Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Vigésimo octava carta.

31 de diciembre 2020

¡Hola! Es el último día del año. Mi casa huele al ponche que está en la estufa, ya casi listo para la cena. Desde que Jea y yo empezamos a vivir juntos tenemos la tradición de celebrar la llegada del Año Nuevo con una gran reunión en nuestro hogar, al que llenamos de familia y amigos.  Estaba emocionada porque este año lo haríamos en nuestro departamento (nos mudamos hace casi un año) pero no será así: nada de fiestas ni gente.

No te lo voy a negar, estoy muy triste. Llevo a cuestas la soledad de esta pandemia, estoy desesperada por ver a mis seres queridos y abrazarlos sin reservas ni temor. Me hiere la añoranza. ¿Cuándo fue la última vez que participé en un karaoke o que bailé con mis amigos?  ¿Cuándo fue la última vez que me acerqué a alguien sin pensar en la sana distancia o enfermedades? ¿Volveremos a ser espontáneos cuando nos encontremos con alguien conocido?

Te escribo con la mano temblorosa mientras la tinta avanza por un terreno incierto.  Yo sólo lloro evitando que alguien me escuche.  Las perritas le ladran al viento, yo observo con melancolía cómo los árboles se mueven de un lado a otro.

El covid se hace presente hoy más que nunca y yo quiero olvidar que existe, que estamos atrapados en este encierro  donde convivir físicamente con alguien puede resultar el peor pecado del universo. Nadie, me duele la soledad de quienes están enfermos, de quienes han sufrido pérdidas y se ven obligados a vivir su duelo aislados. ¿Cómo sobrellevar la muerte de un ser querido sin tener ningún tipo de contacto físico con los demás?

Hoy termina un año duro, muy duro para los habitantes de este planeta.

No quería pasarme el día tristeando, así que en la mañana mientras cortaba la fruta para preparar el ponche estuve cantando Timbiriche. Revivir mi infancia mantuvo mi pensamiento muy lejos del covid.  Nadie, no te burles, pertenezco a la famosa generación Timbiriche. Tenía cinco años cuando empezaron a cantar y su música me acompañó hasta llegar a la adolescencia.  A mi prima y a mí desde chiquitas nos encantaba Benny Ibarra (me sigue encantando, no lo niego). Mientras cantaba, volví a sentir la ilusión con la que ella y yo  veíamos la vida en aquel entonces. Tuvimos la suerte de vivir una infancia mayormente alegre, llena de travesuras y risas.   Pero no sólo pensé en ella o en mis hermanos, sino en momentos felices de mi infancia que ya había olvidado (porque por muchos años me avergoncé de todas las Carlas que fui y no me atrevía a mirar atrás) en la escuela o en el club cuando iba a nadar, a jugar a tenis, a pasarla bien. Fue una lluvia de risas, de sueños, de travesuras, de sentir que todo está bien, de volver a la libertad que siempre dimos por sentado hasta marzo de 2020. En fin, no creas que escucho seguido a Timbiriche, ni mucho menos que me pase horas cantando su música, pero fue sanador hacerlo. Creo que estarás de acuerdo conmigo en que la vida es mejor cantando.

El año se termina y aunque no me siento feliz, sí tengo muchas cosas que agradecer: un día más de vida, de tener salud, de estar rodeada de amor. A pesar del confinamiento/ pandemia, este año he podido reconciliarme conmigo misma, me siento bonita cuando me veo al espejo, ya no me siento tan inútil como en marzo cuando empecé a escribirte cartas de nuevo. Soy más valiente ahora y creo que también mejor persona. En esta época confusa, los vínculos con mis seres queridos se han fortalecido. Las videollamadas me han permitido estar cerca de mis amigos que viven lejos. 

A pesar de la incertidumbre miro hacia al futuro y tengo esperanza de volver a convivir en libertad con los demás, a abrazarlos , abrazarlos  y seguirlos abrazando. Lo siento, sé que cada vez que te escribo hablo de abrazos, ¿cómo evitarlo si no puedo dejar de pensar en eso? Lamento ser tan repetitiva, pero es algo que me pesa y no dejará de pesarme mientras sigamos viviendo esto.

No sé si el 2021 será un año feliz, sólo sé que me seguiré esforzando en dar lo mejor de mí y llenar de amor a las personas que me rodean.

Antes de despedirme, quiero decirte que mis plantas son más rudas de lo que imaginaba: casi todas han sobrevivido a la plaga. Yo ya me había dado por vencida, pero esta semana dediqué una tarde a cuidarlas.  Mi salvia  por primera vez desde que la compré ya tiene botones. ¡Ya vienen las flores! ¡Ya quiero verlas!  El jitomate ya tiene muchas flores y dos pequeños frutos. Los geranios están preciosos.

Nadie, mi querido Nadie, deseo que este Año Nuevo sea un año de amor, salud y luz para ti y tus seres queridos. Que el 2021 nos traiga a todos libertad para convivir unos con otros sin tanta distancia ni consecuencias mortales, que nunca volvamos a pasar tanto tiempo en aislamiento, que podamos ayudarnos a sanar.

Me despido con una foto del último atardecer de este 2020 que tomé para ti. Lo vi hace un ratito desde mi ventana, a pesar de mi ánimo raro, me hizo sonreír.  La Madre Naturaleza siempre sabe cómo sorprenderme.

Último atardecer del 2020

Todo lo mejor te deseo, todo lo mejor hoy y siempre a ti, mi sempiterno confidente, gracias por leerme, muchas gracias.

Carla

~ por Naraluna en enero 1, 2021.

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