La importancia de las ilusiones y los sueños.

•abril 5, 2018 • Dejar un comentario

Me cuesta trabajo recordar cuando fue la última vez que tuve un sueño increíble, de esos que queremos prolongar lo más posible y continuar cuando llegue la hora de volver a dormir. Como cuando, en la adolescencia, soñaba que mi amor platónico me tomaba de la mano y me decía: “Te quiero”. Mi cuerpo se estremecía y al abrir los ojos aún podía sentir el calor de su mano. Aunque era inevitable el desconcierto de saber que había sido sólo un sueño, quedaba la alegría vivida en esa fantasía y también la ilusión de que un día se hiciera realidad.

Nunca me tomó de la mano mi amor platónico y, sin embargo, fui feliz de haberlo soñado. Fui feliz escribiendo historias románticas en las que nosotros éramos los protagonistas y, a la fecha, esos recuerdos me hacen sonreír. En esa época tenía muchas ilusiones y solía soñar despierta. No sé cómo ni cuando las fui dejando atrás hasta llegar al punto en que mis metas y deseos se convirtieran en una obligación, en algo que tenía que hacer en lugar de disfrutarlo. No recuerdo cuándo fue la última vez que imaginé una historia que me diera bienestar, ánimos, entusiasmo, ni tampoco cuándo fue la última vez que sentí mis pies alejarse del suelo y a centenares de mariposas bailar en mi cuerpo.

Una vez me fui a vivir a la luna y después aprendí a vivir demasiado sumergida en la realidad. Despacio me fui llenando de miedo. Busqué estar a la altura de las expectativas de los demás y me sentí tan incapaz de lograrlo que empecé a fallar en todo, hasta en imaginar historias donde yo fuera la heroína. Me quedé vacía. Mi vida se fue volviendo un conjunto de juicios negativos y obligaciones autoimpuestas. En esta batalla extenuante contra mí misma, el cuerpo dijo basta. Se detonaron las crisis de ansiedad y los miedos se convirtieron en gigantes que me intimidaban.

Me quebré y aquí estoy armándome de nuevo…

No tengo muy claro cuando tuve el último sueño, cuando fue la última vez que me desperté con ganas de seguir durmiendo. Quizá fue cuando ansiaba llevar una vida en mi vientre y me vi con un niño en brazos, un bebé sonriente con los ojos azules de mi abuela, un bebé que reía sin césar. No sabía entonces que mi vientre se quedaría vacío y que nunca abrazaría a ese pequeño…

No le di importancia en ese momento. Después hubo tempestades y huracanes que superar y dejé de preguntarme qué anhelaba. ¿Qué me llevaría a las nubes ahora? Esa es la pregunta que cuelga en el viento y cuya respuesta busco en estos días mientras vuelvo a imaginar historias que me devuelvan la ilusión y la confianza en mí misma.

Camino en busca de una quimera que se lleve los temores que me asedian. Empiezo por los pequeños detalles (que en realidad no son tan pequeños) como disfrutar el aroma de las jacarandas en flor que cubren las calles de violeta, pasear por las calles de mi amado Real del Monte y agradecer la esplendente luna llena que me regaló el fin de semana, visitar el pueblito de Omitlán, también en Hidalgo, y ver a sus habitantes empaparse unos a otros porque estaban celebrando el Sábado de Gloria, reír a carcajadas porque mojaron a mi esposo, tomar una cerveza juntos en la Galería Caffé del Cruz Verde (Real del Monte) y disfrutar de la música en vivo de Vendergood, cantar con él y con los demás clientes, reírnos juntos sin conocernos y comprender que la vida vale la pena vivirse por momentos como ese en los que predomina el amor, la alegría, la paz, por esos momentos sin tinieblas ni demonios…

IMG_20180403_185825702.jpg

Flores de la Jacaranda

IMG_20180331_113019929_HDR.jpg

Mi amado Real del Monte Hidalgo

IMG_20180331_130330665_HDR.jpg

Sábado de Gloria en Omitlán, Hidalgo

IMG-20180331-WA0009.jpg

Esplendente luna llena. Real del Monte, Hidalgo

IMG_20180331_182853055.jpg

Cerveza Oscura (Hidalgo Stout) Real del Monte, Hidalgo

¿Qué me llevaría a las nubes ahora? Voy en busca de una quimera que me ayude a saberlo. No sé cuánto tiempo me tomará encontrar la respuesta pero sé por dónde comenzar a buscarla: por la ilusión que me da saber que pronto volveré a Real del Monte; por el deseo de correr un maratón en Praga, en la República Checa, ciudad amada a la que prometí volver un día; por la novela que me falta escribir; por la voz de los grillos que me consuela en las noches de insomnio y por la lluvia que hace que esta noche me den ganas de correr a empaparme como lo hacíamos mis hermanos y yo en nuestra infancia.

Praga 2006

La Bella Praga, República Checa

Cuando pienso en esas cosas, siento el aleteo de pequeñas mariposas en mi vientre y la certeza de que avanzando por este camino lograré despedirme del miedo.

Miedo, ansiedad y la ilusión del futuro.

•marzo 21, 2018 • Dejar un comentario

Tengo el pelo blanco, arrugas en todo el cuerpo y estoy cada día más cerca de mi final pero eso no me detiene: corro. Disfruto la caricia del viento y la adrenalina de llegar a la meta. Mis piernas son muy fuertes, casi tanto como la voluntad de terminar este maratón.  Voy a cumplir noventa años y  me parece tener la energía de cuando hice mis primeros veintiún kilómetros a los 39 años.  Me gustó tanto que me propuse correr un maratón y cuando por fin lo hice, decidí seguirlo haciendo mientras tuviera vida. Aquí estoy, llegando a la meta y cumpliendo mi sueño.  

Veo mi vida y no me lamento nada. Estoy satisfecha.   Empapada en sudor llego al kilómetro cuarenta y dos. Feliz voy por mi medalla, quizá la última que gane (no aspiro llegar a los cien años). 

Soy afortunada. Agradezco el camino que he recorrido. Mientras esté aquí seguiré soñando sin detenerme…

Abro los ojos sorprendida. Ya había olvidado el bienestar que da el visualizarme en el futuro.  Estoy contenta. Hacer esto me ayuda a construir la felicidad que se me estaba escapando.

No supe cuándo ni cómo los demonios se apoderaron de mis sentidos y hasta de mi voluntad: esos miedos tan profundos me paralizaron. Me perdí en las tinieblas de una alergia que no me soltaba y en el tétrico universo de los pensamientos sombríos. Volvieron las noches de ansiedad con hormigueos en el cuerpo y las imágenes aterradoras cada vez que cerraba los ojos.

He encontrado mucha paz en la meditación y eso me ayudó a darme cuenta que necesito crear pensamientos positivos, ilusiones, deseos que alejen a los demonios.  Es difícil verme tal cual soy si la oscuridad nubla mi juicio.

En lugar de soñar despierta, mi mente imagina tragedias, angustia, dolor.  Ha sido como estar atrapada en la sala de un cine donde sólo se exhiben películas desgarradoras como La Caza (Jagten. 2012), Requiem for a Dream (2000), El Hombre Elefante (1980), The Baby of Macon (1993), Dancer in the Dark (2000), The Machinist (2004) o The Deer Hunter (1978).

Vivir en miedo me ha dejado exhausta. Me ha faltado voluntad y energía para realizar mis actividades. Me quedé sin ganas ni disciplina para entrenar. La lesión en la pierna tampoco me ha ayudado mucho: me desmotiva no poder correr.

¿Cómo encontrar pensamientos positivos? ¿Qué me hace feliz? No recuerdo cuándo fue la última vez que soñé despierta. Hasta hace un par de días ni siquiera tenía claro qué deseaba para mí. Estaba tan envuelta en la neblina de historias lúgubres que me sumergí en mi propio apocalipsis.

Hasta que me atreví a ponerle nombres a mis miedos y los dije en voz alta.  Al escupirlos empecé a encontrar la luz.  Logré salir de la sala de cine de películas desgarradoras y avancé a la sala de películas rosas, un poco de miel no me hará daño.

Me merezco ser feliz pero ha sido un hábito encontrar razones para no serlo ( consciente o inconscientemente). Estoy aprendiendo a soñar despierta como lo hacía antes. Cuando aparecen la imágenes aterradoras en las noches, busco reemplazarlas con los momentos felices que he vivido y que anhelo vivir.

Me visualicé en el futuro como cuando decidí viajar a Europa en el 2006.  Se presentaron algunos obstáculos pero logré hacer ese viaje.  Cuando corrí el maratón, decidí que seguiré corriendo maratones hasta que la vida se me acabe.  Volver a pensar en eso y verme haciéndolo me devolvió la voluntad para regresar a entrenar y me está ayudando a dejar atrás los pensamientos negativos.

Cuando voy en el pesero o en caminando en la calle,  en lugar de seguirle dando cuerda a mis miedos, ahora concentro mi atención en los detalles que me dan bienestar como ver las jacarandas en flor: por algunas semanas, en esta época del año, la ciudad se viste de violeta.

jacaranda

Jacaranda Ciudad de México

Sublimo mi ansiedad dibujando. Me siento orgullosa del atardecer que plasmo, es sólo un ejercicio pero me da ilusión hacerlo.

Mi jardín se está llenando de flores. Las abejas lo visitan de nuevo y me permiten tomarles fotos. Estas imágenes me ayudan a olvidar las tinieblas.  Nombrar mis miedos me hizo más fuerte y la alergia por fin deja mi cuerpo: ahora soy libre para avanzar a donde quiero.

IMG_20180320_121347295~2.jpg

“Estas imágenes me ayudan a olvidar las tinieblas.”

IMG_20180317_124718669_BURST034.jpg

Tomillo y abeja.

No me siento agotada. Ya no me estoy durmiendo todo el día.  Mis piernas volverán a sentirse ligeras y los hormigueos ya no llegan cada noche.  He podido pasar más de un mes sin tener ninguna crisis de ansiedad, estoy segura de que volveré a lograrlo.  Un paso a la vez.  Nada me detiene, nada.

 

 

 

 

Mi Lugar Feliz

•febrero 26, 2018 • Dejar un comentario

Hay lugares que me hacen sonreír de sólo pensar en ellos; Real del Monte es uno de ellos. Podría decirse que es mi lugar feliz y cuando lo visito siento la euforia de una mujer recién enamorada: veo la vida color de rosa y me invaden las palabras cursis. Me cuesta trabajo reconocerme pero eso me sucede en Real del Monte y es inevitable.

Real o Mineral del Monte es un Pueblo Mágico en el estado de Hidalgo. Es el paraíso de los pastes, los cuales fueron introducidos por los ingleses cuando llegaron a trabajar en las minas de este lugar. Un paste era la comida ideal para los mineros pues podían comerlo con las manos y sin ensuciarlo pues en el centro tenían una especie de trenza que les permitía sujetarlos. El original era de papa con carne pero ahora existen varias combinaciones incluyendo dulces (de piña, manzana, zarzamora…). Son una delicia irresistible. En este viaje me comí seis de una sentada.

 

Pastes el Billar, Real del Monte

Me seducen las calles de este pueblo, sus casas de colores vivos, sus empedrados, su alegría. Nos tocó un buen día para pasear: sin lluvia ni neblina, con poca gente. Fuimos a finales de diciembre, la Navidad todavía podía percibirse y también el intenso frío tan característico de este pueblo. Hay que ir bien abrigados, el viento es helado.  Pudimos mirar el atardecer; y más tarde, el intenso brillo de la luna.

 

 

 

Al día siguiente me levanté muy temprano para pasear por última vez y disfrutar la soledad en las calles, por una hora Real del Monte fue sólo mío y fui muy afortunada.

Mañana en Real del Monte

 

Regresamos al Panteón Inglés y navegué en la belleza de sus enormes árboles. Ahí descansan los restos de los ingleses que vivieron y murieron en Real del Monte. Pero también los restos de irlandeses, escoceses, alemanes, chinos y algunos mexicanos. Las tumbas están alineadas como mirando en dirección a Inglaterra, excepto una, la de Richard Bell.

Fue un viaje corto, pero pronto regresaremos. Nos falta visitar las minas, los museos, caminar por el Parque el Huiloche y los pueblos mágicos que hay alrededor, como El Chico.

Cuento los días para regresar. ¡Cada vez falta menos!

El Sótano de las Golondrinas

•febrero 24, 2018 • Dejar un comentario

El Sótano de las Golondrinas, un abismo natural de 512 metros de profundidad y 60 metros de diámetro, se encuentra en Aquismón, San Luis Potosí.  Es un área natural protegida y es ideal para quienes amamos la naturaleza.

Visitar este lugar era justo lo que necesitaba. Me gusta mucho vivir en la  Ciudad de México, pero después de cierto tiempo, me hace falta salir de ella y convivir con la naturaleza, olvidarme del tráfico y de la contaminación.

En el Sótano de las Golondrinas no hay golondrinas, les llaman así a los vencejos.  Estas hermosas aves salen del abismo (donde están sus nidos) al amanecer y regresan justo antes de que anochezca.  ¿Qué se sentirá ver salir a miles de aves? ¿Y verlas regresar? Pensar en ese espectáculo me emociona mucho.  Esa fue una de las razones por las que deseaba ir a ese lugar y es algo que todavía no he vivido.

El día que fuimos era invierno y todo estaba cubierto por la neblina. Cuando llegamos era difícil ver qué había frente a nosotros. Nos enteramos que ese día los vencejos no salieron del abismo: se quedan ahí en los días fríos o neblinosos.  No puedo negar que fue desconcertante saber que no los veríamos en este viaje.  Habrá que tener en cuenta el clima la próxima vez.  Ya estábamos ahí y no perdimos el entusiasmo. ¡De todas formas valía la pena hacer el recorrido!

Sótano de las Golondrinas dic 2017 (15)

Sótano de las Golondrinas Aquismón, San Luis Potosí

Para llegar al abismo hay que caminar mucho. Es posible alquilar un bastón para avanzar con más seguridad en esta aventura. Hay zonas un poco resbalosas, bajadas grandes.

Hay lugares para acampar y lo pensé como una posibilidad para la próxima vez. De esta manera estaríamos cerca para ver a los vencejos salir y regresar a sus nidos.

En el camino hay vacas, gallos, gallinas y también vimos un cerdo.  La neblina nos acompañó la mayor parte del camino.

Sótano de las Golondrinas dic 2017 (16)

Sótano de las Golondrinas Aquismón, San Luis Potosí

gallinas

Sótano de las Golondrinas Aquismón, San Luis Potosí

Vimos el Columpio de las Nubes, el cual cuelga de un árbol y ofrece un paseo muy cerca del cielo. Me gustó la idea pero no me pareció apto para las personas que padecen vértigo. Decidí no subirme en ese momento.

columpio

El Columpio de las Nubes El Sótano de las Golondrinas Aquismón, San Luis Potosí

Cruzamos puentes, bajamos escaleras, avanzamos rodeados de árboles y fue impactante llegar al abismo. Es posible acercarse a la orilla. Hay personas listas para ayudarnos a lograrlo. Hay que amarrarse una cuerda en la cintura. Para mí fue un acto de valor hacerlo pues pertenezco al grupo de las personas con vértigo. La única razón por la que me atreví fue porque supe que si no lo intentaba, después lo lamentaría mucho.

No había una sola parte del cuerpo que no me temblara, caminando muy despacio llegué a la orilla y me abracé al árbol que estaba ahí.  Me tomó unos segundos asomarme.  La oscuridad me atraía.  El vértigo es sentir que el vacío te llama y tú debes resistir ese deseo intenso de acudir a su llamado. Es una fascinación que paraliza, un terror que se siente en el estómago, en el pecho y en la cabeza.   En el abismo todo era negro.  ¿Cómo se vería en un día soleado?  ¿Cómo se vería con los vencejos regresando a casa?

 

Unos metros más abajo hay otra oportunidad para asomarse al abismo. Aquí no se puede llegar de pie. Hay que ir a rastras y estar acostado boca abajo para poder asomarse.  La sensación de vértigo fue más fuerte aquí pero me alegra haber tenido el valor de hacerlo.

A pesar del día neblinoso y de la ausencia de las aves, el Sótano de las Golondrinas me pareció un lugar fascinante.

Emprendimos el camino de regreso al coche.  La niebla era cada vez más densa.

Volvimos a pasar por el Columpio de las Nubes y ya que me sentía muy valiente decidí subirme.

Al principio estaba muy nerviosa y me aferré a las cuerdas con todas mis fuerzas; sin embargo, como un minuto después, me pareció que volaba, que nada me detendría, que era libre como nunca antes lo había sido. Solté las cuerdas, extendí los brazos y me dejé llevar por la sensación de bienestar que se adueñó de mi cuerpo. Me seguí elevando. No sentí temor con los giros. Creo que estaba viviendo un momento de euforia y no quería que terminara. ¡Sí es un columpio de las nubes! ¡Y me regaló libertad de la forma más inesperada!

Me tomó varios minutos poner los pies en la tierra.  Al caminar me parecía que flotaba…

Nos despedimos de un lugar paradisíaco al que tendremos que volver para visitar a los vencejos.

Amo México, mi querido México.

Surrealismo en Xilitla

•febrero 22, 2018 • Dejar un comentario

Uno de mis sueños es viajar por todo México. Me encantaría hacer este recorrido en coche para poder conocer los pueblos de los que casi nadie habla. Quiero viajar por todo México y conocer sus secretos.

Hasta ahora no me ha sido posible hacer un viaje tan largo, pero al menos en diciembre tuvimos la oportunidad de visitar Xilitla, San Luis Potosí. Llegamos de noche y hacía calor. Es un lugar húmedo pero no esperaba que lloviera en diciembre. Nos tocó mojarnos un poquito después de cenar.  Me dormí con el sonido de los grillos y el aroma de la lluvia.

restaurante xilitla

Casa Vieja Xilitla, San Luis Potosí

xilitla noche 1

Xilitla, San Luis Potosí

xilitla noche

Noche Xilitla, San Luis Potosí

Al día siguiente nos despertamos con la blancura de la niebla que abrazaba a los árboles. No hacía calor pero tampoco frío. Nos preparamos para visitar El Jardín Escultórico Surrealista de Edward James.

xilitla niebla

Niebla Xilitla, San Luis Potosí

A finales de la década de los cuarenta,  con el deseo de crear un jardín de orquídeas Edward James llegó a Xilitla y en Las Pozas encontró el lugar ideal para hacerlo. Desafortunadamente en 1962 una helada acabó con las orquídeas y fue en ese momento cuando empezó a construir su impresionante jardín surrealista, obra que continuó a lo largo de su vida y que quedó inconclusa.

Antes de entrar a Las Pozas, desayunamos en un restaurante que estaba a un lado: Las Conchitas.  Nos gustó el lugar y, sobre todo, la vista.  Además no se veía mal el menú y el café estaba muy bueno.  Pedí unos huevos escondidos (sólo porque me gustó el nombre) y sabían rico.

 

Una vez listos, nos formamos en la fila para entrar a la Jardín Escultórico Surrealista de Edward James.  Fue una buena idea llegar temprano pues casi no había gente y no tardamos en entrar (unas horas después, cuando salíamos del lugar, la fila para entrar era larga, muy larga).

Xilitla dic 2017 (12) (800x533)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Estaba frente a un mundo perfecto: surrealismo en la naturaleza.  Yo admiro las obras de Leonora Carrington, Remedios Varo y Salvador Dalí.  Me encantan las escaleras infinitas de Escher (a quien no se le considera surrealista, pero cuya obra me refiere al surrealismo, no puedo evitarlo).

La idea de Edward James no era construir algo funcional ni un lugar para vivir.  Lo que hizo fue dejar que su imaginación lo guiara sin permitir que la realidad interfiriera en su universo.

¿Qué hay en ese laberinto inmenso donde me perdería si fuera sola?  Un universo diferente y, para mí, un paseo extraordinario.

En este laberinto aunque  la mayoría de las estructuras son grises,  yo las percibí de colores intensos y brillantes. Yo vi palacios, casas, habitaciones y muchas flores. Me imaginé las orquídeas acurrucadas en los árboles.  Percibí el esplendor de ese mundo surrealista y empecé a soñar…

Lo primero que vi al entrar fue un camino de serpientes y me sentí un poco observada.

siete serpientes

Camino de Serpientes Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas Xilitla, San Luis Potosí

Después me encontré con las manos del gigante. Se supone que su finalidad es proporcionar paz al viajero pero a mí me parecieron un poco inquietantes y no precisamente por su tamaño.

Xilitla dic 2017 (27) (800x533)
Manos Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas Xilitla, San Luis Potosí

Un poco más adelante me encontré con una casa que tenía escrito en una de sus paredes lo siguiente: “Mi Casa Tiene Alas…”. ¡Estaba parada frente a una casa con alas!

mi casa tiene alas

“Mi Casa Tiene Alas…” Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Me gustaría vivir en una casa así que, mientras duermo, me llevara a otros mundos. Entonces me iría a la cama con la emoción de no saber en qué lugar despertaría al día siguiente y en las noches de insomnio,  al mirar por la ventana, me encontraría rodeada de estrellas…

mi casa tiene alas2

“Mi Casa Tiene Alas…” Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

mi casa tiene alas1

“Mi Casa Tiene Alas…” Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

El calor se intensificó. A pesar de ser invierno, el sol se adhirió a mi piel y la brisa se volvió lluvia en mi cuerpo.

Caminé entre sombras para abrazar la luz.

Xilitla dic 2017 (42) (533x800)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Encontré columnas donde antes hubo sueños. Me pregunté dónde estuvieron las orquídeas antes de que la helada se las llevara.

Xilitla dic 2017 (63) (800x533)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

 

Xilitla dic 2017 (64) (533x800)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Subí escaleras sin contarlas, sin que me preocupara a dónde me llevarían.

Xilitla dic 2017 (85) (533x800)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Y encontré un lugar para olvidar mi claustrofobia.

Xilitla dic 2017 (86) (800x533)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Estaba rodeada de árboles gigantes y de criaturas invisibles.  ¿Cantarán los grillos en las noches? ¿Qué sonidos se escuchan cuándo sale la luna y las personas duermen?

Xilitla dic 2017 (89) (533x800)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

xilitla naturaleza

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

xilitla naturaleza1

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Vi una orquídea gigante envuelta en verde, un poco pálida pero espléndida.  Pude visualizarla cubierta de gloria y radiante, antes de que el tiempo empezara a devorarla.

Xilitla dic 2017 (92) (533x800)

Orquídea Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Hubiera querido caminar descalza en este jardín, sentir la caricia de la tierra húmeda en las plantas de los pies. Hubiera querido recorrer todos los senderos, todos los universos contenidos en estos kilómetros…  Pero en un par de horas eso no era posible.

Xilitla dic 2017 (110) (800x533)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

El jardín surrealista es el lugar ideal para olvidarnos de tener los pies en la tierra, para creer en las cosas que no existen.

 

 

 

A veces sólo necesitamos un lugar para desconectarnos de la realidad y dejar que nos guíe nuestra imaginación desbordada.  Sólo hay que abrir la puerta, subir las escaleras y dejarse llevar…

 

 

Existe el camino al cielo. Está en Xilitla, escondido entre los árboles, en la imaginación de Edward James y su jardín surrealista…

xilitlaed2

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Xilitla dic 2017 (185) (800x533)

Jardín Escultórico Surrealista de Edward James Las Pozas de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Xilitla dic 2017 (192) (533x800)

A veces sólo necesitamos un lugar para desconectarnos de la realidad y dejar que nos guíe nuestra imaginación desbordada.  Jardín escultórico surrealista de Edward James

 

 

Casi al final del recorrido hay una cascada.  Me quedé varios minutos escuchando la dulce música del agua, su voz siempre me llama a su lado.

cascada xilitla

Cascada Jardín escultórico surrealista de Edward James Xilitla, San Luis Potosí

Nuestro paseo estaba por terminar.  Me faltó tiempo para recorrerlo completo y para nadar en las Pozas. Ya será la próxima vez.

 

Mientras tanto me quedo con la mirada verde de la Naturaleza omnipresente que me acompaña en mi camino y me recuerda que la vida es hermosa.

ojo xilitla

Vergüenza

•febrero 12, 2018 • 4 comentarios

Tengo cuatro años. Estoy en el kinder y voy a entrar al salón de clases. Mis compañeros ya están sentados en sus lugares y me miran fijamente. Algunos lo hacen con hostilidad y quiero volverme invisible, desaparecer. ¡Quiero irme con  mamá!

Siento mucho miedo. A partir de ese día comienzan las burlas y las agresiones. ¿Por qué? No lo entiendo. Entonces empiezo a orinarme en la ropa y las burlas empeoran, me señalan, me rechazan todavía más.  Aprendo a agacharme, a sentir vergüenza porque ser yo es algo feo y malo, algo que molesta mucho a los demás y ni siquiera puedo evitarlo.

Ahora estoy en primaria y soy la calaca, la que tiene una letra horrible, no sabe usar bien las tijeras (esto de ser zurda no me ayuda) y no da una en deportes. Casi nadie quiere estar conmigo.  A quienes me hablan, sonríen o defienden los considero héroes y nunca voy a olvidarlos.  Ellos me ayudan a sobrevivir cuando me desmorono.

Con los años aprendo a mantenerme en silencio, a hacerme invisible para evitar las agresiones, para protegerme. Siempre debo estar alerta para evadir los golpes. Ahora la vergüenza ya es parte de mí. Vivo con esta aguda sensación de ser ridícula, desagradable y muy molesta. No sólo los demás me rechazan, yo también lo hago. Necesito disculparme por todo y nada de lo que hago es suficiente.

Ya no sonrío. Lo mejor que puedo hacer para sobrevivir es mantener esta expresión de indiferencia para que quienes buscan lastimarme no sepan  que me hacen daño. Es importante que nadie sepa si estoy feliz o triste…

Hoy tengo cuarenta y un años.  Hasta hace poco me creía lejos de aquellos días de miradas hóstiles. Hace tiempo que dejé atrás a la flaca fea y empecé a aceptarme como soy, a amarme.  Me sentía en paz con mi pasado y pensaba que ese capítulo de mi vida ya estaba cerrado.  Pero no, no era así. Todavía me faltaba algo por aprender.

Aunque empecé el año con mucho entusiasmo y muchos planes, las cosas no salieron como yo esperaba.  Empecé el 2018 enfermándome por todo, como si mi sistema inmunológico se hubiera ido de vacaciones. Me lesioné sin siquiera saber porqué en una carrera en la que esperaba hacer mi mejor tiempo y hasta respirar (por la alergia que decidió instalarse en mi cuerpo después) se convirtió en un problema para mí.  Además, me pasé todo ese tiempo sin poder escribir, no importa cuánto deseara hacerlo.

¿Qué me estaba pasando?  Si todo estaba bien, ¿por qué yo me sentía tan mal? ¿Por qué no podía escribir?  ¿Por qué seguía sin sentirme capaz de expresar mis ideas libremente?  Entonces, mientras platicaba con una amiga muy cercana, vino de golpe ese recuerdo del kinder y me hice consciente de esa sensación que todavía vive en mí: me sigo sintiendo la ridícula, la que no tiene nada que ofrecer.   Aún me avergüenzo de ser yo, de mis ocurrencias, de mis palabras, de mi forma de caminar, de mi letra fea, de todo aquello que me hace ser quien soy.   Me sigo autosaboteando porque muy en el fondo sigue arraigada en mí la idea de que no me merezco nada porque soy una vergüenza.

Antes de ese momento no me había percatado de esta enorme vergüenza que he estado cargando. Ahora, mientras lo escribo, pienso en lo absurdo que es eso. El diccionario de la Real Academia Española define a la vergüenza de la siguiente manera: turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante.   Entonces, ¿vergüenza de qué? ¿Por qué avergonzarme?  No soy  perfecta ni aspiro a serlo pero todos los días me esfuerzo por ser mejor hoy de lo que fui ayer. Acepto mis defectos cuando los veo y trabajo para transformar mi oscuridad en luz. Amo la vida y hacer felices a quienes me rodean. ¿Vergüenza de qué?

Hace unos días hice una meditación guiada para quienes hemos sufrido bullying.  No pude contener las lágrimas cuando el maestro dijo: “Mereces ser feliz”.  Lloré y unos minutos más tarde sentí alivio. ¡Sí me lo merezco! ¡Todos nos lo merecemos!

Ahora que tengo conciencia de esta vergüenza que en realidad no me pertenece, podré lograr despedirme de los recuerdos negativos, de esta sensación de que soy inferior. Es mi momento para sanar y soltar.  Sé que no es algo que sucederá de un día para otro, pero haré que suceda. Si pudiera hablar con mi yo de cuatro años le diría que no se preocupe, que va a estar bien, que se encontrará rodeada de amor y que tendrá la oportunidad de realizar sus sueños.

De la misma manera hoy me repito que soy suficiente. Tengo la capacidad para salir adelante y disfrutar la vida. A partir de hoy voy a escribir lo que me venga a la mente, sin censura. Le permitiré a la pluma realizar su danza en el cuaderno, no volveré a frenarla. Dibujaré sin ponerle calificativos a mis dibujos, sin juzgarlos ni juzgarme.

He cargado demasiado tiempo las etiquetas que me pusieron en la infancia y adolescencia. Llevo tanto tiempo con ellas que se han convertido en parte de mi personalidad. Permití que me definieran. Caminé deseando ser una sombra y con la certeza de que nada de lo que hiciera sería bueno. Ya no quiero llevar puesta ninguna de estas etiquetas.  Mientras escribo me las arranco, aunque me duela.  Las sustituyo por amor, por palabras que definen mis cualidades, por dulzura, por confianza en mí misma, por los logros que he tenido y que planeo tener.

Como mi ruda me sequé este invierno y, como ella, también renazco. Tengo la oportunidad de escoger los colores que me definirán ahora.

IMG_20180212_141942_995.jpg

Como mi ruda me sequé este invierno y, como ella, también renazco. Tengo la oportunidad de escoger los colores que me definirán ahora.

 

 

Porqué Me Gusta Viajar en Coche

•enero 4, 2018 • Dejar un comentario

Cuando hablo de nuestros viajes en coche,  me miran con sorpresa.  Muchas personas los consideran fatigosos y aburridos. Les sorprende que mi familia y yo los disfrutemos tanto.

No digo que sea fácil hacer un viaje largo en coche, sobre todo es un buen reto para quien maneja; sin embargo, vale la pena el esfuerzo.  Eso sí, aburrido no es.  Nos encanta pasar horas mirando a nuestro alrededor, admirando la belleza de las carreteras en México.  Además, algunas veces en nuestro camino nos hemos encontrado con sorpresas como lugares hermosos que no teníamos contemplado visitar (como Valladolid en Yucatán)  y pequeños restaurantes desconocidos para el resto del mundo, pero muy ricos para desayunar comer o cenar; como es el caso del pequeño restaurante que nos encontramos esta vez en la carretera de San Luis Potosí hacia Hidalgo, donde comí unos chilaquiles con una salsa de chiles combinados (entre ellos, chile de árbol y morita).  Les pedimos que nos vendieran esa salsa y,  sólo de acordarme ya quiero regresar por más.

El viaje que hicimos ahora no fue tan largo como cuando nos fuimos a Phoenix, Arizona o a Cancún; sin embargo, no fue un viaje corto.  Nos tomó alrededor de 8 horas llegar a Xilitla, San Luis Potosí donde visitamos Las Pozas de Edward James, aunque antes paramos en Jalpan (en la Sierra Gorda de Querétaro) para comer y visitar una Misión. Después fue alrededor de una hora y media de camino para llegar al Sótano de las Golondrinas en Aquismón, San Luis Potosí y de Xilitla a Real del Monte, en Hidalgo, hicimos más de siete horas.

Recorrimos parte de la Sierra Gorda en coche. Yo no había estado por ahí antes y quedé maravillada con la vista. Salimos de la Ciudad de México en la mañana, alrededor de las ocho y nos tocó un buen clima, además no había tráfico. No tengo fotos de la primera parte de este recorrido porque yo iba al volante. Manejar en esa zona fue sensacional pero también espeluznante.  Es un camino sinuoso, donde termina una curva comienza otra y algunas son muy cerradas. Yo tenía poca experiencia con las curvas y fue una aventura estresante para mí. Tampoco me quejo pues fue muy emocionante subir, atravesar la montaña, superar una prueba difícil.

Una parte de la Sierra es árida, el camino era color ocre excepto por los saguaros que tanto me gustan. Me vino a la mente Sonora y también Arizona. Lo interesante es que justo después de una curva larga, la Sierra deja de ser árida y las montañas están cubiertas de verde. Esto se debe a que a partir de ahí, el clima en la zona es tropical.  Los árboles son enormes.  Pude relajarme cuando llegamos a Jalpan, donde comimos.  Un par de horas después ya nos fuimos a Xilitla. Esta vez viajé en el asiento del copiloto, lo cual me permitió tomar muchas fotografías de esta parte de nuestro recorrido.

El verde intenso de las montañas contrastaba con el azul tenue del cielo. Los árboles eran tan altos que parecían tocar las nubes.

carretera a Xilitla 1

Había árboles enormes que parecían tocar las nubes.

El cielo es más soberbio en lugares tranquilos, sin edificios, alejados de la civilización.

carretera a Xilitla 2

El cielo

Me parecía que las nubes simulaban explosiones en el cielo.

Carretera a Xilitla dic 2017 (6) (800x533)

Me parecía que las nubes simulaban explosiones en el cielo.

El atardecer ya estaba por llegar, las nubes comenzaron a teñirse de rosa.  A lo lejos la sierra se veía gris, gris violeta.  Así se ven las montañas que recorro en mis sueños; en ellos camino de un lado otro con ligereza, sin cansancio y me quedo maravillada ante tanta belleza. Siento mucha desesperación por tomar y tomar fotos para que no se me olvide lo que veo, como si supiera que al despertar se esfumará todo.  Me estremeció estar tan cerca de lugares que sólo he visto con los ojos cerrados.

Carretera a Xilitla dic 2017 (7) (800x533)

A lo lejos la sierra se veía gris, gris violeta.

Me emocioné porque ya iba a atardecer.  Bajé el vidrio de la ventana. Sonreí mientras escuchaba el silbido del viento. Tomé mi cámara y estaba lista para capturar ese momento extraordinario.

Carretera a Xilitla dic 2017 (12) (800x533)

Atardecer en carretera.

Carretera a Xilitla dic 2017 (15) (800x533)

Atardecer en Carretera

Pocas cosas me conmueven más que un atardecer, especialmente en un lugar lejos de la ciudad, en una carretera casi vacía, en un lugar recóndito. El cielo blanco y rosa.  El ocaso  estaba en mi piel, invadía mis sentidos.  La niebla también teñida cubría la cima de la montaña y daba la impresión de ser fumarola que emergía de un volcán…

Los atardeceres son efímeros pero los llevo tatuados en la memoria. Quería inmortalizar este con la cámara para regalarlo a quien los ama como yo. La velocidad del coche hizo que mi deseo pareciera misión imposible, pero estaba decidida a lograrlo.

En mi foto se ve el movimiento pero también, entre los árboles, se percibe el rosa anaranjado del crepúsculo.

Carretera a Xilitla dic 2017 (19) (800x533)

Atardecer en Movimiento

Todavía tenia oportunidad para tomar otra foto: Entre la montaña y las nubes grises, se distingue un halo naranja…

Carretera a Xilitla dic 2017 (21) (800x533)

Atardecer en carretera

El cielo se cubrió de gris, unos minutos después nos envolvería la densa negrura de la noche sin luces.

Carretera a Xilitla dic 2017 (23) (800x533)

El cielo se cubrió de gris…

Para quienes amamos la naturaleza, viajar en coche en México nunca será aburrido.

Unos días después fuimos de Xilitla, San Luis Potosí a Real del Monte, Hidalgo y fue lo más impresionante de este viaje.

Vimos las montañas cubrirse de niebla.

Viajamos rodeados de árboles. Me gustaron, sobre todo,  los que estaban despeinados.

Carretera a Hidalgo

Árboles despeinados

Cuando salió el sol, la niebla comenzó a evaporarse y pudimos ver el cielo.

carretera a hidalgo 6

Y salió el sol…

Entonces, vi el corazón esplendente de la Madre Tierra y me llené de agradecimiento. Justo después vi la silueta de un ángel dibujada en una nube.  Felicidad es la única palabra que viene a mi mente para describir ese momento.

Carretera a Hidalgo 7

Corazón de la Madre Tierra

Carretera a Hidalgo 10

La silueta de un ángel

Lo más impresionante fue cuando pasamos por  una gran barranca. La vista era fabulosa (y también mi vértigo). Recorrimos esta parte del camino a menor velocidad para poder absorber su esplendor, para disfrutarlo unos segundos más.

carretera a Hidalgo 13

La Sierra

 

carretera a Hidalgo 14

La Sierra

El resto del camino me entretuve viendo el cielo.  Nunca me aburriré de viajar en coche, de pasear rodeada de naturaleza, de tener la oportunidad de gozar paisajes únicos y de conocer lugares que no siempre planeamos visitar pero que se cruzan en nuestro camino…