Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Vigésimo novena carta.

¡Hola! Te escribo colmada de añoranza, con la devastadora falta de libertad para abrazar y ser abrazada, en está época donde la espontaneidad es la gran ausente. ¿Qué puedo hacer, Nadie, para sentirme mejor?

Esta noche sólo quiero contarte un momento de mi adolescencia, cuando estaba por cumplir dieciséis años. Tú sabes que era una adolescente muy insegura y nada sociable. Lo que no te he contado es que la canción de Juan Gabriel, Yo No Nací para Amar, era mi himno, a menudo me la cantaba sin dejar de llorar. Esto para decirte que no sólo no fui noviera sino que me tardé mucho en tener novio, estaba convencida de que me sucedería como a Juan Gabriel en la canción, que sería siempre una forever alone (como les llaman ahora). En fin, no me desvío más del tema. Si mal no recuerdo junio finalizaba. Mi amor platónico de varios años había terminado la prepa. Te contaré de aquel sábado, el día de la ceremonia de graduación en la escuela.

Yo le había enviado una carta de felicitación con una amiga, pues yo no sabía si iba a poder ir. No sé cómo me atreví a a hacer eso. Creo que fueron las palabras de una persona a la que admiraba mucho, me dijo: “La única locura de la que me arrepiento es de la que no hice”. Debo decirte que esa frase me sigue dando valor hoy en día. Esa mañana pude enviarle una carta, pero la mayoría de las veces no podía ni saludarlo. Ambos éramos demasiado tímidos en esa época y hubiera sido imposible mantener una conversación; pero algo sí te digo, cuando me volteaba a ver o me sonreía, yo mejor conocida como la flaca fea o vitola (nombre que usaban para insultarme, después supe que Vitola era una comediante talentosa y bonita), me sentía la dueña no del mundo sino del universo entero.

De la graduación sólo recuerdo las togas y birretes, a mi maestro favorito y a mi amor platónico recibiendo su diploma. En ese entonces, todavía era romántica en exceso y soñadora, estaba envuelta en miel. Ahora sé que eso era bonito y mágico y agradezco los breves instantes en que logro darme la oportunidad de volver a llenarme de miel. Él era flaco como yo pero más alto.

Terminada la ceremonia, felicité a mis amigas y después me debatía entre correr a casa o felicitarlo a él. En eso, él me buscó a mí cuando todavía era posible ser espontáneos y acercarnos no estaba prohibido. Al verlo frente a mí, aunque feliz, me quedé petrificada. Me agradeció la cartita que le escribí. No te rías de mí, Nadie, pero nunca supe si le respondí o no, tampoco supe si después de eso él me abrazó a mí o fui yo la que lo abracé. Porque desde de que me dio las gracias dejé de tener los pies en la tierra, me fui a ese lugar donde somos ligeros, luminosos y la tierra no existe. Así de sencillo.

Sabes, a menudo decimos que el tiempo se hace eterno cuando uno está aburrido y que cuando estamos felices pasa demasiado rápido. Cierto es que una infinidad de veces he querido detener el tiempo, por lo menos unos minutos, pero esa vez, no podría decir lo mismo. No quise alargar nada porque así estuvo increíble. Fue la primera vez que viví algo así y, te aseguro que lo he vivido pocas veces en mi vida, no es algo que suceda todos los días -me resultaría imposible comer, trabajar, escribir, cuidar mis plantas y, además, sería agotador.

Pues sí, perdí la noción de todo y no tengo idea de lo qué duró ese abrazo, no sé si fueron segundos o minutos, sólo tengo claro que me fui al infinito: olvidé dónde estaba y hasta mi nombre. Me encontraba en un lugar donde predominaban el bienestar, la armonía, la ilusión, la paz. Esa Carla navegaba en el cielo de los instantes felices.

Fue abrupto el regreso a la realidad; de pronto abrí los ojos y estaba en sus brazos, mi cabeza recargada en su pecho- ¿a dónde se había ido la timidez?- . Empecé a temblar, no quería moverme pero me puse demasiado nerviosa. Sonriendo nos despedimos.

Querido Nadie, no fue mi primer beso pero el terremoto dentro de mí fue mucho más intenso que aquel primer beso que recibiría años después. Ese abrazo me dio esperanza y recordarlo me ayudó en los días solitarios. ¡Qué poderosa me sentí ese gran sábado!

Esta semana he tenido muy presente esta historia porque no puedo dejar de pensar en los adolescentes y los adultos jóvenes, quienes estudian en casa, viven las graduaciones desde la computadora, tablet o celular, y pasan los meses encerrados, aislados en un época donde la espontaneidad no cabe. ¿Abrazarse y besarse así nada más, sin planearlo antes? ¿Cómo están descubriendo el mundo? ¿Cómo lo sobrellevan? ¿Cómo conviven con sus amistades? ¿Qué sucede con las historias que no han podido escribir? ¿Y qué pasa con el romance, con sus ilusiones?

Me aterra que no tengan historias fuera del mundo virtual que recordar de sus años adolescentes. Me preocupa que no sepamos orientarlos. ¿Qué pasa con su soledad? ¿Cómo van a socializar después de esto? ¿Habrá un después de esto? También me pregunto cómo vamos a reconstruirnos todos. ¿Cuándo volveremos a pasear tranquilamente por las calles y abrazar con fuerza al amigo querido que se cruzó en nuestro camino y al que teníamos años de no ver?

Ojalá que, como dice mi esposo, en el futuro recordemos al 2021 como el año que nos trajo alivio, ojalá que llegue pronto.

Un abrazo para ti,

Carla

P.D. Junto con esta carta de te envío una foto del cielo despejado de esta mañana. ¿Ya viste las nubes? Espero que te guste.

El Cielo Desde mi Ventana

~ por Naraluna en enero 23, 2021.

2 comentarios to “Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Vigésimo novena carta.”

  1. Querida Carla:
    Gracias por compartir con nosotros una historia bonita de tu adolescencia, del amor dulzón que deja el pasado en esa edad y de todos esos recuerdos. Sin duda creo que este confinamiento tan largo y tan extraño ha venido a causar muchos cambios en nuestra forma de vivir la vida, pero hasta en el encierro estoy convencida de que esos jóvenes van construyendo sus propias historias y que cuando todo esto acabe, cuando por fin, por fin acabe, podremos salir a la vida a disfrutarla más que nunca lo hemos hecho. En fin, abrazos desde México.

    Alba

  2. Felicidades por esta carta. Es padre recordar esos momentos mágicos que como dices suelen ser contados. Me encantó que pienses de lo que se están perdiendo los adolescentes en estos tiempos de encierro. Ojalá esto termine pronto para que puedan tener estos momentos mágicos q luego recordarán con tanta ilusión y nostalgia.
    Adriana

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