Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Vigésimo sexta carta.

24 de diciembre 2020

¡Hola! En otras circunstancias, lo primero que te escribiría en esta carta, querido Nadie, sería “Feliz Navidad para ti”. Sin embargo, este año eso me parece una utopía, un maravilloso deseo que quizá se sienta pesado. ¿Cómo decirlo con el quédate en casa sin abrazos? ¿Cómo decirlo con tanto duelo, soledad y temor? ¿Cómo decirlo con el corazón escondiendo el llanto? Sobre todo, ¿cómo decirlo si me agobian los mensajes de feliz navidad que están circulando en redes sociales y whatsapp? Pareciera que nuestro destino se transformará con sólo mencionar las palabras mágicas.  Perdón, Nadie, no sé si soy una amargada o la situación me agota.

Escuché Adeste Fidelis en la mañana y me conmoví profundamente. Me enamoré de esa canción en primaria cuando aprendí a tocarla en la flauta.  ¿La conoces? ¿Te gusta? ¿Te da nostalgia cómo a mí?  ¿Cómo vives la Navidad ahora?

Cuando era niña esperaba con emoción el día en que mamá y yo (después también mis hermanos) decoraríamos la casa de Navidad. Empezaba con sacar las cajas, armar el arbolito y acomodar las luces (eso lo hacía ella sola). Ya que el árbol estaba bien iluminado, entonces empezábamos a decorarlo con esferas, moños (hechos por ella) y otros adornos.  A menudo me quedaba en la noche admirando las luces y soñando despierta.

Mi abuelita materna amaba la Navidad y tiraba la casa por la ventana cuando se acercaba la fecha. Su casa era un paraíso de luces de colores, alegría y muchos dulces. Cada año nos hacía mentitas que sus nietos devorábamos sin contenernos.  También había varios postres, recuerdo el ensoletado (ahora mi mamá lo hace cada año y es una delicia).

Con mis abuelos paternos la Navidad era la oportunidad de estar con mi prima que vivía en Querétaro.  Al acercarse la medianoche, todos los nietos cantábamos villancicos justo antes de poner al niño Jesús en el pesebre.  Nos desvelábamos haciendo travesuras y estrenando nuestros regalos.

Convencida de la magia de esas fechas, le pedía a Dios deseos locos como que me hablara el niño que me gustaba o que pudiera hacer magia como Gigi o Lalabel (de mis caricaturas favoritas).

En la adolescencia me convertí en Grinch, por muchos años odié la Navidad. Después encontré el equilibrio  y ya no la veo como un día mágico pero si como la oportunidad de convivir con nuestros seres queridos y hacernos más conscientes del amor que nos rodea (cosa que deberíamos tener presente cada día del año). Recuerdo las tardes que pasé con Rebeca haciendo las tiras de palomitas para decorar el  árbol (como la hacía mi abuelita) y mi corazón se alegra.

En fin, estos recuerdos (y el estar escuchando mil veces Adeste Fideles mientras te escribo) lograron sacar el invierno de mi corazón y ya estoy lista para felicitarte (si se le puede llamar así).

Querido Nadie, deseo que tengas una Navidad cálida, que te abrace el amor de tus seres queridos y si estás solo que  los recuerdos de momentos felices te acompañen y te den alegría, que la luz sea mucho más abundante que la oscuridad y que vengan tiempos mejores para ti y los tuyos.

Amor para ti en Nochebuena, Navidad y siempre. Confío en que superemos esto y pronto volvamos a reír a carcajadas muy cerquita de nuestros seres queridos.

Mucha salud para ti,

Carla

P.D. Te envío una foto de mi arbolito. Sí, ya lo sé, está demasiado pequeño ( así no se lo comen mis perritas) pero creo que quedó bonito.

Mi arbolito de Navidad

~ por Naraluna en diciembre 24, 2020.

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