas. En la ciudad es difícil verlas pero en el campo, no, con excepción de los días nublados.

Llegamos en la noche. El viento me llenó de esperanza. Adiós al internet, a la televisión, a casi toda la tecnología. Sólo en ciertos lugares se podía tener señal en el teléfono y era intermitente. Ese viernes me dio la bienvenida un cielo estrellado sin nubes, una luna deslumbrante. Mi siguiente meta es regresar cuando haya luna llena. Me quedé pasmada mirando al cielo y escuchando el increíble concierto de grillos que llenan de vida a la noche. El viento era cada vez más fuerte y hablaba justo como en las películas de miedo. Me gusta esa especie de sílbido, ese suspiro que rara vez se escucha en la ciudad, ese suspiro tembloroso que a muchos les da escalofríos. Como siempre me pasa con la noche, no quería irme a dormir, quería quedarme afuera.

El sábado fue el gran día y la Naturaleza fue muy generosa con nosotros: hubo viento, hubo sol, hubo más viento y más sol, anocheció después de las ocho de la noche y no cayó una sola gota de lluvia. Una sola. Fue un día hermoso. Estuvimos todos y estuvimos riendo, disfrutando. Mi papá, en su 65avo cumpleaños, sonrió la mayor parte del tiempo y nos hizo trampa a la hora de darle la mordida al pastel. Pude tomar la foto con su cara de niño travieso que yo no le conocía.

Los mejores regalos que la vida me ha dado son días como ese, en el que estuve llena de naturaleza y de amor. Días como ese en el cual todos reímos, nos abrazamos, disfrutamos. Un día perfecto.

Caminamos por la cañada y vi varias libélulas que mi cámara no pudo fotografiar pero que se quedaron bien guardadas en mi memoria. Una de ellas era morada (o por lo menos así se veía mientras volaba sobre el agua). Me queda claro que necesito un lente con más «zoom» para poder captar toda su belleza con mi cámara. Desde niña, cuando iba a Cuernavaca con mis abuelos, he sentido una cierta fascinación por las libélulas con las que no me encuentro muy seguido.

No pude fotografiar libélulas, pero me encontré con un grillo, un tierno grillo verde amarillo que cantaba alegremente. Me acerqué a él con mucho cuidado, no quería interrumpirlo, sólo admirarlo y fotografiarlo, agradecerle por las noches de conciertos que tanto me alegran la vida. Se quedó quieto y tranquilo, me permitió acercarme y tomarle fotos. Hice lo mejor que pude y sigo pensando en ese lente nuevo que tanto quiero.

Grillo

Grillo

No le tengo miedo a los bichos, por el contrario, la mayoría me gustan. En este viaje conocí las Tantarrias. Nunca las había visto y me parece que allá son muy comunes. Me encantaron. Me dijeron que se acostumbra meterlas vivas al sartén para freírlas y después comerlas…me dieron escalofríos de sólo pensarlo. Prefiero sólo admirarlas y, si tengo la oportunidad, fotografiarlas.

Una hermosa Tantarria

Una hermosa Tantarria

Tantarria

Tantarria

Hubo una época en la huía de las abejas, sé que duelen mucho sus picaduras. Ahora me gusta observarlas cuando me encuentro con ellas. Ahora pude verlas en las flores. Me encontré a una comiendo polen. Tan concentrada en su tarea que apenas notó mi presencia cuando me acerqué con mi cámara. Ahora me gusta, con la debida distancia y cautela, observarlas.Si nos sacudimos el miedo a los insectos, podemos apreciar su belleza.

 

Abeja y Flores

Abeja y Flores

Abeja  y polen

Abeja y polen

Entre bichos, viento, árboles y flores caminé. Me sentí libre y fuerte. Soy parte de la maravillosa tierra, del milagro del día y de la noche, del sol y de la luna, del viento; soy pasto, soy cielo, soy nube, soy todo, soy nada. Soy naturaleza.

Un lugar en Querétaro

Un lugar en Querétaro

Flor

Flor

Cactus

Cactus

Y en cuanto las vi, se me antojaron. No recuerdo cuando fue la última vez que me comí una tuna…

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No había visto unas calabazas tan grandes. Ya no están buenas para comerlas, pero sirven como abono para la tierra.

Calabazas

Calabazas

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Chiles, manzanas, mesquites y flores. Risas, abrazos y los 65 años de mi padre llenos de viento y sol, sin lluvia. Sin lluvia.

Chiles

Chiles

Manzanas

Manzanas

Mesquite

Mesquite

Mesquite

Mesquite

Flor

Flor

Rosas

Rosas

Rosas

Además tuvimos el privilegio de comer unas gorditas con poca grasa recién hechas. Me sentí en casa.

Gorditas de queso y chile. Recién hechas.

Gorditas de queso y chile. Recién hechas.

Siempre miro la cielo y nunca es igual. Les comparto mis atardeceres, el cielo de las ocho de la noche de este verano en Querétaro. Creo que el cielo de Querétaro es uno de los más hermosos, en este lugar, lo es aún más. No puedo fotografiar la noche todavía, algún día encontraré la manera, mientras tanto, seguiré fotografiando atardeceres. Ninguno es igual al anterior… y todos tienen su dosis de magia.

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Así, feliz, llegó la noche. Me escapé y en silencio platiqué con ella. No tuve frío, sólo paz, mucha paz. Logré obligarme a dormir casi las tres de la mañana. Me desperté con una sonrisa y pensando en que, a pesar de las tormentas que nos toca vivir, de los grandes retos, los obstáculos, ¡la vida es maravillosa! Si nos damos la oportunidad, tarde o temprano el sol llega a nuestras vidas y aminora las tormentas.
Buenas noches a todos…o buenos días, buenas tardes…

Coyoacán, mi cámara y yo

•junio 22, 2014 • Deja un comentario

A veces los problemas de la vida diaria, el trabajo, el cansancio, el estrés, son obstáculos que nos impiden darnos el tiempo para disfrutar, para hacer lo que nos gusta, para relajarnos.  Hubo un tiempo en el que varias veces al año me daba la oportunidad de salir a tomar fotografías y visitar museos. Era un tiempo conmigo misma que disfrutaba muchísimo. Por diversas circunstancias, no me había dado la oportunidad de hacerlo y después de varios días de encierro por un trabajo muy pesado, sentí que me ahogaba, que necesitaba desesperadamente salir de casa con mi cámara y disfrutar.  No, esta vez, no fui a un museo, pero fui a uno de mis lugares favoritos, un lugar donde siempre encuentro paz: Coyoacán.  Sí, soy coyoacanense de nacimiento y de corazón, junto a los coyotes siempre encuentro mi casa.  Así que ayer, viernes, tomé mi cámara y caminé a Coyoacán.  A pesar de la contaminación, del tráfico, de tantas cosas, amo mi ciudad y agradezco la oportunidad de poder caminar a Coyoacán como lo he hecho desde que era adolescente.

Siempre hay algo que hacer en el Centro Histórico de Coyoacán y la ventaja es que no es necesario disponer de mucho dinero.  El simple hecho de pasear por el centro es relajante y divertido. Ayer me tocó una hermosa mañana tranquila y pude pasearme felizmente; en una tarde de viernes o en fin de semana, suele haber mucha gente, también hay mimos y conciertos gratuitos. Ayer, sólo se escuchaba el ruido de la fuente que empapaba a mis queridos coyotes.  Libre y con mi cámara en la mano, disfruté mi mañana.

Hoy mi blog es para compartir mis fotos con ustedes y desearles un muy hermoso día. 🙂

 

El hermoso cielo en Coyoacán

El hermoso cielo en Coyoacán

Siempre miro al cielo y me pierdo en ese infinito mundo que me muestra.

Entrando  a la plaza, la fuente de los Coyotes

Entrando a la plaza, la fuente de los Coyotes

La vista al llegar al lugar que siempre ha sido parte de mi vida: mi niñez, mi adolescencia y mi edad adulta.   Mi lugar de paz. 🙂

Coyoacán

 

Coyoacán

Coyoacán

El organillero en Coyoacán

El organillero en Coyoacán

Me encanta la música de los organilleros, siempre que me es posible, coopero con una cantidad para que esa música continúe.  Me recuerda a mi papá, a quién también le encanta escucharlos.

Iglesia de San Juan Bautista

Iglesia de San Juan Bautista

La iglesia y el cielo.

Palomas en Coyoacán

Palomas en Coyoacán

El techo del kiosko de Coyoacán

El techo del kiosko de Coyoacán

El techo del kiosko de Coyoacán, con una pequeña visitante voladora.  Desafortunadamente no se podía pasar y tuve que tomar la foto desde afuera.

Rehiletes

Rehiletes

Rehiletes. Me recuerdan a mi infancia. Hoy en día todavía disfruto verlos jugar con el viento.  Son esos pequeños detalles los que me llenan de alegría todos los días.

Fuente

Fuente Coyoacán

Fuente Coyoacán

Fuente Coyoacán

Fuente Coyoacán

Esta pequeña fuente está cerca del bar «El Hijo del Cuervo». A veces no le prestan mucha atención y a mí, me encanta.

Banca Coyoacán

Una tarde o mañana soleada, una banca y un libro o un cuaderno y una pluma…la combinación perfecta.

La Fuente de los Coyotes

La Fuente de los Coyotes

La majestuosa fuente de Coyoacán, la de los coyotes, esa fuente donde me sentaba  a soñar en la adolescencia, esa fuente que todo mundo busca fotografiar, esa fuente que en noviembre se convierte en una ofrenda del Día de Muertos.

Coyotes

Coyotes

 

Coyotes

Coyotes

Los Coyotes. 🙂

Cerca de la plaza, hay un parque en la calle de Pino. En ese parque aprendí a andar en bicicleta. En ese parque patinaba con mis hermanos. En ese parque crecí.  Por un tiempo lo descuidaron mucho, ahora, esta lleno de vida y muy hermoso.

Parque de Pino

Parque de Pino

En esos árboles jugábamos en la infancia. Alguna vez  ahí inventamos lo más cercano que tuve a una «casita en un árbol».  Si, en aquellos tiempos en los que casi todos los niños trepábamos árboles y soñábamos con tener una casita en el árbol.

Fuente Parque Pino

Fuente Parque Pino

La Fuente de este parque ha sobrevivido al paso de lo años; sin embargo, ahora está un poco rota. A pesar de todo, sigue fuerte y hermosa.

Fuente Parque Pino

Fuente Parque Pino

 

Parque PIno

Parque PIno

 

Corazón en Parque Pino

Corazón en Parque Pino

Árbol

Árbol

Árbol parque Pino

Árbol parque Pino

 
Desafortunadamente alguien le dibujó ojos a este árbol.  Me dolió verlo. Los árboles merecen todo nuestro respeto.

Árbol Parque Pino

Árbol Parque Pino

 
Un paseo por Coyoacán siempre me llena de energía positiva. Para mí es uno de los lugares más hermosos en esta gran ciudad. Un pequeño blog con muchas fotos para compartir y una sonrisa para todos ustedes. Gracias por leerme.