Roadtrip y una Navidad en Phoenix Arizona. 4. De Roswell a Phoenix.

•enero 24, 2019 • Dejar un comentario

Estábamos a ocho horas de nuestro destino final: Phoenix, Arizona. Nos sentíamos un poco cansados y también ansiosos por llegar. Había que tomarlo con calma, tener paciencia. Ayudó mirar por la ventana: el cielo estaba lleno de nubes pero no hacía frío.

Al viajar en carretera, descubrimos lugares que no suelen estar en las guías de turistas o de los que casi nadie habla. Esta vez nos encontramos una tienda muy bonita llamada “Tesoros de la Tierra”. No pudimos evitarlo: entramos a ver qué vendían. Había un poco de todo: piedras, artesanías, aretes, collares, antigüedades. Los dueños hablaban español y uno de ellos es un antropólogo cuyo sueño es conocer el Museo de Antropología en la Ciudad de México. Nos gustó mucho este lugar y resultó imposible salir con las manos vacías.

Tesoros de la Tierra Una tienda en la Carretera Nuevo México, saliendo de Roswell

He escuchado muchas veces que las carreteras de Estados Unidos son muy monótonas, que no hay mucho que ver. Cierto es que no son como las de México, pero tampoco me parecieron monótonas. A pesar de estar en el desierto, el color ocre de los paisajes contrastaba bien con el blanco intenso de las nubes.

Carretera New Mexico hacia Arizona

Lo mejor fue cuando llegamos a las dunas de arena blanca. ¡Fina arena blanca en el desierto! Esta maravilla se ve en White Sands, donde está el White Sands Monument, que espero alguna vez podamos visitar. Nos quedamos maravillados. Este era uno de los atractivos de tomar esta carretera. ¡Qué alegría pasar por aquí!

Como a las cinco de la tarde ya teníamos hambre. Buscamos un lugar cerca de la carretera que no fuera de comida rápida. Encontramos uno: Cracker Barrel Old Country Store, restaurante de estilo sureño que también es una tienda enorme. Estuvimos muy a gusto y fue rico, sólo me hubiera gustado que sirvieran más comida, me parecieron pequeños los platillos.

La tienda tiene una enorme variedad de cosas que no se necesitan pero que queremos tener: tarjetas, estampas, juegos de mesa viejitos, juguetes, tazas, bebidas y, sobre todo, dulces por todos lados: dulces, dulces y más dulces. A mi abuelita le habría fascinado esta tienda. Sentí nostalgia y ganas de abrazarla. En fin. Aunque ya casi no como dulces, en ese momento los quería todos. ¡Qué genial pero también que horror!

Dulces. Crackkel and Barrel Old Country Store

Todavía nos faltaban más de cuatro horas de viaje. Suele suceder que cuando más cerca estamos de llegar a la meta, más pesado parece ser el camino. El invierno se hizo presente en estas vacaciones: el día era corto; y la noche, muy larga.

La música nos daba ánimos. A ratos jugábamos a adivinar quién había elegido la canción que sonaba o bromeábamos al respecto. Cada uno tiene su estilo muy definido, no fue difícil saber quién la había escogido. A pesar de nuestras diferencias, coincidimos en varias canciones que cantamos juntos los tres.

Me emocioné cuando llegamos a Arizona pero no se compara con lo que sentí cuando entramos a Phoenix y empecé a reconocer las calles que nos llevarían a casa de Ceci, mi querida amiga. Eran las diez y media cuando llegamos. ¡Qué enorme alegría ver las decoraciones de Navidad frente a su casa, iluminando el camino! Sabía que las dejó encendidas para nosotros y me sentí muy agradecida.

De Roswell a Phoenix, Arizona

Ya estábamos en la que sería nuestra casa por dos semanas. ¡Por fin, después de tres años, volví a ver a mi querida amiga! Sólo nos vimos unos minutos pues ella trabajaba temprano al días siguiente y nosotros estábamos exhaustos. Terminó nuestra larga travesía. Llegamos con bien y listos para disfrutar las vacaciones, pero en ese momento sólo deseábamos dormir…

Roadtrip. Una Navidad en Phoenix, Arizona. 3. The International UFO Museum and Research Center. Roswell

•enero 24, 2019 • Dejar un comentario

Ya era lunes, el día de nuestra llegada a Phoenix. ¡Después de tres años, esa noche volvería a ver a mi muy querida amiga Ceci y a su familia! Antes de eso, decidimos pasar la mañana en Roswell pues había un museo que visitar.

Apenas empezaba a salir el sol cuando salimos a desayunar.

Mañana en Roswell, New Mexico

En el Days Inn, donde pasamos la noche, el desayuno estaba incluido. Era un bufet en el que había huevos, fruta, yoghurt, cereal y waffles. Me llamó la atención ver la masa para los waffles y a un lado el aparato para hacerlos. Nunca había visto eso ni me había tocado prepararlos fuera de casa. Me agradó la experiencia: en menos de tres minutos ya estaba listo mi waffle enorme.

Después fuimos al International UFO Museum and Research Center. Queda muy cerca del hotel donde nos quedamos. En las calles de Roswell hay muchas figuras de extraterrestres. La que más llamó mi atención fue la del extraterrestre anunciando Dunkin Donuts.

Camino al International UFO Museum and Research Center Roswell. New Mexico

¿Por qué los extraterrestres están tan presentes aquí? Se debe al Caso Roswell (The Roswell Incident) que tuvo lugar el 2 de julio de 1947 en esta ciudad. Lo que se dice es que hubo un choque de una nave extraterrestre y se hallaron restos no identificados en un rancho cercano. De hecho, el museo que íbamos a visitar se creó para ofrecer información al público acerca de este caso.

El horario para visitar The International UFO Museum and Research Center es de 9 am a 5 pm todos los días y la entrada cuesta 5 dólares para adultos y 2 dólares para niños de 5 a 12 años. Lo visitan personas de todo el mundo.

Hay varios documentales con respecto al Caso de Roswell. Ver uno fue lo primero que hicimos. Nos contaban la historia desde la perspectiva de las personas que lo vivieron en carne propia. Tuvo una duración aproximada de media hora. Después hay salas con información al respecto de lo sucedido con artículos de periódicos, grabaciones de radio y fotografías.

The International UFO Museum and Research Center Roswell

También hay información sobre los OVNIS y de los extraterrestres a lo largo de la historia.

Además de lo anterior, hay pinturas y dibujos de extraterrestres. Sí, en este museo hay obras de arte. Las disfruté mucho.

Alien International UFO Museum and Research Center Roswell. New Mexico

No podían faltar las figuras de extraterrestres así como las películas dedicadas a ellos. Vale la pena visitar este lugar tanto para quien cree en la existencia de estos seres como para quien no, recorrerlo no nos tomó más de media hora.

Justo a la salida del museo, se puede ver la representación de la autopsia de un extraterrestre.

Autopsia International UFO Museum and Research Center Roswell. New Mexico

En la tienda de souvenirs venden libros, postales, aretes, ropa, pins, juguetes de extraterrestres, llaveros, tazas, dulces. El paseo terminó y ya era hora de dirigirnos al coche. En las calles de Roswell hay varias tiendas y un par de restaurantes de extraterrestres. Sería divertido comer en alguno, esta vez no nos alcanzó el tiempo: era hora de tomar camino hacia Phoenix.

Extraterrestres y The International UFO Museum Research Center

Creíamos que serían seis horas de viaje pero nos equivocamos: Google Maps nos marcaba que estábamos a poco más de ocho horas de distancia…

Roadtrip y una Navidad en Phoenix, Arizona. 2. De Acuña a Roswell

•enero 20, 2019 • Dejar un comentario

Era domingo y en Acuña hacía mucho frío. Apenas salimos a la calle y el viento helado se filtraba en mi nariz. Eran casi las diez de la mañana y ya estábamos en la fila para cruzar la frontera. Estábamos casi listos, sólo nos faltaba comprar el seguro americano para nuestro automóvil (requisito indispensable para poder manejar en Estados Unidos). El problema fue que los lugares para comprarlo estaban cerrados. Lo más que conseguimos fue la dirección para conseguirlo en Estados Unidos, después de haber cruzado la frontera. Eso no nos sucedió cuando llegamos por Nogales, esa vez había varios lugares abiertos en domingo a las 7 de la noche.

La fila para llegar a la aduana no era muy larga y yo estaba muy nerviosa. Mirar las nubes me relajó un poco. También las mañanas frías son hermosas.

Pasando la frontera en Del Rio.

Para poder entrar a Estados Unidos, hay que tramitar un permiso de entrada que cuesta 6 dólares por persona. Si no hay gente, no toma mucho tiempo hacerlo. En Nogales primero se cruza la aduana y después se tramita el permiso, el agente nos dio indicaciones de dónde hacerlo. En Acuña primero se tramita el permiso en una oficina a un lado de la aduana y después nos formamos en la fila donde los agentes revisan los documentos. Afortunadamente pasamos sin inconvenientes.

Una vez en Del Rio, Texas (así se le llama al otro lado de la frontera), fuimos a comprar el seguro para el automóvil. También ahí estaba cerrado. Eso me causó mucha angustia. Buscamos en internet y por suerte encontramos un sitio confiable que no sacó del problema. Ya con el seguro listo, pudimos seguir avanzando.

A sólo unos kilómetros, se siente la diferencia con México. En esta carretera casi no había señalizaciones. Afortunadamente teníamos el GPS del celular (Google Maps) que nos indicó qué ruta seguir y dónde desviarnos. Gracias a eso no nos perdimos y llegamos siempre a nuestro destino. Otro detalle importante: durante varios kilómetros no hay ni gasolineras ni baños y, por lo mismo, hay que tomar precauciones. Por cierto, los baños son gratuitos, por lo general se encuentran en las tiendas equivalentes al Oxxo en México.

Aquí ya estábamos en zona desértica. Casi no había árboles y había muy poca vegetación. Éramos casi los únicos en la carretera. En algún momento hubo una inspección donde fue necesario mostrar nuestros permisos. Es un proceso normal que no nos quitó mucho tiempo.

No puedo negar que me preocupaba mucho el tema de la discriminación, del racismo en Estados Unidos; sin embargo, en esta zona es casi bilingüe y México está muy presente en esta parte de Estados Unidos. Me encantó encontrarme unas papas de limón en la tienda y la mayoría de los cajeros hablan español. Casi no hablamos inglés en este viaje.

Lay´s de Limón en Del Rio, Texas

Habíamos llegado al paraíso de la comida rápida. Ya teníamos hambre y nos detuvimos en el Dairy Queen. En la carretera no hay opción para regímenes alimenticios estrictos y además estábamos de vacaciones, por lo tanto, le di la bienvenida a las hamburguesas. Lo que más disfruté fue el postre: un blizzard de candy cane (bastón de caramelo) con chocolate. ¡Me gusta mucho el sabor de la Navidad!

Candy Cane Blizzard Dairy Queen

Una vez más vimos el atardecer pero esta vez no pude tomar una buena foto pues la mejor vista se encontraba del lado del conductor.

Atardecer en la carretera camino a Roswell

Alrededor de las ocho de la noche llegamos a la ciudad de Roswell en New Mexico. La ciudad estaba muy iluminada, me pareció bonita. Nos quedamos en el Days Inn. A los tres nos hacía falta descansar un rato, me hubiera quedado en el hotel si no fuera necesario cenar: yo siempre tengo hambre. Cerca estaba el Applebee’s. Con una limonada de fresa, una sopa de tomate y unos nachos que compartí con mi marido, quedé bien satisfecha.

Terminó el segundo día. Nos faltaba uno más de carretera, uno más para llegar a nuestro destino y poder ver a mi querida amiga. Antes de eso, nos esperaba una mañana en Roswell, en el museo de los extraterrestres que teníamos muchas ganas de visitar…

Roadtrip y una Navidad en Phoenix, Arizona. De la Ciudad de México a Acuña.

•enero 19, 2019 • 1 comentario

Se ha vuelto una tradición en nuestra familia viajar en coche, es algo que disfrutamos mucho. Nuestro primer viaje tan largo fue hace tres años también a Phoenix, Arizona. Estábamos muy emocionados por repetir la experiencia y esta vez tomamos un camino diferente. Esto nos permitió conocer otros lugares de nuestro país y también de Estados Unidos.

La ventaja de viajar en coche es que siempre hay lugares que descubrir y muchos paisajes que ver. La carretera es ideal para ver amaneceres y atardeceres espectaculares.

Para hacer el camino más agradable estas vacaciones, mi familia y yo creamos una playlist colaborativa en Spotify. Lo planeamos meses antes de realizar el viaje y cada día íbamos agregando las canciones que nos vinieran a la mente. Nos quedó una mezcla interesante y muy diversa de más de 800 canciones que nos acompañarían en nuestro recorrido. Nuestra lista iba desde Led Zeppelin, David Bowie, Depeche Mode, The Cure, Zappa a Caribe Funk, El Cuarteto de Nos, música electrónica, new age, ópera e incluso una que otra misa… ¡Una mezcla extraña pero que nos funcionó muy bien! Fue la mejor idea y hemos decidido seguir agregando canciones para los viajes venideros. Descargué la playlist en mi celular para no depender del internet y poder escuchar música en las zonas sin señal. Esta locura musical nos hizo felices a los tres y nos alegró mucho el camino. Teníamos la selección de música perfecta y sin repeticiones.

Salimos de la ciudad el viernes en la tarde con la intención de pasar la noche en San Luis Potosí, en casa de nuestro querido amigo Lorenzo, quien por cierto nos acompañó en esta primera parte del recorrido.

Nos fue bastante bien en la carretera: casi no había tráfico. Por primera vez en años, no estaban haciendo reparaciones en la carretera a Querétaro así que todos los carriles estuvieron funcionando todo el tiempo.

Siempre disfruto mucho mirar al cielo a través de la ventana, buscar figuras en las nubes, soñar despierta. Por esta razón rara vez me aburro en la carretera. Nos tocó vivir el atardecer. Tomé algunas fotos y – esta vez- también video. Para estas vacaciones me compré una videocámara pequeña (del tamaño de mi mano) y empecé a experimentar con ella.

Así el cielo en la carretera a San Luis Potosí



Llegamos a San Luis Potosí después de las nueve de la noche. Cenamos tacos hasta llenarnos. Después, por fin, ya en la casa de Lorenzo nos fuimos a dormir. Tuve el sueño tan profundo que cuando desperté no sabía ni dónde estaba.

Nos levantamos muy temprano para continuar con nuestro camino. Ese día nuestro destino era Acuña, la frontera. Nos esperaba un largo trayecto en el coche. Lorenzo nos preparó un café en la mañana. Partimos con la promesa de regresar allá para quedarnos un fin de semana. ¡Confío en que sea pronto! ¡Quiero visitar Real de Catorce!

Desayunamos en la carretera de San Luis Potosí en un restaurante llamado La Estación. Allí había un bufet muy completo, rico y no tan caro. Nos gustó este lugar. Seguimos avanzando. El cielo estaba fabuloso esa mañana y a nuestro alrededor todavía había muchos árboles. Más adelante, conforme nos acercáramos al desierto, el verde desaparecería.

Cielo Carretera de San Luis Potosí

Escuchando música el viaje se hace más ligero. Pasamos Matehuala y después, en Coahuila vimos una panadería donde vendían embarazadas. No se asusten, es un tipo de pan dulce. Tenía mucha curiosidad y me compré una. Son conchas (como las que comemos aquí en la ciudad) pero están enormes.

Embarazada. Pan dulce.

Más adelante está Arteaga, pueblo mágico en Coahuila. Ahí nos encontramos con un monumento a la Revolución de cuya existencia no sabíamos nada. Según lo que estaba escrito, en ese lugar se fomentó la revolución del Sr. Don Francisco I. Madero en 1910. Hicimos una pausa y nos bajamos del coche para tomarle fotos. Rebeca estaba muy emocionada pues le encanta la historia.

“En este lugar se fomentó la revolución del Sr. Don Francisco Madero en 1910.” Arteaga, Pueblo Mágico en Coahuila

Después pasamos por Monclova. ¡Qué bella la vista en esa carretera! Por ahí comimos, en un Subway, era lo único que había en el camino en ese momento. En este tipo de viajes, se come donde se puede, no siempre es posible desviarse, otras veces no hay mucho tiempo.

Carretera en Monclova

Por ser invierno oscureció muy temprano. Antes de las siete de la noche ya casi no había luz. Me puse un poco nerviosa porque éramos casi los únicos en la carretera; sin embargo, el camino fue seguro y no tuvimos ningún contratiempo.

Ya cerca de Acuña hay dos pueblitos: Morelos y más adelante, Zaragoza. Escogimos ir por este camino porque en Zaragoza nació mi suegra, a quien me hubiera encantado conocer. Fue emotivo pasar por ese acogedor pueblito. Me entristeció un poco que ya fuera de noche, porque hubiera sido bonito pasear por la plaza y tomar un helado. Ojalá en un futuro tengamos oportunidad de hacerlo.

Morelos, un pueblito en Coahuila

Llegamos a Acuña poco después de las nueve, no era tan tarde. Nos quedamos en la casa de un amigo de mi cuñado quien nos hizo sentir bienvenidos en su casa. No cenamos. Ninguno de los tres tenía apetito. Llevábamos día y medio comiendo en la calle, eso tiene sus consecuencias. Mi estómago necesitaba un descanso para recuperarse.

¡Ya estábamos en la frontera! ¡Al día siguiente continuaríamos nuestro camino ahora en Estados Unidos! No iríamos directamente a Phoenix, antes nos desviaríamos un poco para visitar Roswell, la ciudad de los extraterrestres…

A diferencia del viaje anterior hace tres años, esta vez no llegamos en la madrugada ninguno de los dos días y pudimos dormir varias horas. Caí rendida en la cama y me dormí feliz, lista para la aventura que teníamos en frente.

Feliz 2019… ¿ahh, sí?

•enero 18, 2019 • Dejar un comentario

Feliz año 2019 para ustedes, deseo que tengan un muy buen año y que pongan todo de su parte para que lo sea.

Espero también tener un buen 2019, sé que mayormente eso depende de mí y que en este momento no tengo entusiasmo. Me cuesta mucho trabajo disfrutar las cosas que me gustan. Así que no, no escribiré sobre el año nuevo ni tengo una lista de propósitos ni nada por el estilo.

2019

A decir verdad, la pluma no me está dando alivio: estoy harta de ella y de jugar a las escondidas con las palabras. Para colmo, mi autoestima se fue de vacaciones y todavía no regresa. La voz del espejo a menudo me recuerda lo insignificante que debería ser.

Si pudiera pedir un deseo sería el poder amarme más. ¡Cualquier cosa! Ni siquiera la magia de Merlín podría cumplírmelo. Eso es algo que depende de mí y lo más divertido es que no tengo ni idea de cómo hacerlo. Crecí convencida de que pensar en mí era egoísta y, por consiguiente, malo. Por supuesto no me costó ningún trabajo volverme experta en criticar todo lo que hago. ¿Logros, cualidades? ¿Qué diablos es eso?

¡Claro que no me importa el qué dirán! (Siempre y cuando no se trate de las personas cercanas a mí). Mi lema siempre ha sido más vale sola que mal acompañada pero me muero si me rechazan mis seres queridos. ¡Y qué mejor que dedicarme a encontrar maneras para llenar sus expectativas! Eso no es para nada agotador ni mucho menos doloroso. ¡Ja! Lo más genial es que siempre habrá alguien para quien no importe lo que yo haga, pues nunca será suficiente. A ver si este año por fin aprendo a dejar de mirarme con los ojos de los demás en lugar de usar los míos.

Me he dedicado a tirarme piedras y a permitir que me las tiren los demás. Mi deseo por ser querida me dejó sin identidad. Pero no todo es malo: también me quitó las ganas de andar por la vida llenando expectativas ajenas y preocuparme por los juicios que otros hagan sobre mí.

Feliz año 2019. Mi único propósito es aprender a amarme y cuando lo logre voy a estar bien.

Nada del Otro Mundo

•noviembre 23, 2018 • 1 comentario

Esta tarde, después de varias semanas, volví a escuchar el canto de los grillos y en ese momento me di cuenta de lo abstraída que he estado pues ni siquiera había notado su ausencia.  A pesar de mi melancolía, me alegró saber que estaban ahí,  acompañándome con su música una vez más…

Cuando era adolescente solo estaba segura de una cosa: quería ser escritora. Escribía cuentos y soñaba con compartir mis mundos con los demás como varios autores lo habían hecho conmigo (no es ningún secreto que por mucho tiempo los libros fueron casi mis únicos amigos). Llenaba cuadernos de poemas y además de cuentos, también escribía cartas a mi amigo invisible (el confidente que anhelaba tener).  Tuve dos intentos de novela: uno que rompí y otro que tengo muy escondido en un cajón que nadie abre nunca.   

Al crecer no abandoné ese deseo y mi pluma me acompañaba a dondequiera que yo fuera; sin embargo, conforme pasaba el tiempo empecé a verme como una  persona aburrida, hecha de lugares comunes, sin talento. Seguí escribiendo pero todo lo guardaba en el mismo cajón junto con aquella novela.

Hace algunos años me propuse compartir lo que escribiera (así nació este blog). Eso me ayudaría también a construir la confianza en mí misma que me permitiría expresarme sin autocensura. Me parecía estar lista para irme abriendo camino pero muy en el fondo seguía creyéndome aburrida y el mayor lugar común del planeta Tierra. 

Por eso no fue una sorpresa que durante el verano me quedara sin palabras y con la certeza de no tener nada que ofrecer. Un poco después de eso un tornado me arrastró consigo.  Casi me ahogo en el caos del dolor, las crisis de ansiedad y los ataques de pánico.  Había perdido mi única manera de sobrevivir (nunca había estado tan lejos de mi amada pluma como estos meses).  Me aferré a correr, a mis entrenamientos como un náufrago a un bote salvavidas y pude mantenerme a flote

Cuando estoy fuera de casa, si estoy sola en el pesero o caminando en la calle, a menudo me lleno de ideas y me entusiasmo pensando en escribirlas, dibujarlas o volverlas un video. A la hora de llegar a casa para ponerme a trabajar en ellas, sólo tengo una cosa clara: esto no sirve para nada, no tengo nada interesante que compartir. Entonces el dolor se vuelve más intenso y quedo a merced de los pensamientos ansiosos que me dejan vacía y exhausta.

No sé dónde empezó mi dolor ni porqué me colgué la etiqueta de aburrida. Sólo sé que esta noche necesito acabar con el silencio.  Quiero reconciliarme con las palabras. Quiero creer en mí y dejar de temerle a mi(s) sombra(s). Ha llegado la hora de abrazar mi oscuridad como lo hizo Ged, mago de Gont, en el primer libro de Terramar de Ursula K. Le Guin.

Llevo tanto tiempo conviviendo con el miedo que ya no sé avanzar sin él y mi cuerpo se está colapsando. 

Estoy harta de sentirme así. Harta de temerle a mis ideas, de vivir paralizada, de frenar la pluma y dejar los cuadernos en blanco. Por eso estoy aquí con la determinación de escribir sin detenerme.


Por eso estoy aquí con la determinación de escribir sin detenerme.

Estoy desorientada, triste y muda. Tengo las heridas abiertas, los sueños pocos claros y estoy más vulnerable que nunca pero quiero vivir. Hay miles de hojas vacías frente a mí y la posibilidad de irlas llenando día a día.


Hay miles de hojas vacías frente a mí y la posibilidad de irlas llenando día a día.

Estoy aquí, sin nombres ni adjetivos. No soy buena ni mala. Soy yo y eso está bien, eso está bien.

El laberinto de la ansiedad.

•octubre 4, 2018 • Dejar un comentario

La ansiedad, para mí,  es un monstruo que devora las ganas, un conjunto de miedos que juegan con la mente,  un abismo de dolor invisible a los demás y que me aísla del mundo.

La siento en el cuerpo: mis extremidades se vuelven pesadas y moverme es una lucha intensa que me deja agotada. En este sendero avanzo en soledad pues nadie puede atravesar la barrera que me envuelve. La vergüenza  me separa de quienes me rodean.  No quiero que sepan que las hormigas me muerden las extremidades y el cuello, ni tampoco que los miedos me impiden levantarme. Un largo llanto se esparce por mi cuerpo y la tristeza se descontrola. La muerte aparece y los miedos implotan.

¡No me digan que le eche ganas! ¡No me digan que todo está en mi cabeza! Si tan solo dejaran de hacerme siempre las mismas preguntas… “¿Otra vez lo mismo? ¿Y ahora qué tienes? ¿Qué pasa? …”

Mi cuerpo sólo pide un abrazo y la casi imposible afirmación de que todo va a estar bien.

¡No me miren con frustración, compasión o impotencia! No encuentro un lugar donde evitar los  juicios que me rompen.

IMG_20181004_145727306_HDR~01.jpg

La ansiedad es un muro de silencio donde mi mente escribe sus tinieblas y se pierde en ellas.  ¿Cómo encontrar la luz en este báratro ingente?

La caída es inexorable y nadie escucha mi baladro.

La ansiedad es un laberinto de espinas por el cual camino descalza…

– Estoy sangrando.-

IMG_20181004_145800955_HDR~01.jpg