Carta de mi yo adolescente a Fernando Valle

•marzo 23, 2015 • 2 comentarios

Carta de mi yo adolescente a Fernando Valle, el protagonista del libro Clemencia del escritor mexicano Ignacio Manuel Altamirano.

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Querido Fernando Valle:

Soy un ser solitario y, como tú, tampoco soy atractiva ni sociable. También a mí me consideran desagradable en todos los aspectos. Soy la flaca fea de quien se ríen y a quien rechazan.

Empecé a enamorarme de ti cuando  leí la cita con la que te sientes identificado, aquella cita de Hoffmann que le diste al Doctor L… y que decía lo siguiente: «Ningún ser puede amarme, porque nada hay en mí ni de simpático ni de dulce».   Leí esas palabras  con lágrimas porque también me describen perfectamente.  En ese momento supe que había encontrado en ti a alguien como yo.   Como no pude esperar para saber más de ti, empecé a devorar las palabras del Doctor L… con las cuales me contaba tu historia.

Aunque se supone que tienes un aspecto repugnante, yo te considero el hombre más atractivo. Debo confesar que para mí la apariencia es intrascendente; y la belleza, subjetiva. Detrás de tu apariencia hostil y desagradable, hay un corazón puro, noble, fiel, desinteresado y generoso, fuente inagotable de amor que hará hasta lo imposible por lograr la felicidad de la persona que amas, te corresponda o no.

Por desgracia estás convencido de que debido a tu apariencia nadie podrá amarte nunca.  Intento imaginarme la cara que pondrías si te dijera que has llenado de luz mi vida, que sólo tú has logrado evitar que siga cayendo en este abismo tan doloroso y que sólo por ti puedo seguir adelante.  ¡Qué feliz sería si pudiera hacerte llegar este mensaje! ¡Si pudiera hacerte sonreír por lo menos un breve instante!

¡Fernando! ¡Te sacrificaste por la felicidad de la ingrata de Clemencia! ¡No pude salvarte! Corrí como ella para poder decirte lo mucho que te admiro, lo grande que eres mi muy amado héroe, pero tu historia terminó antes de que la mía comenzara. No hubo dulzura para ti en este mundo. No la hubo.

Cerré el libro para intentar tolerar el dolor y evadir el sufrimiento. ¿Por qué en este mundo cruel la apariencia es lo único que importa? ¿Por qué sólo pudieron ver tu cara y no tu alma? ¿Por qué sólo ven mi acné y mi fealdad? ¿Por qué no nos dieron la oportunidad de mostrar nuestra belleza?

Fernando, mi Fernando, no hay nadie más bello que tú ni nadie capaz de ofrecer un amor tan puro y desinteresado como el tuyo. Elegiste la felicidad de ella aunque eso significara tu muerte. Entonces moriste sin reconocimiento, sin tener conciencia de tu grandeza, sin gloria para la patria que tanto defendiste. Moriste con la certeza del rechazo y sin amor. Mi corazón llora por ti.

Siempre regreso las páginas de tu historia para encontrarte. Tu gran amor está siempre presente en ellas y así nunca me siento sola. Contigo me atrevo a soñar despierta y el mundo de las apariencias me duele menos.

Gracias Fernando Valle,

Tuya C…

Un día de asueto en la ciudad

•marzo 17, 2015 • Deja un comentario

A veces las palabras pesan y me cuesta trabajo dejarlas salir, verme reflejada en ellas.

La semana pasada fue fría, con mucho viento y me sentí gris la mayor parte del tiempo. Después de mi batalla contra un largo insomnio, me quedó la debilidad en el cuerpo y tenía sueño la mayor parte del día. Mi intestino resintió tanto la falta de sueño como de ejercicio (no se puede hacer ejercicio si uno no duerme bien, si no uno no descansa).  Además fue una semana de enfrentarme a mí misma y escribir palabras que hicieron sangrar a la pluma. Para cerrar con broche de oro , el viernes tuve la mala idea de comer pizza y no quiero ni recordar lo mal que reaccionó mi intestino.

Afortunadamente fue un fin de semana largo, un fin de semana con lunes incluido. En verdad necesitábamos este día de asueto. Hoy fue el lunes perfecto para pasear por la ciudad, esta maravillosa ciudad.

Nuestras hermosas adolescentes ya tenían planes con sus amigas para este día; por lo tanto, mi esposo y yo aprovechamos para salir juntos, escapar de la rutina, pasear los dos solos como teníamos mucho tiempo de no hacerlo.

A mi esposo se le ocurrió visitar el kiosco de San Cosme, el único decorado con arte morisco en la ciudad.  En el curso de lenguas romances que estoy tomando, hemos visto un poco del arte y cultura árabes, por lo cual me encantó la idea. Yo ni siquiera sabía que había un kiosko de arte morisco en la ciudad.

Kiosco de arte morisco

Kiosco de arte morisco

Kiosco de Arte Morisco

Kiosco de Arte Morisco

Cuando llegamos a la plaza no había mucha gente. Nos tocó ver a una quinceañera en su sesión de fotos y a unos jóvenes practicando una coreografía con música de ABBA y la chava que cantaba lo hacía muy bien.

Alrededor del kiosco había muchas jacarandas, las cuales amo. Esta es la época del año  en la cual se cubren de violeta, color con el que se visten sólo unas pocas semanas al año en víspera de la primavera.

árboles

El kiosco tiene ocho lados. Está decorado con grecas, vegetales y el símbolo del agua. En el centro tiene una cúpula con una pieza de 16 secciones en forma de roseta que simula una rosa de los vientos.

Kiosco morisco

Kiosco morisco

kiosco

A través de sus arcos se ve el cielo con las jacarandas, la calle, la plaza.

Kiosco

Kiosco

Afuera, en la parte superior, está la bandera de México justo arriba del escudo con un águila republicana y al lado de la bandera, hay otra águila grande y de metal.  Cuando el viento abre la bandera, se pueden ver las tres águilas al mismo tiempo, lo que nos conmovió a mi marido y a mí.

Águilas y Bandera

Águilas y Bandera

Águilas y Bandera

Águilas y Bandera

Conocimos a una pareja de personas mayores que estaba sentada al lado nuestro.  Ambos tomaban plácidamente el sol y se veían muy en paz con ellos mismos. Sonriendo nos contaron lo bien que les había caído este día de asueto y lo mucho que les gustaba ir a ese lugar en los días de sol (la esposa, al igual que yo, es muy friolenta).  Me gustó mucho conocer a una pareja tan agradable y que se ve feliz. Me imaginé así en el futuro, sentada al lado de mi marido, disfrutando del sol, de la naturaleza y de su compañía, en armonía, en paz.

Después fuimos al Monumento a la Revolución en Reforma.  Aunque lo remodelaron ya hace algunos años, no habíamos ido.  No sabíamos que adentro del monumento hay un café: Adelita Café. Nos sentamos en las sillas que están al aire libre, con vista a los diferentes ángulos del monumento  y frente al elevador que lleva al mirador.  Fue raro estar a la vista de todos, pero también divertido. El lugar está acogedor y con gusto regresaría.

Adentro del Monumento a la Revolución

Vista desde el café adentro del Monumento a la Revolución

Café Adelita

Café Adelita

Expresso doble cortado

Expresso doble cortado

Adelita Café

Adelita Café

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Adelita Café

Con respecto al mirador, yo no sé si me atrevería a subir, creo que me daría mucho vértigo. Frente al café está la tienda del monumento, venden cosas interesantes como rompecabezas de la revolución, cerillos con los revolucionarios de portada, imanes, cuadernos, playeras, marionetas, tazas.  Me gustaron las tazas.

monumento a la revolución

Caminamos al otro lado del monumento y tomamos varias fotos. Con el cielo despejado y el sol, el monumento resplandecía.

Monumento a la Revolución

Monumento a la Revolución

De ahí caminamos a la Especial de París, una heladería que tiene más de noventa años. Conocí este lugar gracias a mi marido hace algunos años y coincido con él: no hay un mejor lugar para comer helados en toda la ciudad que ése.

La Especial de París

La Especial de París

La Especial de París

La Especial de París

Nos consentimos comiendo el mejor helado.  Además de los típicos sabores, aquí tienen otros que jamás me imaginaría comer en helado. Una vez nos dieron a probar un helado de tocino (con un poco de miel maple), no puedo negar que fue muy raro pero también agradable.  Ese fue un experimento y rara vez lo tienen.  Tienen helado de té verde, nieve de jengibre y esta vez me consentí con un helado de olivo con nuez de la india, arándanos y piñones.  Jamás me habría imaginado un helado así y no pude resistirme.  Fue un sabor elegante, dulce pero no tanto y, para mí, suculento. Mi marido pidió un ice cream soda de hierbabuena con limón. No sólo estaba rico sino muy refrescante para este clima tan cálido.  No pude resistir la tentación y también pedí una nieva de frutos rojos, es de mis favoritas.  Es una delicia ese lugar, una verdadera delicia.

Le Especial de París

Le Especial de París

La Especial de París

La Especial de París

Helado de olivo con nuez de la india, arándanos y piñones.

Helado de olivo con nuez de la india, arándanos y piñones.

Helado de frutos rojos

Helado de frutos rojos

Por último comimos en un restaurante argentino, El Sencillito, en Dr. Vértiz. Nada como tomar una cerveza oscura en un día soleado acompañada de una carne bien cocida y una interesante plática sobre las diferentes lenguas y culturas.

El Sencillito

El Sencillito

El Sencillito

El Sencillito

Por fin me sentí relajada, en armonía y renovada.  Siempre hace falta dedicar un día a pasear, a descubrir y redescubrir la magia de nuestra ciudad, esos lugares que a veces olvidamos o ignoramos que existen. ¿Y qué mejor que compartirlos con la persona que amo?

Se acabó un día de asueto y debo seguir trabajando para combatir mis demonios y dejar de temerle a las palabras. Espero que todos tengan una muy buena semana.

Primavera en mis flores.

•marzo 9, 2015 • Deja un comentario

Apenas comenzó marzo y ya se siente la llegada de la primavera. Muy temprano los pájaros me alegran la mañana con su música.  El frío se va despidiendo y mi piel se llena de sol.

¡Qué feliz me hace despertar con un cielo brillante y despejado!

llega la primavera

Cielo despejado

Los rosales ya tienen botones y también flores. Las plantas que dormían, ahora renacen. A pesar del invierno, de las plagas y otras dificultades, la mayoría de mis plantas sobrevivieron y verlas vestirse de primavera me llena de esperanza.

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rosa

 

roses

Hace poco más de un año nos cambiamos de casa. Con la mudanza me traje los rosales, lavanda, rudas, menta, azalea, plectranthus tomentosa (una planta que huele como el vick vaporub), cola de elefante y la planta que me regaló mi papá hace casi 17 años cuando me operaron de la espalda, junto con su retoño y una planta que me regaló un alumno en mis tiempos de maestra. Casi se me olvida, también las sábilas de mi marido, las cuales siempre nos regalan muchos retoños.

Me preocupaba mucho que mis plantas no sobrevivieran, que no pudieran adaptarse al cambio. Hubo momentos en los que pensé que no lo lograrían, sin embargo, con excepción de la menta, han sobrevivido hasta ahora y algunas de ellas están  mucho más fuertes y bellas que nunca.

Entre junio y septiembre compré  otra lavanda, un tulipán, una hierbabuena, una albahaca, una manzanilla, una menta, una violeta, una bugambilia, una planta de chiles, un rosal, una flor blanca cuyo nombre no recuerdo y una orquídea. Algunas las puse en la azotea junto con mis rosales y las otras plantas que me traje. Otras las planté en el pequeño jardín  de sombra que tenemos.

Sacar mis plantas adelante ha sido un verdadero reto. Desde la época de lluvias mis plantas han tenido que luchar contra diferentes tipos de plagas: pulgones, caracoles, cochinillas e inclusive ardillas (y muy ocasionalmente arañas rojas y larvas).

En el pasado no me había tocado enfrentar eso. Debido a la fuerte plaga en el pequeño jardín, las plantas que puse ahí desaparecieron.  Aprendí que los caracoles no son tan amigables, ni las cochinillas tan inofensivas y que las lluvias que tanto amo, no siempre favorecen a las plantas.  Los caracoles se comieron la planta de chiles y el rosal (el único que planté en ese jardín).  Las cochinillas acabaron con la violeta. Todos, pulgones incluidos, acabaron con la menta.  Mientras tanto, las ardillas se comían mis rosas en la azotea.

Me enojé, me frustré, me sentí impotente y triste, me desesperé. Cuando tuve que acabar con los caracoles (salieron más de 30 en un jardín pequeño) e inclusive con las decenas de cochinillas devorando mi plantita, me sentí tan mal que pasé la noche llorando. Sé que sonará gracioso para algunas personas, pero me sentía una despiadada asesina de animalitos que, además, me gustaban.  Me quedó claro que hacer eso no era la solución ni la respuesta que buscaba. Necesitaba encontrar una manera menos agresiva de resolver la situación.  Por lo tanto, me dediqué a buscar información al respecto. Pasé semanas leyendo sobre  plantas, plagas y remedios naturales para alejarlas, para tener un jardín sano.

Aprendí que con ajo, agua y jabón los pulgones se mantienen lejos de las plantas. Cuando son demasiados, no es suficiente, primero hay que quitarlos de las plantas. Eso lo hice delicadamente con un cotonete humedecido en alcohol y fue necesario hacerlo por varios días.

Los caracoles no se acercan a lugares donde haya trocitos de cascarones de huevo o cenizas (siempre y cuando estén secos, por lo que en época de lluvias hay que cambiarlos constantemente).  Durante semanas he estado juntando cascarones para la época de lluvias.  Me parece que tampoco les gusta el sabor de un chile muy picante y ya esta semana preparé mi líquido con un chile muy fuerte (se supone que esto también mantiene lejos a las  ardillas), espero que sí funcione.

Cascarones

Cascarones

También leí que las cáscaras de los cítricos y de los plátanos alejan a varios bichos. Esto lo dudé un poco; sin embargo, lo hice y he comprobado que sí funciona.  Por alguna razón, las cochinillas se quedan en la cáscara de plátano y ya no molestan a la planta.

Por otro lado, las cáscaras de plátano se pueden enterrar junto al rosal y esto intensifica el color de las rosas así como enterrar un ajo intensifica su olor.  Los cascarones de huevo tienen calcio y eso es bueno para la tierra.

Con respecto a las ardillas, no tengo mucho qué decir. Hace meses llegué a ver seis ardillas en mi jardín y ahora llevo semanas sin ver ninguna.

Leí que para alejar algunos bichos, hay que poner tenedores desechables alrededor de la planta. Sé que suena un poco descabellado, pero como ya estaba harta de que las ardillas se comieran mis rosas, decidí intentarlo; después de todo,no tenía nada que perder.  No sé si sea coincidencia, pero hasta ahora no han desaparecido más rosas y eso me hace muy feliz. Deseo que esta primavera mis jardines se llenen de flores.

rosas

Me gusta pasar tiempo con mis plantas. En los últimos años he ido aprendiendo a comunicarme con ellas.  Recuerdo que cuando era niña, me llamaba mucho la atención como Emi, quien trabajaba con mi abuelita y a quien consideramos parte de nuestra familia, todos los días platicaba con sus plantas. En este entonces me parecía algo muy extraño. Ahora entiendo a Emi y aprendo de ella, de lo que me enseñó en esos años. Casi todos los días platico con mis plantas y les dedico tiempo.

He aprendido a identificar cuando una planta está triste y he visto como el poder del amor, de una palabra suave, de una caricia (cuando es posible tocarla) le dan alegría,  la llevan a levantar sus hojitas y a luchar por la vida.

Teníamos poco tiempo de habernos cambiado de casa cuando un amigo nos regaló una Spatifilium muy hermosa. Al principio estaba bien pero luego los bichos la lastimaron mucho.  Por un instante pensé que no sobreviviría. Estaba muy decaída y lo que quedaba de sus hojas ya casi tocaba el piso. Todos los días le hablaba, acariciaba sus hojas, la cuidaba. Para mi sorpresa, al poco tiempo, se levantó: decidió vivir. En estos días y después de siete meses,  abrió su primera flor  majestuosa y esplendente.

Spatifilium

Spatifilium

Spatifilium

Yo me quedo feliz y boquiabierta ante la magia de la naturaleza y la voluntad de vivir de la mayoría de mis plantas.

En el invierno perdí una manzanilla, pero me dejó un retoño fuerte  ahora lleno de flores. También las lavandas han dado dos retoñitos que espero sobrevivan. Es la primera vez que dan retoños y estoy muy emocionada.

Manzanilla

Manzanilla

Lavanda retoño

lavanda

Las lavandas son muy fuertes. Su potente aroma aleja a los bichos y atrae a las abejas. A veces, cuando subo a visitarlas, hay un par de abejas paseando entre sus flores.

Lavanda

Lavanda

Aunque la persona que me las vendió me dijo que la menta y la hierbabuena son plantas de sol, me queda claro que eso no es cierto. Si están muy expuestas al sol, se queman.  Mi amigo biólogo me lo dijo. Me recomendó que las cambiara de lugar y le agradezco su consejo. Menta no sobrevivió, pero Hierbabuena está cada día más hermosa, grande y fuerte.

Hierbabuena

Hierbabuena

Bugambilia también sufrió debido al ataque de los pulgones, arañas rojas y también el invierno. Perdió todas sus hojas y me dio miedo perderla. Todos los días la visitaba y cuidaba. Buscaba protegerla de los terribles bichos pero no sabía cómo protegerla del frío.  La Naturaleza es sabia y está llena de milagros. Bugambilia sobrevivió, sus ramas se van llenando de hojas y de flores; ya comienza a verse su sonrisa magenta. ¡Adiós al invierno de ramas desnudas! Hoy el sol renueva la vida que el invierno casi se se lleva. Bugambilia se vuelve más resistente cada día.

Bugambilia

Bugambilia

 

bugambilia

Con dificultad, pero Albahaca parece haber sobrevivido al frío. Ella no tiene que preocuparse por los bichos, su intenso aroma los mantiene lejos.

Albahaca

Albahaca

Tulipán y Azalea son los más generosos y se han vestido con flores todo el año; él, de naranja y ella, de rosa. También puedo decir lo mismo de mi dulce Alba, no sé qué tipo de planta es, pero Alba es su nombre ahora. Ella se viste de blanco.

Azalea

Azalea

Tulipán

Tulipán

tulipán

Alba

Alba

Plectranthus Tomentosa es la  más fácil de cuidar pues es fuerte, resistente, debido a su aroma tampoco tiene problemas de plagas. Es fuerte en el calor y también en el frío además se reproduce muy rápido. Mientras tenga suficiente agua y luz, mientras esté contenta, crece. Su aroma  me destapa la nariz en momentos de crisis, por lo cual le estoy muy agradecida.

vaporub

Las rudas han sobrevivido hasta ahora. Conforme se van fortaleciendo, su aroma aumenta y cada vez reciben menos visitas de los pulgones.

Ruda

Ruda

La planta que me regaló mi papá sigue fuerte como un roble, los bichos no se le acercan nunca y siempre parece sonreírme. Hemos sobrevivido a varias tormentas juntas.

planta

Mi jardín de sombras, después de las plagas, quedó casi vacío. Sigo trabajando en él pero todavía me falta un largo camino por recorrer. Espero esta primavera encontrar las plantas adecuadas para comenzar a llenarlo de vida y mantener lejos a las plagas.

jardín

 

 

Amo la primavera, me hace florecer como a mis plantas. Mirar al cielo y sentir como la luz entra en mi cuerpo me da energía. No tengo frío ni calor, estoy en paz y en armonía.

cielo

cielo

Diario me lleno de viento, de sol, de luna, de pájaros y de grillos. Diario agradezco el infinito abrazo de la Naturaleza.

Soy aire, soy vida, soy flor, soy sueño y como dice la canción, soy polvo en el viento.

Hoy no.

•marzo 3, 2015 • Deja un comentario

Hoy  es uno de esos días en los que cada vez que intento escribir la pluma se niega a moverse. Las oraciones se quedan inconclusas y me invade la frustración. Ya no recordaba lo que era sentirse así.

No me acomodo con ninguna palabra: mis ideas se rebelan y mi pecho está oprimido. Tengo la necesidad y la voluntad de expresarme pero de nuevo me ataca la voz que me dice: «Tonterías, todo lo que se te ocurre son tonterías».  Entonces miro las oraciones que no terminé, la hoja que está casi en blanco y me siento llena de nudos. ¿Cómo escribir con esta sensación de desaliento, con este sentimiento de inferioridad?

No me gusta jugar a las escondidillas con las palabras. No me agrada que la pluma guarde silencio. Me siento desconectada, dividida, incómoda, en conflicto…

Me imagino a la Nada de la Historia Interminable (Michael Ende) comiéndose mis sueños y dejándome naufragar en la negrura.

Quiero dormir pero parece que ya olvidé como hacerlo. Otra vez cierro los ojos y me quedo esperando a que llegue el descanso, a perder la consciencia por unas horas, pero eso no sucede. En las noches permanezco alerta y me asusta la luz que se filtra por el hueco de la persiana.

Abro los ojos con el cansancio en el cuerpo y me aturde la desconfianza con la que amanezco. Me tomo un café cargado durante el desayuno.  El dolor de cabeza disminuye un poco  y me pongo a leer.

Salgo a la calle. El sol me intimida y busco un lugar donde refugiarme. El canto de los pájaros anuncia la llegada de la primavera y eso me alivia un poco.

Voy al jardín y veo que mis flores están libres de cochinillas. Agradezco que por lo menos un día hayan dejado de molestar. Una de mis nochebuenas decidió apagarse.  Regresa el nudo a mi garganta.

Nochebuena :(

Nochebuena 😦

Busco palabras que concreten mis ideas; justo cuando creo haberlas encontrado, se ríen de mí y desaparecen.  Dolida me quedo mirando la hoja en blanco.  Entonces recuerdo mis días de poeta (no, nunca voy a usar la palabra poetisa, no me gusta) y me pregunto cuándo fue la última vez que escribí un poema. No tengo idea, sólo sé que fue hace muchos años. Le temo a mi poesía.

Hoy todo me da nostalgia, melancolía, miedo y cansancio. Me duelen los ojos y se me tapan los oídos. Me duelen las articulaciones y busco mi voz en la música gótica y oscura de mi computadora.

Llega la noche que tanto amo y extraño los conciertos de los grillos cerca de mi ventana.

Tal vez mañana las ideas dejen de rechazarme y las palabras sí quieran abrazarme..

Hoy quisiera acurrucarme en la luna, liberar mis lágrimas y descansar.

Luna

Luna

María Juncal, Flamenco y Ana Frank

•febrero 27, 2015 • Deja un comentario

Ayer, 26 de febrero de 2015, a las ocho de la noche en Bellas Artes, se presentó El Encierro de  Ana Frank con María Juncal,  bailarina de flamenco. Basándose en la coreografía de la mexicana Gladiola Orozco, María Juncal hizo su versión de esta danza.

María Juncal, Encierro de Ana Frank

María Juncal, Encierro de Ana Frank

Encierro de Ana Frank, María Juncal

Encierro de Ana Frank, María Juncal

Encierro de Ana Frank, María Juncal

Encierro de Ana Frank, María Juncal

Me enteré de este evento hace semana y media poco después de haber escrito sobre Ana Frank.  No creo mucho en las coincidencias y, por lo tanto, sentí que tenía que ir.  La semana pasada compré los boletos después de haber visitado el Museo Memoria y Tolerancia.

Boletos

Boletos

Fui al evento con mi marido y una gran amiga mía quien ama el Flamenco. Las dos estábamos muy emocionadas por la oportunidad de asistir a este evento. Llegamos a la estación Juárez a las 6:35, por lo que nos dio tiempo de pasear por la Alameda Central y comer algo en Trevi, un restaurante y cafetería que nos gustó mucho.

Me encantó caminar hacia Bellas Artes en la noche y ver el palacio iluminado. Afortunadamente llevaba mi celular y pude tomar algunas fotos.

Bellas Artes en la Noche

Bellas Artes en la Noche

Bellas Artes en la Noche

Bellas Artes en la Noche

Cuando llegamos a Bellas Artes, ya había una larga fila de personas esperando su turno para entrar a la sala donde se llevaría a cabo el evento. Afortunadamente los asientos estaban numerados, así que esperamos nuestro turno con calma. La sala se llenó casi por completo, sólo quedaron  unos cuantos lugares vacíos.

Siempre me ha encantado la danza; sin embargo, he tenido poca relación con el flamenco pues debo confesar que apenas hace poco tiempo empezó a gustarme, a diferencia de mi amiga, a quien siempre le ha encantado.

Tenía mucha curiosidad por ver cómo podría bailarse el Encierro de Ana Frank y no tenía idea de qué esperar.  En esta historia sólo había un personaje: la bailarina acompañada por extraordinarios músicos.

Hace muchos años que no entraba a un espectáculo en Bellas Artes. Me encantó estar ahí de nuevo, sentada frente a ese enorme y delicado telón de cristal que nos muestra al Popocatépetl  y al Iztaccíhuatl.

Telón de Cristal Bellas Artes

Telón de Cristal
Bellas Artes

A los pocos minutos, comenzó el espectáculo: primero tocaron los músicos y algunos segundos después llegó al escenario María Juncal, más bien, Ana Frank.

Confieso que la introducción (primera danza) me pareció un poco larga y me costó trabajo conectarme con la historia. Dudé, me sentí un poco ansiosa, pero unos minutos después esa sensación desapareció y empecé a encontrar en los pasos de María Juncal las palabras de Ana Frank.

Siempre me ha parecido impresionante todo lo que los bailarines son capaces de expresar usando sólo su cuerpo, sin necesidad de pronunciar una sola palabra. La danza tiene un lenguaje universal, no hay que hablar un idioma específico para entenderla. No se necesitan ni traducciones ni subtítulos, sólo se necesita abrir el corazón y sentir.

María Juncal escribió con su cuerpo las palabras de Ana Frank en el escenario, en el aire, en los espectadores. En conjunto con la música, nos transportó a los 1940’s y nos sumergió en el mundo de Ana Frank; al menos conmigo sí lo hizo.

Con fuerza y pasión ella se movía por todo el escenario, haciendo música también con sus pies. A veces llenaba el ambiente de dolor, otras de miedo y temor, de enojo pero, por sobre todo, de la alegría (característica de Ana) de estar viva. En el último baile, poco antes del mero final, María Juncal nos llevó al éxtasis, a la expresión máxima del amor a la vida.A pesar de todo, los sueños nunca mueren, no mientras el corazón palpite y  tengamos la esperanza de un mañana.

Esa última danza ágil, intensa, bailada con fiereza, profundamente alegre pero también con un tinte de nostalgia, me dejó congelada en mi silla. A duras penas pude mover los brazos para limpiarme un par de lágrimas y aplaudir cuando llegó el final. Me uní al estruendoso y largo aplauso de todos los espectadores cuya intensidad aumentaba con el paso del tiempo. Esta ovación para María Juncal y los excelentes músicos duró muchos minutos. Muchas personas se pusieron de pie. Sólo me resta decir que fue un espectáculo de calidad, que salí conmocionada, sorprendida y feliz.

Encierro de Ana Frank, María Juncal

Encierro de Ana Frank, María Juncal

Por lo que entiendo, aunque María Juncal es una bailarina de flamenco, en esta danza tiene también influencia de otros estilos. Esa combinación a mí me gustó mucho.

Regresé a mi casa emocionada, llena de flamenco, de movimiento y de ganas de bailar. ¡Cómo desearía saber usar mi cuerpo para bailar todos los terremotos que llevo dentro!

Ayer fue una gran velada en Bellas Artes. Mientras escribo lleno mis sentidos de flamenco y así disfruto de esta mañana.

¡Feliz viernes para todos!

De la Intolerancia a la tolerancia, mi viaje por el Museo Memoria y Tolerancia

•febrero 25, 2015 • 4 comentarios

Después de mucho tiempo, por fin regresé a mi vieja costumbre de visitar museos sola y el viernes pasado muy felizmente tomé el metro línea tres, dirección Indios Verdes para dirigirme al Centro Histórico de la Ciudad y poder visitar el Museo Memoria y Tolerancia. Desde hace tiempo tenía muchas ganas de ir, pero no había podido hacerlo. Para llegar al museo me bajé en la estación Juárez y caminé hacia Bellas Artes, lo que me permitió pasearme por la hermosa Alameda Central en ese día soleado. A pesar de que todavía era invierno, ya comenzaba a sentirse la primavera. Como era temprano, no había mucha gente y mi visita, en ese sentido, fue tranquila. El museo se encuentra en la Plaza Juárez, justo frente al Hemiciclo a Juárez en la Alameda.

Museo Memoria y Tolerancia

Museo Memoria y Tolerancia

Museo Memoria y Tolerancia

Museo Memoria y Tolerancia

Al llegar, a simple vista, el Museo no me pareció tan grande, cuando en realidad es enorme. El museo abre de martes a viernes a las 9:00 hrs. y cierra a las 18:00 hrs; los sábados y domingos abre a las 10:00 y cierra a las 19:00.  El boleto de admisión libre cuesta 69 pesos para publico en general, 59 para estudiantes, maestros y adultos mayores de 60 años; el boleto de admisión guiada o audio guiada cuesta 84 pesos para el público en general y 70 pesos para estudiantes, maestros y adultos mayores de 60 años.

Museo Memoria Y Tolerancia

Museo Memoria Y Tolerancia

El museo consta de 5 pisos.  Después de comprar el boleto, hay que formarse para poder entrar. La atención de las personas que trabajan ahí es buena y dan las explicaciones con buena actitud.  Una vez listos para entrar, hay que tomar el elevador para subir al quinto piso; es ahí donde comienza la exposición.

Museo Memoria y Tolerancia

Museo Memoria y Tolerancia

Por supuesto, ya estaba más o menos preparada para lo que vería. Es importante mencionar que el Museo Memoria y Tolerancia no es un museo ni entretenido, divertido ni padre porque el objetivo de este museo no es el de divertir ni entretener a quien lo visita, su objetivo es el de generar conciencia en las personas.  En este lugar nos enfrentamos a algunos de los momentos más crueles y dolorosos en la historia de la humanidad. La razón de esto es para no ser indiferentes al sufrimiento humano y tomar conciencia para que estos terribles eventos ya no se repitan.

De lo primero que escuché al comenzar mi viaje por este museo fue lo siguiente: «Recordar para aprender, aprender para no repetir».  Me parece que este es el objetivo del museo y  esa frase se quedó conmigo.  Lo más relevante es que ciertos momentos de la historia no deberían repetirse nunca; desafortunadamente, como humanidad a veces parecemos olvidar demasiado rápido y lo terrible se repite una y otra y otra vez.

«La fuerza del olvido permite que el crimen surja de nuevo. Por el contrario, la memoria sirve como instrumento de justicia y prevención». ( Guía para Estudiantes / Cédulas del Museo Memoria y Tolerancia).

Cuando hablo de recordar no me refiero a sufrir constantemente por lo sucedido sino a quedarse con el aprendizaje que nos dejó esa experiencia, a tomar conciencia de la situación y seguir adelante sin repetir el mismo camino.  Si ignoramos lo que sucede,  no aprendemos nada y es muy probable que la historia se repita.

El tema principal de este museo es el Genocidio. De acuerdo con el diccionario, el genocidio «es la aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos, religiosos».  Es decir, sucede cuando se elimina a las personas por su raza, etnia, religión, nacionalidad. Los genocidios mostrados en este museo son aquellos que se llevaron a cabo a partir del Siglo XX.

Me gustó mucho la tecnología usada en las salas y la forma en la que están organizadas. Las explicaciones son breves y claras. Hay muchas fotografías para ejemplificar la situación que se está describiendo y en algunas salas hay objetos que pertenecieron a algunas víctimas de genocidios. Me llamó la atención el que hubiera videos informativos en todas las salas y que en la parte superior de la pantalla hubiera un reloj que indicaba cuánto tiempo le quedaba al video o cuanto le faltaba para volver a comenzar.  La mayoría de ellos dura dos minutos.  Confieso que vi casi todos los videos  y para mí fueron muy útiles.

Holocausto

Holocausto

La exposición comienza con el Holocausto o Shoah, genocidio que se llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial y en el cual se buscaba acabar con los judíos, gitanos, eslavos, homosexuales, personas discapacitadas y Testigos de Jehová.

En las primeras salas se describe la situación de Europa después de la Primera Guerra Mundial, la situación política de Alemania en la preguerra, la llegada al poder de Hitler y su nazismo.

Preguerra

Preguerra

Preguerra y Nazismo

Preguerra y Nazismo

"Mi Lucha" Hitler

«Mi Lucha» Hitler

El nazismo, principalmente, hablaba de una raza superior (la aria) y de las inferiores como la de los judíos y los gitanos. Predicaba intolerancia, desigualdad y odio, sobre todo, odio.  Me parece que ese es el sentimiento predominante en los genocidios y en casi cualquier forma de violencia. No imagino otro sentimiento que  permita al ser humano realizar tantas atrocidades y casi disfrutarlo.

Raza Aria

Raza Aria

myt (8)

Niña judía.

Niña gitana

Niña gitana

Les comparto una foto que tomé en el museo sobre la «pureza racial» según el nazismo:

Nazismo

Nazismo

Aunque ya he leído mucho sobre el Holocausto, ver eso me dolió. Recuerdo que entre las cosas que he leído al respecto, se habla de la objetivización de la persona, es decir, del ver a la persona como un objeto para poderla eliminar sin que los sentimientos interfieran. La persona es tan inferior, que ni siquiera tiene sentimientos o sufre.  La sola idea me aterra pero no me parece tan lejana a la realidad y desde cierta perspectiva tiene sentido,  pues si se despoja de  compasión a las personas en un ambiente donde predomina el odio y además se sostiene la creencia de que tales personas son tan inferiores que contaminan, supongo que eliminarlos no debe de representar tanto problema para quienes lo hacen, pues esto ha sucedido y sigue sucediendo en la actualidad.  El Holocausto no es el único genocidio que ha habido en la historia de la humanidad: Hoy en día, mientras yo estoy aquí escribiendo, el genocidio de Darfur que comenzó 2004 continúa. Más de diez años y todavía no termina. Iniciamos este siglo repitiendo la historia de muertes de inocentes. Me viene a la mente la misma pregunta de siempre, la misma pregunta sin respuesta: ¿Qué nos pasa en el mundo?

A pesar de que en poco más de dos décadas se cumplirá el centenario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, del auge del nazismo,  digo con tristeza que esas ideas tan terribles, tan descabelladas no están tan lejos de nuestra realidad. El nazismo hablaba de la superioridad de una raza y para mantener esta superioridad era aceptable eliminar a las razas inferiores; sin embargo, no sólo se trataba de eso, también había que eliminar a las personas «no perfectas»  (con capacidades diferentes), a los homosexuales y a las de religiones diferentes. Es decir, era aceptable exterminar a quienes no fueran perfectos físicamente  y a quienes fueran o pensaran diferente.  Yo  me pregunto, ¿qué tan lejos estamos de esa realidad ahora?  Por supuesto en la actualidad matar no es aceptable pero discriminar y juzgar, sí. ¿Cuántas personas se creen superiores   con el derecho de menospreciar y pisotear a otras, lo que hacen frecuentemente y sin remordimientos? ¿Cuántas personas son agresivas con los homosexuales y les parece correcto tratarlos así?

No está de más mencionar que los homosexuales siguen siendo una minoría terriblemente criticada, discriminada y agredida.  Todavía en muchos países del mundo el ser homosexual es castigado con la cárcel e incluso con pena de muerte. Muchos de ellos siguen sufriendo agresiones tanto verbales como físicas. Aún quienes no las reciben son socialmente rechazados y criticados. Viven su vida defendiéndose y con miedo.  ¿Por qué?  ¿Por qué lastimar a quienes son diferentes? ¿Por qué las sociedades son intolerantes a las minorías?  ¿Por qué crear etiquetas?  No debería  etiquetarse a las personas por sus inclinaciones sexuales, por su forma de vivir la vida.

Recuerdo que a finales del año 2013, leí una noticia en la que la Reina Elizabeth II le otorgó el perdón póstumo al admirable matemático Alan Turing, quien fue acusado por el delito de homosexualidad poco después de la Segunda Guerra Mundial. Este delito le impidió continuar son su trabajo y lo llevó a suicidarse.  Así terminó su vida uno de los genios de la historia. ¿Cuántos más han sufrido y siguen sufriendo por  eso?  ¿Quienes somos para juzgar cómo viven los demás?

Si realmente los seres humanos fuéramos tan superiores como se dice,  seríamos mucho más tolerantes y compasivos con quienes nos rodean; respetaríamos la vida en lugar de sentirnos con la autoridad de destruirla.

¿Y qué decir de las personas con capacidades diferentes? No hay una regla que las discrimine como sucede con los homosexuales, pero sucede de todas formas. Alrededor de ellas también hay intolerancia, menosprecio y mucha indiferencia. ¿Cuántas personas ocupan los lugares para personas con capacidades diferentes y se molestan si se les llama la atención al respecto? ¿Cuántas personas prefieren ignorar a ayudar? ¿Y cuántas son las que se burlan, las que aprovechan la primera oportunidad para descalificarlas o hacer comentarios hirientes?

Me tocó vivirlo cuando nuestra ahora hermosa adolescente tuvo que enfrentarse a la leucemia. En tiempos de quimios fuertes en la escuela le tocó sufrir las burlas y críticas de sus compañeros por su falta de cabello, por no poder cargar la mochila, por tomar medicamentos.

Nos falta tomar conciencia, nos falta enseñar a las nuevas generaciones a tenerla.  ¿Cómo serían las sociedades si fuéramos más respetuosos,  tolerantes, compasivos, empáticos?

Cuando leo noticias, artículos, sobre jóvenes neo nazis en diferentes lugares del mundo, personas que admiran a Hitler y están de acuerdo con las ideas que planteaba el nazismo, hoy en pleno 2015, además de enojarme, me pregunto: ¿Como humanidad no aprendemos nada? ¿Por qué siempre estamos tan dispuestos a destruir?

Regresando a la exposición, después de describir la situación de la preguerra y las bases del nazismo, habla sobre lo que empieza a suceder con los judíos y las demás minorías. Algo que no sabía es que a las personas les hacían exámenes físicos para saber si pertenecían a la raza superior o a las razas inferiores. Había instrumentos para medir el tamaño de la nariz, de la cabeza, para ver el color de los ojos, también se consideraba el tipo de cabello. ¿Instrumentos para comprobar la superioridad de una persona?  ¿Qué se puede decir al respecto?

Instrumentos para medir la superioridad.

Instrumentos para medir la superioridad.

Aunque quizá, no hay que ir tan lejos, hoy en día es suficiente con una cinta métrica y una báscula:  Para muchas mujeres sólo basta con pararse en la báscula para permitir que el número de kilogramos determine su valor como persona, eso y los centímetros de sus curvas en la cinta métrica. Otra vez con mucho pesar compruebo que no estamos tan lejos de esa época del Holocausto. La diferencia es que no hay genocidios, sólo rechazo, burlas, baja autoestima, aumento en el número de personas (principalmente mujeres pero también hay hombres) que padecen trastornos alimenticios (bulimia, anorexia), soledad y hasta suicidios de personas en su mayoría jóvenes.

¿Superioridad o inferioridad sólo por el físico, por la apariencia? Si tantas personas no creyeran que eso es real, me reiría por lo absurdo que eso suena. Sin embargo, no puedo reírme y sólo me queda desear que eso deje de ser tan importante para las personas. Me queda el consuelo de que la «superioridad física», es decir, la apariencia considerada como lo más valioso de una persona, no es parte de mi escala de valores y todos los días lucho porque tampoco lo sea en la de las personas que me rodean.  Me parece inaceptable juzgar a alguien por su apariencia y, más aún, someterme a dietas terribles y sufrimientos innecesarios para cumplir con un subjetivo y superficial estándar de belleza.

La exposición del Holocausto es enorme y muy completa. Describe como era la vida de las personas en los ghettos, la  vida en los campos de concentración, los que vivieron escondidos, el exterminio, los sobrevivientes, los que ayudaron. Hay un vagón de tren en el cual  transportaron a las personas a los campos de concentración. Entrar ahí e imaginarme a 70 personas hacinadas hizo que, por un breve instante, me faltara el aire. Más adelante hay una maqueta del principal campo de concentración y de exterminio: Auschwitz. También podemos encontrar los uniformes que se usaron en los campos y algunas pertenencias de las víctimas.

Vagón para transportar personas a los campos de concentración

Vagón para transportar personas a los campos de concentración

Interior vagón para transportar personas a los campos de concentración

Interior vagón para transportar personas a los campos de concentración

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Maqueta de Auschwitz

Maqueta de Auschwitz

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Escuché los testimonios de algunos sobrevivientes y se me quedó bien grabado en el que dicen que los nazis pudieron despojarlos de muchas cosas desde lo material hasta su dignidad, sus seres queridos, pero no pudieron quitarles ni su creatividad ni su voluntad de vivir.

Algo que me gustó mucho del museo (y no solamente en la sala del Holocausto sino también para las demás exposiciones) es que además de describir la indiferencia de las personas de la época con respecto a lo sucedido, también mencionan a las personas comprometidas, dispuestas a arriesgar su vida para ayudar a quienes lo necesitaban, a rebelarse contra el sistema tan terrible pues su compromiso era con la humanidad. Leer acerca de esas personas comprometidas que marcaron la diferencia, personas de diferentes nacionalidades, religiones e ideas, me conmovió y llenó de inspiración. Por personas como esas yo nunca pierdo mi fe en la humanidad. Quizá  fueron la minoría, pero qué minoría tan admirable, tan portadora de esperanza y luminosa en mundo de tinieblas.

Personas Comprometidas

Personas Comprometidas

Personas Comprometidas

Personas Comprometidas

Entre ellas, está el cónsul portugués Aristides de Sousa, quien emitió alrededor de 30 mil visas en 1940 a los refugiados para que pudieran salir de Alemania. Su gobierno lo castigó por esto, le quitaron su posición de diplomático y el permiso para trabajar. Algunos años después de su muerte, en Israel lo declararon justo entre las naciones. En la década de los ochenta el gobierno de Portugal le restituyó su puesto (postúmamente).

También hay que mencionar a Gilberto Bosques, diplomático mexicano y cónsul en Marsella, Vichy, Francia, durante la época de la Segunda Guerra Mundial. Él también evitó, por medio de la emisión de visas,  que alrededor de 40 mil personas (brigadistas internacionales, prisioneros políticos y judíos) fueran deportados a la Alemania Nazi o a España. El mundo no supo de sus acciones hasta algunos años después de su muerte (vivió 102 años). Hay un documental sobre su vida llamado «Visa al Paraíso» dirigido por Lillian Lieberman.

Hubo muchas personas que escondieron a los refugiados, los protegieron, personas que hicieron posible que emigraran hacia la libertad.

Después de la guerra, los sobrevivientes del Holocausto tuvieron que reconstruir su vida a partir de cero.

Algo que me he preguntado desde hace ya varios años, cuando fui al Museo del a Tortura en 1995 es: ¿por qué el ser humano utiliza su enorme creatividad e ingenio para inventar instrumentos y maneras  para destruir, dañar y acabar con la vida?

No puedo ni podré comprender nunca como concentrar tanto talento en destruir, en crear un mundo de tortura, sufrimiento, dolor, guerras y carencias.

Lo que más me angustia es que la historia se repite y cada vez, debido al avance de la tecnología, la manera de hacer daño es más cruda, más inhumana y más efectiva en su objetivo de destruir.

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¿Por qué no aprendemos? ¿Por qué no usar el talento, creatividad e ingenio para construir, para beneficiar a nuestro planeta y a la humanidad? ¿Cómo logran dormir, seguir viviendo las personas que torturan, agreden, asesinan?

Preguntas

Preguntas

En algún momento de mi recorrido por el museo me dieron ganas de llorar, de pedir perdón a la naturaleza, a la vida, a Dios por tanta atrocidad. Sentí vergüenza por todo lo que los seres humanos como especie hemos sido y seguimos siendo capaces de hacer. Lo más increíble es que a pesar de eso, todavía nos damos el lujo de considerarnos una especie superior. Nunca he creído ni aceptado la superioridad del ser humano. Para ser superiores no basta tener inteligencia, es indispensable tener respeto por la vida y por nuestra casa, la Tierra.

Una vez terminada la exposición del Holocausto o Shoah, la siguiente sala nos habla sobre el genocidio, lo define, explica y menciona algunos ejemplos. La palabra genocidio surgió en 1944 con  Rafael Lemkin y tenía el objetivo de distinguir este crimen de otros. Este término se utilizó por primera vez en los juicios de los criminales nazis.

Antecedentes término genocidio

Antecedentes término genocidio

En 1948 se aprobó la convención para la Prevención del Delito de Genocidio con el objetivo de evitar que se cometan de nuevo; sin embargo, esto sigue y sigue sucediendo en el mundo. Yo me pregunto, ¿hasta cuándo?.

No hay motivo que valga para mí, no hay razón que me explique la finalidad de torturar, despojar de todo y finalmente matar un grupo de personas debido a su raza, religión, etnia, nacionalidad, etc. Pienso que no hay motivo ni creencia que justifiquen tan terrible acto de crueldad. Lo que más me cuesta entender es la cantidad de personas que están de acuerdo con eso o la cantidad de personas que miran lo sucedido con indiferencia.

En las siguientes salas se habla de la Masacre de los Armenios, los genocidios de la Antigua Yugoslavia,  de Ruanda,  de Camboya, de Guatemala y de Darfur.

Desde mi perspectiva, las diferencias entre un genocidio y otro son la cantidad de personas que mueren, las torturas que sufren y el grupo que se busca exterminar pero la base es la misma: odio dirigido a uno o más grupos, odio que «justifica» la violencia contra esos grupos y su asesinato. Es decir, cambian los detalles, pero la esencia es la misma:  educar en el odio y justificar la violencia que éste desencadena, haciendo «aceptable» la eliminación del grupo o los grupos a quienes va dirigido este odio.

Así tenemos la masacre de los Armenios (no se considera genocidio, entre otras cosas porque surgió antes de que se inventara este término) que tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial. Por orden del gobierno Otomano, se llevó a cabo la deportación de los armenios desde Anatolia a Siria y lo que hoy es Irak. Muchos murieron en el camino y otros fueron asesinados al llegar a los lugares de reubicación. Murieron más de 500,000 personas.

El genocidio en lo que antes era Yugoslavia ocurrió en Srebrenica (1995) durante la guerra de Bosnia (1992-1995); donde se atacó a la población serbia musulmana. Fueron violadas mujeres y niñas y también hubo bombardeos. Murieron más de 8 mil personas y hubo más de 14 mil desaparecidos.

Antigua Yugoslavia

Antigua Yugoslavia

Antigua Yugoslavia

Antigua Yugoslavia

Ruanda obtuvo su independencia en 1962.  Desde entonces se inculcó en los hutus el odio a los tutsi, que se fue intensificando con los años. Los mismos medios de comunicación difundían propaganda en contra de los tutsis. En abril de 1994, después de la muerte del presidente de Ruanda en un accidente aéreo, los hutus comenzaron a matar a los tutsis. Durante 100 días los hutus se dedicaron a matar tutsis, hutus moderados y a opositores del régimen.  El 80% de la población tutsi murió por estos actos de violencia. Muchas personas fueron forzadas a matar a los miembros de su propia familia. Murieron más de 800 mil tutsis.  Se violaron mujeres como arma de guerra.  Para colmo, todo esto se pudo haber evitado si los estados miembros de la ONU que tenían los medios para actuar lo hubieran hecho.

Ruanda

Ruanda

Ruanda

Ruanda

Ruanda

Ruanda

El Genocidio de Cambodia comenzó con la llegada al poder del régimen maoísta del Jemer Rojo en 1975; este régimen buscaba reconstruir al país a través de la destrucción del capitalismo y la explotación de sus ciudadanos en el trabajo agrícola. Por lo tanto millones de personas fueron transportadas a campos de trabajo. Se prohibió la religión y se asesinó a profesionistas y a sus respectivas familias y también a quienes hablaran algún idioma extranjero. Durante el gobierno del Jemer Rojo murieron alrededor de 1.7 millones de camboyanos. Este régimen fue derrocado en 1979.

Camboya

Camboya

Camboya

Camboya

El Genocidio de Guatemala sucedió en los años de 1981 a 1983 y esta vez el odio fue dirigido contra la población indígena maya. Las aldeas mayas fueron atacadas. Se torturó y asesinó a los indígenas. Cerca de 100 mil personas fueron víctimas de este genocidio.

Guatemala

Guatemala

El Genocidio de Darfur, Sudán comenzó en 2004 y sigue sucediendo.  En 1989, el general Omar al-Bashir llegó al poder por medio de un golpe de Estado. En 2003, grupos rebeldes negros tomaron las almas contra el gobierno, se rebelaban debido a la opresión que habían sufrido por años. Como respuesta, el gobierno decidió atacar y exterminar a los grupos negros utilizando las fuerzas paramilitares llamadas Janjaweed. Los Janjaweed utilizan los medios más extremos para llevar a cabo esta tarea.

Darfur

Darfur

Darfur

Darfur

Más de 4.7 millones de personas en Darfur dependen de la ayuda humanitaria y hasta ahora la ONU no ha actuado de manera contundente, aún no se ha declarado como genocidio.

Darfur

Darfur

¿Cuándo dejaremos de acumular odio? ¿Cuándo nos desharemos de la indiferencia? ¿Cuándo comenzaremos, como humanidad, a construir?

Cierto es que al salir de las salas de los genocidios sentí que me desmoronaba. Justo al terminar esta parte del recorrido, nos encontramos con el «Potencial Perdido en memoria de los niños asesinados en los genocidios», obra de Jan Hendrix.  Esta obra, según entiendo, es el corazón del museo; este Potencial Perdido está hecho con un gran número de esferas de vidrio, cada esfera representa  a un niño asesinado en un genocidio.

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Potencial Perdido

Potencial Perdido

La cantidad de esferas no se puede contar, es escalofriante.  Me dolió la garganta de tanto contener el llanto…. Los niños: ellos son el potencial que se pierde debido a tanta intolerancia, crueldad e indiferencia.  Duele, duele tanto saber que somos capaces de tanta atrocidad. Parada frente a ellos, en su memoria, volví a preguntarme: ¿Cuándo vamos a parar? ¿Cuándo vamos a entender? ¿Por qué construir nuestras sociedades en torno al odio en lugar de hacerlo en torno al amor?

Potencial Perdido

Potencial Perdido

Potencial Perdido

Potencial Perdido

Me gustó que esta exposición me dejara llena de preguntas y de temas para reflexionar.

La parte final del la exposición permanente del museo es la sala de la Tolerancia. Después de la información recibida en las salas anteriores, esta sala es como la luz al final del túnel, como el agua después de días de sequía en el desierto, como sentir el sol en la piel después de un muy crudo invierno.

Lo primero que vi en la sala fue un letrero con la palabra Tolerancia escrita en varios idiomas.

Tolerancia

Tolerancia

«La Tolerancia es la virtud que hace posible la paz, contribuye a sustituir la cultura de guerra por la cultura de paz».

(Museo Memoria y Tolerancia)

Por tolerancia entiendo respeto y aceptación de la diversidad; es decir, respetar a todas las personas y sus diferentes modos de pensar, de vivir, de ser; así como también respetar sus creencias. La tolerancia va de la mano de la libertad. Tolerar nos permite vivir en armonía con quienes nos rodean. Tolerar NO significa permitir o aceptar la injusticia;  no significa estar de acuerdo o quedarse callado cuando se trata de hacerle daño a los demás, cuando se trata de discriminar, de destruir. Ser tolerante no me hace una persona dócil ni sumisa; ni tampoco implica cegarme al dolor de los demás. No. Ser tolerante me permite abrir mi mente para aceptar a los demás,  respetar a quienes son diferentes a mí, me enseña a no juzgar y a entender. También me permite alejarme de lo que nunca me ha gustado y que hace mucho daño: los estereotipos.

Tolerancia

Tolerancia

En esta parte del recorrido caminamos hacia la Tolerancia. Hay varias citas de personas célebres que hacen referencia a este tema. Me parece que la tolerancia es lo opuesto de la discriminación. Quien discrimina no tolera.

Tolerancia

Tolerancia

Tolerancia

Tolerancia

Tolerancia

Tolerancia

En la sala, además de las citas, de los videos, también hay diferentes actividades y talleres que invitan a la reflexión. Los talleres duran sólo unos minutos y tocan temas que nos hacen ver nuestra responsabilidad en la sociedad, nuestra responsabilidad como seres humanos.

Me gustaron los audiovisuales donde pude encontrarme con una poesía de María Wine (sueca) que me emocionó mucho y después me encontré otro sobre el poder de las palabras (tanto constructivo como destructivo).  «Las palabras: Depende de la intención con que se digan».

María Wine

María Wine

Palabras

Palabras

Palabras

Palabras

Palabras

Palabras

Si somos tolerantes con los pequeños detalles, lo seremos más con los grandes. Si dejáramos de sentirnos superiores o sabelotodos podríamos encontrar una mayor satisfacción en nuestras vidas y marcar la diferencia en la vida de quienes nos rodean.

Afortunadamente muchos de nosotros no viviremos ni seremos parte (NADIE debería ni vivirlo ni serlo) de un genocidio. Pero muchos sí participamos en actos de discriminación que vienen del o generan odio y rencor, siendo el odio el principal detonador de los genocidios y otras formas de violencia.

La discriminación está presente en todos lados, inclusive en situaciones que son tan comunes que ya ni siquiera nos damos cuenta.

Por ejemplo, la veo en aquellas personas que tranquilamente y sin problema, utilizan el término de «gatas» o «chachas» para referirse a las mujeres cuyo trabajo consiste en hacer la limpieza de las casas de las personas para quienes trabajan. Esas palabras me parecen ofensivas, denigrantes y no puedo expresar cuánto me molesta que se hablen así de las personas que realizan este trabajo para poder comer y sacar adelante a sus familias. Me duele el término, me enoja escucharlo y a las personas que se expresan así frente a mí les exijo respeto.

Otro ejemplo, es el uso de la palabra naco, palabra que generalmente se utiliza para hablar de alguien a quien se considera inferior, o para decir que los gustos de la persona en cuestión son inferiores. Es decir, se usa para criticar, menospreciar y marcar la supuesta superioridad de quien usa esa palabra.

También tenemos el acoso en las escuelas. ¿Qué pasa con las agresiones físicas y verbales que reciben varios niños y jóvenes sólo por ser diferentes?

¿Qué pasa con las minorías?

¿Qué pasa con algunos juicios y comentarios en las redes sociales? Recuerdo que el año de las elecciones para la presidencia en México, opté por alejarme de, por ejemplo, el Facebook, pues me molestaron mucho los comentarios ofensivos en contra de las personas que publicaban a favor de un partido o del otro.  Unos contra otros, muchas agresiones por tener diferentes puntos de vista.  ¿Y dónde quedó del respeto?

El problema es que cada día vamos llenando el vaso de intolerancias hasta que se llena y la violencia se desborda.

Respetar a quien piensa igual que yo no requiere ningún esfuerzo, hasta podría decirse que es un gusto, es algo que se da naturalmente. El verdadero respeto se demuestra ante quien piensa diferente, ante quien no se parece a mí. Es válido decir «te respeto pero no estoy de acuerdo».  Respetar no significa estar de acuerdo con todo, significa no agredir, ofender ni menospreciar a las personas. También significa no obligar a la persona a estar de acuerdo conmigo.

El problema es que estamos acostumbrados a exigir lo que no damos. Exigir respeto sin respetar no hace sentido.  ¿Cómo puedo exigir lo que no doy? No me parece justo y no puedo estar de acuerdo. Para exigir respeto tengo que empezar por ser respetuosa yo.

«He aprendido a respetar las ideas ajenas, a detenerme ante el secreto de cada conciencia, a comprender antes de discutir y discutir antes de condenar».  Norberto Bobbio

Me gustó mucho la frase casi al final del recorrido:

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Yo ya elegí la mía. Comienzo por dar espacio al perdón y alejarme del odio. El pedir perdón y perdonar nos libera de los sentimientos negativos, impide que el odio y el rencor se acerquen a nosotros y nos permite amar más.

Después de un recorrido de más de cuatro horas, ya había llegado la hora de regresar a casa; sin embargo todavía me faltaba la exposición temporal: 303 la Matanza de Chinos en Torreón. Me hubiera gustado tener más tiempo para aprovechar mejor esta exposición, para aprender más al respecto de este tema del cual, confieso, no sabía nada antes de mi visita al museo. Esta matanza ocurrió a partir de 1911 y miles de chinos fueron asesinados. Me causó un profundo dolor que esto haya pasado en nuestro país, en México. No tengo palabras para expresar lo que sentí cuando vi los letreros con propaganda que incitaba al odio y a matar a los chinos.

Matanza Chinos en Torreón

Matanza Chinos en Torreón

Matanza Chinos en Torreón

Matanza Chinos en Torreón

De esta exposición no puedo decir más al respecto pues sólo tuve unos minutos para apreciarla, para digerir la información y eso no  me resulta suficiente. Tendré que regresar para dedicarle más tiempo a esa sala y a la de la Tolerancia, pues creo que en ambas exposiciones me faltaron todavía algunas cosas que apreciar.

Después de visitar la sala sobre la matanza de los chinos en Torreón, me queda claro que hay algo que le falta al museo: hablar de lo que ha ocurrido en México como parte del museo, no como una exposición temporal. También los mexicanos necesitamos tener memoria y conciencia de lo que ha sucedido y sucede en nuestro país. México también ha vivido su gran dosis de intolerancia, odio y violencia.  Tenemos como ejemplo la masacre de los Yaquis, la cual  no es reconocida propiamente como genocidio porque sucedió a finales del siglo XIX, durante el gobierno de Porfirio Díaz,  varias décadas antes de que surgiera el término. No podemos obviar la terrible matanza de los estudiantes en el 68, la matanza de Aguas Blancas (1995) y la de Acteal (1997).  Y quedan pendientes las muertas de Juárez, la situación de las mujeres allá y en otros estados, los cadáveres en las fosas comunes, los miles de desaparecidos, Ayotzinapa, la violencia que ha surgido en varios estados de la República…

Salí del museo con el corazón oprimido pero también con los ojos bien abiertos y la conciencia muy alerta. Yo no olvido, yo aprendo. Tomo lo necesario del pasado y trabajo para convertirme en una mejor persona y de esta manera poder colaborar para lograr el bienestar común.

Aunque es una experiencia fuerte, sí vale la pena recorrer las salas de este museo, realizar a través de ellas un viaje a la intolerancia para encontrar el camino de la tolerancia y  lograr hacer de nuestro mundo un lugar mejor.

Es un hecho que la responsabilidad es nuestra, de cada uno de nosotros. La pregunta es: ¿Qué vamos a hacer con ella?

Reflexiones y filosofías de vida inspiradas en el diario de Ana Frank.

•febrero 17, 2015 • Deja un comentario

La primera vez que leí el diario de  Ana Frank estaba en cuarto de primaria. Mi maestra de español nos contó la historia de una niña que tuvo vivir escondida en la segunda guerra mundial y quien escribió un diario durante ese tiempo. Por supuesto, apenas lo dijo, busqué ese libro para leerlo. Confieso que es uno de esos libros que he leído más de una vez.

Diario Ana Frank

Cuando se escucha el nombre de Ana Frank, al instante lo relacionamos con la segunda guerra, los nazis, los judíos, sufrimiento, miedo. Obviamente esto sucede porque su diario es una de las evidencias de esta terrible época y de una de las muchas injusticias que ha sufrido la humanidad.

Ana Frank junto con su familia y otras personas vivió más de dos años escondida en el Anexo Secreto en Ámsterdam antes de que la Gestapo los arrestara y enviara a campos de concentración. Murió a los quince años.

No planeo escribir sobre la guerra, sufrimiento, injusticia ni tampoco tengo la intención de escribir una reseña sobre este ya tan conocido libro.

Hace unas semanas volví a leerlo de nuevo y percibí el libro de una forma muy diferente a cuando era más joven. Encontré en las palabras de Ana una filosofía de vida que me inspiraron a escribir esto hoy.  Esta vez leer el diario me llevó a reflexionar y a pensar en cómo vivimos la vida hoy.  Mientras leía el diario no estaba pensando en el pasado, sino en el ahora.

La primera vez que leí el diario me centré en la angustia del encierro, la claustrofobia de no poder salir de un lugar por un tiempo indefinido, de imaginarme en un cuarto sin poder ver el cielo; me aterraba la idea de que llegara la Gestapo y me dolía la humanidad, ¿cómo podemos llegar a ser tan crueles los seres humanos?

Supongo que por el momento que estoy viviendo ahora, mi lectura de este libro fue una experiencia totalmente diferente esta vez. Fue una lectura más relacionada con la vida y mucho menos relacionada con la dureza de esa época.

Mientras leía, vi el encierro desde otra perspectiva: la emocional en lugar de la física. Vi con claridad lo terrible que debió ser pasar las 24 horas del día, todos los días de la semana, todas las semanas del año con las mismas personas, sin poder descansar de ellas por lo menos unos minutos. Nadie tiene su espacio y preguntas como «¿Qué tal estuvo tu día?» o «¿Qué hay de nuevo?» salen sobrando. No me imagino qué conversación podría yo tener con alguien de quien no me separo nunca. ¿Cómo salir de la monotonía? ¿Qué tema de plática tendría? ¿Cómo evitar el fastidio?  ¿Cómo encontrar un espacio propio?  Empecé a sofocarme de tan sólo imaginarme esa falta de libertad, esa vida sin soledad, ese camino sin nada nuevo que contar,  pasar los días siempre con las mismas personas, que viven en el mismo lugar, visitan las mismas habitaciones, comen la misma comida.

Ana Frank y los demás habitantes del anexo, no tenían más opción que convivir sin descanso; uno de los retos que enfrentaban era el de sobrevivir a la monotonía,  el poder soportarse en los días de fastidio. La monotonía para ellos era prácticamente inescapable.

No pude evitar pensar en eso y relacionarlo con la actualidad. Hoy en el 2015, sin estar encerrados como ellos, nos enfrentamos a esa monotonía en muchas  relaciones cuyas rutinas acaban atrapándonos, consumiéndonos.  Pienso en las personas que creen que para estar bien en una relación, es necesario hacerlo todo juntos: el trabajo, las actividades del día,  los desayunos, comidas y cenas.  Si están juntos todo el tiempo y todas sus actividades son las mismas, ¿de qué hablan al final del día? ¿Qué es lo que queda para compartir?

También están las personas que aunque no pasan todo el tiempo juntas, se han ahogado en sus rutinas, sus actividades repetitivas que no les aportan nada nuevo y por lo que, al parecer, no tienen nada que contar. Si les preguntan, ¿Qué hay de nuevo?  La mayoría de las veces la respuesta es «Nada, lo mismo de siempre».  ¿Qué sucede cuando los días pasan y  nunca hay nada que decir? Nos aburrimos. Así de sencillo, así de fuerte. Nos aburrimos, cansamos y hartamos. Después nos sofocamos y surge en nosotros la necesidad de alejarnos, de huir de la monotonía.

En mi infancia y adolescencia aseguraba que nunca me iba a casar pues, entre otras cosas, no  podía imaginarme pasar toda la vida con la misma persona sin hartarme (o sin que la persona se hartara de mí).  Lo más difícil en una relación es mantener viva la conversación y, sin ésta, la  rutina y monotonía terminan por devorarlo todo. Para mantener viva esa conversación hay que tener algo «nuevo» que contar al final del día, una anécdota, algo que haya sucedido en el trabajo, un chiste; hay que tener actividades que compartir y metas que perseguir. Hay que tener actividades diferentes y no hacerlo todo, absolutamente todo, juntos. Esto permite aprender de las diversidad y fortalecer lo que tienen en común.

En contraste con los habitantes del anexo, nosotros no estamos condenados a estar el uno frente al otro las 24 horas del día todos los días del año. Tenemos la oportunidad de darnos un respiro para después aportar nuevas cosas a las personas que nos rodean.

Mantener viva la conversación, construye y fortalece las relaciones; la monotonía las destruye y mata. Tener actividades y metas, mantenerme ocupada y tener tiempo para mí, me permite tener algo que decir, algo que compartir; esto me permite vivir en libertad con los demás.

Esa fue mi primera reflexión y percepción en esta «nueva» lectura del diario. Es un hecho que no es necesario estar encerrado para sentirse sofocado y que la rutina puede acabar con cualquier relación.  Los habitantes del anexo no tenían otra opción, ¿pero qué pasa con quienes sí la tenemos?

Si no tenemos experiencias que compartir, nos quedamos estancados, aburridos de las personas. Esa sensación de «claustrofobia» emocional, de monotonía, me angustió.  Pensé en las relaciones que he tenido y en las relaciones en general, ¿por qué pasar el tiempo aferrándose a quien nunca tiene nada que decir cuando hay un mundo afuera lleno de sol, de oportunidades y tenemos la puerta abierta para ir tras ellas?

En fin, continué con mi lectura y lo siguiente que quiero escribir es lo que tengo en común con Ana Frank y su filosofía de vida como yo la percibo.

Me parece que una de las razones por las que su diario sigue vigente es por el optimismo de Ana, por su invencible fe en la humanidad a pesar de la crueldad que le tocó vivir. Uno esperaría encontrar puro dolor y horror en las palabras de una persona que vivió encerrada y con el terror de que la Gestapo los encontrara; sin embargo, no es el tono del diario. Ana se aferraba a la vida. Hasta en los momentos más complicados mantuvo la esperanza y el amor a la naturaleza, a la humanidad.

La vida de todos los seres humanos está llena de retos y vivir nunca ha sido fácil para nadie. A veces rendirnos se ve como la mejor alternativa.  Pareciera que hoy en día hay más motivos para sufrir  (las malas noticias de lo que sucede en el mundo, las enfermedades, el estrés, la violencia, la fragilidad de nuestras relaciones) que para amar y ser feliz. Hay una gran cantidad de personas a quienes les cuesta mucho trabajo sonreír.

Ana Frank, a pesar de todo lo vivido, no perdió el entusiasmo y encontraba la felicidad en los pequeños detalles. Inclusive con tantas cosas en contra, se negaba a rendirse, a sufrir, a verlo todo negro. No se centraba en la miseria sino en la belleza que todavía hay en el mundo.  En su diario escribió: » Piensa en toda la belleza que todavía hay a tu alrededor y sé feliz.»

Lavanda

A menudo es más fácil centrarnos en las desgracias, en el sufrimiento, en lo que está mal, pero eso sólo nos hace sentirnos peor. ¿Qué sucedería  si mejor  nos centramos en lo que está bien, en lo que sí  funciona, en las cosas buenas que ocurren a nuestro alrededor y en el mundo?

Me considero una persona más feliz desde que le busco lo bueno a todo. Si en las circunstancias más adversas, Ana Frank pudo hacerlo, entonces, ¿qué me impide a mí lograrlo?  Amo la vida y agradezco estar aquí hoy, en este instante.

Ana, como yo, amaba la naturaleza. Encontraba en ella la fuerza para seguir adelante y no darse por vencida.

«Mirar el cielo, las nubes, la luna y las estrellas realmente me hace sentir tranquila y llena de esperanza. (…) ¡La naturaleza me hace sentir humilde y lista para enfrentar cualquier golpe con valor!».

Luna

La naturaleza es la respuesta; en ella hay armonía, en su poder sanador podemos encontrar alivio, en su energía luminosa podemos renovarnos.  A su corta edad, esto Ana lo sabía muy bien.

La naturaleza, junto con la risa, son la mejor medicina. Innumerables veces el simple hecho de mirar al cielo desvanece mis lágrimas y me transforma en sonrisa. Sentir el beso del sol en mi cuerpo o la caricia de la luna, abrazar un árbol, dormir con el canto de los grillos y despertar con el susurro de los pájaros, ver nacer a un colibrí, hundir mis pies descalzos en el pasto, embriagarme con el aroma a humedad después de la lluvia, florecer con las lavandas me recuerdan que estoy viva, que soy fuerte, que la vida es magia, que soy afortunada, muy afortunada. Ningún amanecer es igual a otro. Ninguna noche se parece a la anterior. El cielo siempre cambia de color y las nubes siempre me sorprenden con sus infinitas imágenes. El viento cuenta historias diferentes y la lluvia nunca tiene el mismo sabor. Soy una con la naturaleza y cuando siento que muero, en sus brazos revivo.

Cielo

Esos breves instantes en los que Ana furtivamente podía mirar al cielo a través de la ventana eran suficientes para inyectarle esperanza. La idea de poder caminar libremente en la naturaleza le bastaba para sentirse mejor. Poder salir y ver el cielo es un gran privilegio que siempre he valorado. En realidad es un gran alivio poder hacerlo cuando uno tiene claustrofobia.

Ya casi son las siete y escucho el concierto de mis grillos mientras escribo. Me pregunto si cerca del anexo había grillos, si se escuchaba algo más que no fueran los bombardeos, los gritos de violencia, los miedos.

Con respecto a la humanidad, ella sostenía que, a pesar de todo, todavía creía que las personas son realmente buenas en el fondo.  Lo cual resulta casi inconcebible creer en esa época, en una de las peores guerras que ha sufrido la humanidad. Sin embargo, tenía razón. Si algo me ha mantenido de pie en la vida es justamente esa creencia: a pesar de todo hay bondad en este mundo.  Cuando me abruman las malas noticias, el peso de la violencia en nuestro país y  en el mundo, me acuerdo de la gente buena, de los verdaderos héroes (los de carne y hueso, no los de las historias) que he conocido y me lleno de esperanza, me centro siempre en el amor y nunca en el odio.

Pensando en estas personas que día a día ponen su granito de arena para que el mundo sea un lugar mejor, me lleno de luz y me siento capaz de perdonarlo todo: perdonar toda la terrible violencia para llenar de amor lo que me sea posible. Considero indispensable tener fe en la humanidad para poder amar, ser feliz y para tener algo que ofrecer a los demás. Solamente siendo feliz soy capaz de  hacer felices a quienes me rodean.  Ana Frank decía que una persona feliz hace felices a quienes la rodean y estoy de acuerdo con ella; quien es feliz, regala felicidad.

Por último, quiero compartir algo que cambió mi vida cuando pude entenderlo. Desde niña he tenido este complejo de ser una heroína, de querer salvar al mundo y evitar que las personas sufran. Supongo que soñaba con ser una especie de superniña o mujer maravilla. Está por demás mencionar lo imposible que eso resulta. En la vida real (lejos de los cuentos y de la televisión) una sola persona no puede salvar al mundo; esa sí es una misión imposible. En mi adolescencia me deprimí mucho por esto y sentía dentro de mí el peso del dolor del mundo además de la impotencia de no poder hacer nada para cambiar las cosas.  Lloré más de lo que reí por un tiempo y fue hasta llegar a la edad adulta que descubrí cómo podía ayudar a «salvar al mundo». Si, ayudar porque no es tarea de una sola persona súper poderosa, sino de un equipo formado de seres humanos que tengan la misma necesidad y deseo de mejorar las cosas.

Ana no sintió la desolación que yo sentí pues su visión era más clara. Ella sabía que la posibilidad de mejorar al mundo está en las manos de cada persona: «¡Qué maravilloso es que nadie tenga que esperar ni un minuto para empezar a mejorar el mundo!».  Esas fueron sus palabras. Desde esa perspectiva, cualquier persona grande o pequeña puede contribuir para que el mundo sea un lugar mejor y también más justo para vivir. Si todos ponemos de nuestra parte, si todos trabajamos en equipo, si todos vemos no sólo por nuestro bienestar sino por el bienestar de las personas que nos rodean, habrá mas amor y menos odio, más solidaridad y menos abandono, menos hambre, menos injusticia, menos sufrimiento.

Siempre podemos dar algo de nosotros a los demás, todos tenemos algo que ofrecer, todos podemos realizar actos de generosidad con nuestros prójimos. ¿Qué sucedería si todos diéramos lo mejor de nosotros a los demás y trabajáramos en equipo por nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean?

Ana  también escribió que las guerras seguirán y el ser humano seguirá destruyendo lo que construye y crea si no  hay un cambio profundo en la humanidad;  yo lo veo como una especie de metamorfosis en la que le debemos dar más importancia al amor, a la naturaleza, al bienestar común que a los valores materiales, que al deseo de poder; no se trata de pensar solamente en uno mismo como independiente de los demás, como si estuviéramos separados de la naturaleza,  del planeta en el que vivimos;  cuando es un hecho que todos somos parte de la naturaleza, todos somos parte del universo.

La realidad es que yo sola no puedo cambiar las cosas en este mundo, pero sí puedo poner mi granito de arena y actuar con generosidad, dando lo mejor de mí a los demás, dando todo lo que pueda dar, amando a todos los que me rodean; así puedo contribuir para que vivamos en un mundo mejor.

No, no soy ni seré heroína, pero sí puedo ser alguien que ayude a marcar la diferencia, alguien que trabaje en equipo para llenar de luz y amor nuestro planeta. Puedo ser alguien que, a pesar de todo, siempre tenga fe en la humanidad y crea que hay bondad en los seres humanos (aunque algunos la tengan muy bien escondida).

Hoy y todos los días pondré mi granito de arena y lucharé por la paz, armonía y justicia. No importa que tan grande sea la oscuridad, siempre me esforzaré en encontrar la luz.  Como escribió Ana Frank: «Las cosas sólo son tan malas como tú las veas».

árbol

Filosofando sobre el día del amor.

•febrero 9, 2015 • Deja un comentario

Ya se acerca el 14 de febrero, el famoso y muy celebrado día del amor. Es el día de regalar flores, chocolates, tarjetas con corazones, el día de la miel y las cursilerías. También es un día  para que quienes consideran los forever alone se quejen amargamente de su soledad como si lo único importante en este mundo fuera tener pareja y sin ella nada tuviera sentido.

De este día, no sé que me desespera más: el exceso de cursilerías o las quejas de los forever alone (no me gusta llamarlos así,pero es como ellos mismos se hacen llamar).  Me parece terrible que quienes no tienen pareja se etiqueten de esa manera.  Creo que me habría hecho daño etiquetarme así en mis tiempos de soltera; me podría haber creído eso y entonces sí sentirme así para siempre.

Pero no se trata de criticar este día, creo que eso ya lo han hecho mucho.  Claro que es bonito tener un día para celebrar el amor, aunque estoy convencida de que todos los días hay que celebrar y agradecer el amor en nuestras vidas.  Por supuesto es una buena idea dedicar un día para darnos la oportunidad de ser un poco más cursis y románticos de lo normal. Eso no me desagrada. Además, como también ese día se celebra la amistad, me hace feliz recibir mensajes, cartas o llamadas de mis amigos.

Lo que no me encanta es la mercadotecnia y la cantidad de mensajes equivocados que por medio de la publicidad se envían sobre el amor y lo romántico. El hecho de que para muchos regalar flores, tarjetas, chocolates, bombones sea considerado una obligación me desagrada bastante. Tampoco me gusta que para muchos hombres y mujeres este día sientan la presión de planear algo extraordinario para celebrar y no decepcionar a su pareja, quien  tiene muy altas expectativas para festejar ese momento.

Pensando en este día y las diferentes formas de celebrarlo, también me viene la la mente lo mucho que me desagrada la idea que hoy muchos tienen de lo romántico. Por ejemplo, algo que no me tiene nada contenta es como varias chavas están emocionadas por celebrar este día viendo en el cine la película 50 Sombras de Grey, una película llena de sexo pero que no tiene nada de amor ni de romance.  El ver la película en sí me parece irrelevante, pero considerarla como algo romántico y deseable,  me inquieta un poco. Ni siquiera logro entender por qué soñar con un hombre como Grey, pero no tengo nada más que decir al respecto de esa historia.

El que piensen que historias como esa son románticas, me obliga a preguntarme: ¿Qué es el romance? ¿y el amor?  Veo con tristeza que muchas personas confunden lo romántico con el tener contacto físico con la otra persona y con respecto al amor,  he conocido personas que lo miden de acuerdo al dinero.  He escuchado más veces de las que yo quisiera: «Mira el regalo (tan costoso) que le dio, se nota que la/lo adora».También hay quienes piensan que el amor es algo mágico que llega a convertirlo todo en color rosa.

Estando tan cerca del famoso  día de San Valentín no me preocupa la manera de celebrarlo, más bien filosofo un poco sobre el romance y el amor. Mis ideas no van de acuerdo con el materialismo y mercadotecnia alrededor de este día. Tampoco pienso en que lo romántico implica contacto físico. No me gusta la idea de que el no tener pareja implique algo negativo ni malo: la soledad significa oportunidad y es mucho mejor estar solo que mal acompañado. La soledad acompañada nos impide ver el camino a la felicidad.  El llamarse a sí mismo forever alone es como convencerse de que ese el único camino que queda y creo que no es una buena idea decretar lo que no queremos para nosotros.

Según el diccionario, romántico  significa apropiado para el amor o que lo produce.  En este momento, me quedo con la parte que dice «que produce amor».   Para mí lo romántico se encuentra en los  pequeños detalles (los cuales para mí son siempre los más importantes, los que más cuentan).

Los momentos más románticos de mi vida, contrario a lo que muchos pensarían, no están relacionados con besos ni tampoco con situaciones o relaciones amorosas; sin embargo, son momentos que sé recordaré a los ochenta y tantos años cuando esté por llegar el momento de mi muerte.

Uno de esos momentos sucedió cuando tenía 17 años; un amigo muy querido, mi hermano y yo estábamos platicando, sentados en la mesa del comedor de mi casa. Mi hermano le preguntó si sabía dibujar y él contestó que sí. Entonces mi hermano le pidió que me dibujara, lo que él hizo sin titubear.  Con su pluma dibujó una flor, sencilla pero hermosa. Después me miró con una enorme sonrisa y me la dio. Yo no podía hablar de la emoción. Guardé esa flor en un cuaderno y más de 20 años después, todavía la conservo.

Otro recuerdo que tengo sucedió muchos años después, cuando  fui a la República Checa,  J, mi amigo al visitaba, me llevó emocionado a un lugar muy especial e importante para él,  un lugar que se moría de ganas de mostrarme.  Cuando llegamos, era la escuela dónde le dieron mi dirección para que me escribiera (fue así como comenzó nuestra amistad por correspondencia y la cuál duró más de diez años).

Estos son algunos de los detalles con los que vivo lo romántico en la vida. Creo que lo romántico lo encuentro en la generosidad de las demás personas, en su sensibilidad, en su forma de mirarme, en su capacidad de conocerme, en los detalles.

Cuando empecé a salir con quien ahora es mi marido, todos los días me mandaba mensajes al celular; cuando iba a verme me traía emocionado las barritas que me gustaba llevar de lunch a la escuela (en esos días todavía trabajaba como maestra). Cada vez que me visitaba, sonreía al verme, cosa que no ha cambiado en los años que llevamos juntos (siempre me sonríe cuando despierta en las mañanas y cuando llega a casa en las tardes/noches).

El amor, según el diccionario, es el «conjunto de sentimientos que ligan una persona a otra». No me parece suficiente, pero no estoy muy segura de que el amor pueda definirse y no pienso intentar hacerlo. Lo más que puedo decir es que es el motor que mueve al mundo.  Definitivamente el amor no se trata de algo material, no se trata de tener lujos, no se trata de tener una pareja para presumir.  No es cómo las películas de Hollywood en la cual se juntan dos seres perfectos, guapísimos y con la vida resuelta. En la vida real ni somos perfectos ni nunca tendremos la vida resuelta, todos los días nos toca enfrentar diferentes retos, todos los días nos toca aprender algo.  Estoy segura de que se puede encontrar un amor que dure siempre, a pesar de que muchas personas afirman lo contrario. Sólo que es imposible lograrlo si buscamos los estereotipos que la sociedad impone, si nos guiamos por las comedias románticas del cine, si confiamos nuestra vida amorosa a novelas como las de Nicholas Sparks o John Green.

Al hablar de amor corro el riesgo de caer en lugares comunes o en la cursilería; sin embargo, la única manera que tengo de hablar de este tema es compartiendo mi experiencia o, mejor dicho, mi visión de este tema. Debo mencionar que en mi deseo de amar y ser amada, nunca me he centrado en el físico de los demás ni tampoco en el mío.  Jamás me he preocupado por ser físicamente perfecta ni tampoco me ha interesado que las personas a mi alrededor lo sean. En todos aquellos años en los que me sentí la flaca fea, soñaba con alguien que me amara a mí (mi alma, mi mente, mi manera de actuar y de ver el mundo) y nunca a mi cuerpo (la belleza física es efímera y jamás me aferraré a ella). No creo en curvas, tallas, estereotipos. No ofrezco perfección ni tampoco la exijo. Mi relación con el amor no tiene forma de flores ni de chocolates, tampoco involucra dinero.

El amor que vivo es un regalo que recibo todos los días y está siempre presente en el transcurso del día en detalles  como la llamada de mi marido a mediodía para decirme que me ama, para saber si estoy bien o si necesito algo; ese abrazo fuerte que me da todos los días cuando llega a casa feliz de verme después de un largo día trabajo; esa voz con la que me llena de paz cuando tengo miedo. De la misma manera está presente en su forma de impulsarme a ser mejor y a creer en mis sueños, en acompañarme a realizar mis metas, en su forma de confiar en mí y abrirme su corazón, en aceptarme tal cual soy con todo lo bueno que tengo pero también con mis sombras y tinieblas porque es el hombre que se queda conmigo cuando me enojo o me siento llena de defectos.

El amor que celebro y agradezco es un trabajo de equipo, es caminar juntos tomados de la mano, es reírnos de todo  en todos los momentos posibles.

No sé si celebrar el día del amor este año o no porque en realidad no necesito grandes sorpresas. No espero ni una cena espectacular ni mil docenas de rosas. No necesito llenar la casa de corazones. Lo único que sé es que todos los días celebro y agradezco el amor en mi vida.  Por supuesto, unos días es más fácil hacerlo que otros, pero me esfuerzo en hacerlo todos los días.

Enojada o cursi, ocupada o relajada, siempre busco del amor hacer mi día.

Feliz día del amor este Febrero y todos los días del año.

Flor

Flor

Lecturas de enero

•febrero 3, 2015 • Deja un comentario

Adiós enero. En este primer mes del año tuve la oportunidad de leer seis libros, de transportarme a seis diferentes mundos y pasar por emociones muy diversas.  Se me ocurrió hacer un breve resumen de estos libros y compartirlo con ustedes.

Comienzo por Sunset Park de Paul Auster, uno de mis autores favoritos. Confieso que Sunset Park no es mi novela favorita de Paul Auster; pero, como suele sucederme con sus novelas, una vez que empiezo una, no puedo dejar de leerla.

El personaje principal de esta historia es Miles Heller. Debido a un accidente del cual se siente responsable, abandona Nueva York, la universidad y la oportunidad de tener éxito en su vida; siete años después se verá obligado a regresar y enfrentar su pasado.

Al comienzo de la historia, Miles es un hombre que se conforma con lo que tiene, no parece tener ambiciones ni metas, disfruta tomar fotografías de los objetos que se quedan en las casas que fueron embargadas y está enamorado de una chava de 17 años. Después él se ve obligado a regresar a Nueva York donde vive con su amigo y dos compañeras.

En Nueva York vemos a un Miles siempre en conflicto, en constante angustia al igual que sus compañeros con los que vive. En medio de la terrible crisis económica del país en ese momento, todos buscan abrirse camino sin tener idea de nada. No tienen grandes expectativas ni intentan cambiar nada.

Se trata de una novela un tanto pesimista. Me quedé con un nudo en la garganta, con una enorme sensación de vacío y una buena cantidad de preguntas que me tomó un rato responder.

Me gusta leer a Paul Auster porque siempre me obliga a cuestionar la realidad, a ver las cosas de diferente manera.  Me resulta imposible resistir o escapar de su existencialismo.

El siguiente libro que leí fue Love de Toni Morrison. Me habían hablado tanto de esta escritora que, quizá, esperaba mucho. Empecé a leer este libro en octubre pero me olvidé de él y apenas hace unas semanas decidí terminar de leerlo.  El comienzo del libro fue algo aburrido, lento, pesado. A veces me perdía  en la trama y necesitaba regresarme un par de hojas para encontrar el camino.  Love es la historia de tres mujeres y su relación con el ya fallecido Bill Cosey. Fue necesario pasar de la mitad para que la historia comenzara a ponerse interesante, a tener sentido.

Cuando terminé de leerla, me quedé con la sensación de que algo me faltaba. Me quedaron muchos huecos en la trama.

Después de leer este libro, busqué algunas reseñas de esta novela y de acuerdo a lo que encontré, esta no es su mejor novela y no está a la altura de las otras novelas que ha escrito como su reconocida Beloved, la cual quiero leer para poder formarme una mejor opinión de esta escritora tan reconocida.

Esta navidad, nuestra querida Nessie, nos regaló libros a todos en la casa. Como sabe que Pride and Prejudice de Jane Austen es una de mis novelas favoritas, me regaló otro libro de Jane Austen, Persuasion. Hace tiempo que no leía un romance y fue una buena elección para comenzar el año.

Anne, la protagonista de esta historia, es una mujer de 27 años, culta, inteligente y la única en su familia con sentido común, la única para quien las apariencias no importan. La historia comienza ocho años después de rompió su compromiso con Frederick Wentworth, el único hombre al que había amado. Lo hizo porque su  amiga y confidente, Lady Rusell, la convenció de que no era el hombre adecuado para ella pues, ¿qué futuro le esperaba al lado de un marino sin fortuna?  Sobra decir que se preguntaba si había hecho lo correcto y que seguía amando al Frederick. Su mundo se puso de cabeza cuando por azares del destino volvieron a encontrarse.  ¿Podría el amor ser más fuerte que el resentimiento que Frederick le tenía por haber roto el compromiso? ¿Debía alejarse de él?

Pride and Prejudice sigue siendo mi favorita pero no puedo negar que disfruté mucho esta novela. Lo que me gusta de Jane Austen es su elegancia para contar una historia romántica. Conocía bien la importancia de los pequeños detalles en relación con el amor y es muy romántica sin ser excesiva. Fue una buena historia para despertar mi lado cursi para sentirme un poquito adolescente.

No todo es romance y para sacudirme un poco la miel derramada por Jane Austen, me fui al otro extremo y escogí un libro que desde hace tiempo tenía muchas ganas de leer: El Túnel, la primera novela de Ernesto Sábato. También es lo primero que leo de este autor y, puedo asegurar, que no será lo último que lea de él.

La historia me atrapó desde la primera frase: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne…”.

Juan Pablo Castel está en la cárcel y su intención es escribir un libro para explicar las razones que lo llevaron a matar a María. Él es un pintor a quien no le gusta la gente y quien se siente incomprendido. “Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté”.  Uff. No pude evitar suspirar con esta frase.

En esta novela corta, Ernesto Sábato nos muestra el lado más oscuro de la mente, de la naturaleza humana. Ese lado que me parece todos podríamos tener, pero que muchos preferimos no desarrollar.

Todos tenemos un lado oscuro; la pregunta es, ¿lo dejaremos salir o no?  Juan Pablo Castel no solamente lo deja salir sino permite que se apodere de él hasta convertirlo en asesino. El final lo sabemos desde la primera línea: mató a María. Lo extraordinario de esta historia es el proceso, lo que lo lleva a matarla y su manera de describirlo.

Hubo partes dolorosas, fuertes, momentos que me dieron una buena sacudida.  Al terminar de leerla tuve que esperarme un par de días para comenzar una nueva historia, un par de días para poder acomodar lo que este libro desacomodó.

En esos dos días leí solamente un poco de filosofía en un capítulo del Extraño Mundo de Sofía de Jostein Gaarder. Era el capítulo sobre la Edad Media traducido al portugués para mi clase de lenguas romances.

Hace algunos meses o quizá ya casi un año, una amiga leyó The Reluctant Fundamentalist  de Mohsin Hamid. Le gustó mucho y no dudó en recomendármelo. Me tardé un poco en conseguirlo y, por fin, me puse a leerlo.

La historia se desarrolla en una cafetería en Lahore, donde el protagonista, Changez, un hombre pakistaní se acerca a un hombre americano y comienza a conversar con él. Por supuesto, el americano se sorprende y da la impresión de sentirse incómodo con la “amigable” forma de Changez de dirigirse a él; sin embargo, acepta conversar con él.  Changez comienza a contarle la historia del tiempo en que vivió en Estados Unidos.  Fue un estudiante de Princeton y después trabajó en una importante empresa americana. Todo parecía marchar bien pero un evento cambió su manera de ver el mundo y su futuro: la explosión de las Torres Gemelas en 2001.

En un excelente y ágil monólogo, Changez le cuenta a este extranjero toda su historia.

Me gustó mucho su manera de escribir,  a la vez que nos cuenta su historia, nos describe  las reacciones del americano, sus diálogos con él (todo como parte del mismo monólogo).  El americano es desconfiado e indescifrable. Me inquietaba no saber qué estaba pensando y  no saber qué iba a pasar después.

El final fue una sorpresa. Me quedé pasmada. Me encontré con un libro diferente y bien escrito.

Por último, escogí un libro de Alice Munro. Ya había leído tres libros de ella y me encanta su mente retorcida, los giros inesperados de la trama, los finales abiertos. Capta mi atención con sus ocurrencias, con esas raras ideas que prevalecen en sus cuentos. Me emocionó tener en mis manos otro libro suyo: Open Secrets; sin embargo, admito que estos cuentos no me gustaron tanto.  Con la excepción de Carried Away, A real Life y The Jack Randa hotel, la mayoría de estos cuentos me resultaron un poco pesados, largos y confusos. El esfuerzo por entender algunos me costó un dolor de cabeza; fue agotador.

Esperaba más de este libro pues los anteriores fueron geniales. A pesar de todo, no puedo negar que me quedé con la agradable sensación de haber conocido un poco más de su impredecible narrativa.

Me gusta el ambiente opresivo y profundo en los cuentos de Alice Munro, sus descripciones minimalistas pero intensas y esos finales que nunca terminan…

 

Esos fueron los libros que me acompañaron en enero, ahora veamos que aventuras comienzan en febrero.

Lecturas

Lecturas

Hábitos.

•febrero 3, 2015 • Deja un comentario

Toma cuarenta días crear un hábito; deshacerlo, solamente cuatro.  Eso me lo dijo un amigo hace un par de semanas cuando hablamos del año nuevo y le conté sobre mis resoluciones para este 2015.  Me queda claro que por eso es tan complicado mantener los hábitos, ser constante. Lo que nos toma cuarenta días lograr, se puede desvanecer en cuatro; sí en sólo cuatro días, lo que podrían ser nuestros días de vacaciones. Después de esos cuatro días, habría que comenzar de nuevo casi desde cero para volver a consolidar esos hábitos.

A veces me parece que la constancia es una prueba de resistencia; una dura prueba difícil de pasar; sin embargo, no hay que darse por vencido y es necesario perserverar para poder llegar a dónde nos propongamos.

Comienza el segundo mes del año y hasta ahora he logrado ser constante.  Leo más de diez páginas diarias, escribo por lo menos cinco días a la semana y sigo trabajando en mejorar mi carácter (el punto más difícil de mis tres propósitos para este 2015).  Estoy a sólo diez días de crear, consolidar mis nuevos hábitos. ¡Diez días!  Me da muchos ánimos estar a punto de llegar a la primera parte de mi meta.

Por supuesto, este proceso de crearme nuevos hábitos ha sido un poquito pesado. Las primeras dos semanas tenía que estarme recordando constantemente mis objetivos a cumplir para ese día. A veces la flojera estaba a punto de vencerme; otras, el cansancio. Después de un día de mucho trabajo, de mucha actividad, al final sólo deseaba dormirme; sin embargo, en lugar de hacerlo, me puse a leer un rato. Apenas tuve el libro en mis manos me olvidé del cansancio y leí más de las diez páginas planeadas pues, una vez más, la historia me atrapó.

Leer y escribir con disciplina me obliga a estar más en contacto conmigo misma y, por consiguiente, con el mundo que me rodea.  Las palabras ya no se atoran en mi pluma. Cada día me voy sintiendo un poco más fuerte, más segura y más libre para compartir mis ideas.

Los sueños no se cumplen por arte de magia, por suerte, por milagro; se cumplen con esfuerzo, con trabajo, con fe y confianza en uno mismo. Se cumplen porque uno se mueve para lograrlo. A mí me gusta estar en movimiento. No soy de las personas que se sientan a esperar a que las cosas pasen o a suspirar porque no suceden. Me gusta actuar; me niego a ser una persona pasiva.  Creo en el poder de la visualización y del trabajo.

En este 2015 que comienza, además de visualizarme, esforzarme y creer en mí, estoy siendo disciplinada y constante. En estas cuatro semanas me he sentido más amiga de la pluma y de las ideas que en los años pasados.

En mi casa tengo una pequeña habitación para mí, mi querido estudio, mi lugar de trabajo. Frente a mi escritorio, pegado a la pared, tengo un pizarrón donde escribo mis pendientes de este mes así como mis objetivos y las fechas límite para realizarlos. Anotar estas cosas y las fechas límites me ayuda a concretar mis sueños, a convertirlos en metas. Lo que hago es decretar algo y poner todo a mi favor de una manera constructiva.  Esto me ha ayudado a organizar mis pensamientos e ideas, a tener bien claros mis objetivos y no distraerme. A veces mi mente es muy dispersa pero tener las cosas escritas frente a mí me obliga a concentrarme.

Aunque me dicen mucho que el tiempo no alcanza para realizar todo lo que deseamos, me he dado cuenta de que entre más tiempo libre tengo, menos me rinde para hacer todo lo que tengo pendiente; sin embargo, cuando estoy llena de actividades, me rinde mejor el tiempo y tengo la oportunidad de hacer más cosas. Además, termino el día menos cansada, más motivada y llena de energía.

Me siento bien. Me faltan sólo diez días para crear mis hábitos y sé que puedo lograrlo.

escribir y leer