Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Cuarta carta

30 de marzo 2020

¡Hola! No sabes cómo extraño caminar en las calles llenas de Jacarandas en esta época. Cada año me gusta salir a buscarlas con mi cámara. Me pesa no poder hacerlo ahora, sin embargo, ayer hice una breve visita a mis papás y en el camino me encontré unas esplendentes, saludables y colmadas de flores. El año pasado no la pasaron tan bien porque tenían mucha plaga. ¡Qué fuertes están ahora!

Me resulta muy doloroso ver a mis papás y mantener la distancia necesaria para cuidarnos todos. Me animó sí poder acercarme a las jacarandas, abrazarlas y dejar que me cubrieran de violeta. Por unos segundos me convertí en primavera y dejé de verme como a una persona marchita. ¡Me alegró verlas! Por supuesto que tomé algunas fotos para ti. ¡Te van a encantar! Como la calle estaba vacía pude darme unos minutos para admirarlas. Después de verlas, no me pesó tanto volver al encierro.

Mientras te escribo pienso en el lado amable del Internet, en cómo me ayuda la tecnología. Tú sabes que yo pertenezco a esa generación que nació sin Internet y que teníamos poco más de veinte años de edad cuando lo conocimos.

¡Cómo era larga la distancia hace unas décadas! Tenía dieciséis cuando una amiga cercana se fue a vivir a Australia. Sólo teníamos dos maneras de comunicarnos: por cartas o por teléfono. El correo era muy lento: la carta tardaba meses en llegar a su destino (si llegaba) y hacer una llamada de larga distancia era muy caro. En aquel entonces hablar un minuto a Australia costaba catorce pesos (una fortuna). Por lo tanto, no estuvimos tan en contacto el tiempo que ella estuvo fuera. Quizá si no hubiera regresado cuando lo hizo, habríamos dejado de hablarnos.

Ahora, la situación es muy diferente. Con la llegada del Internet, es más sencillo comunicarse sin salir de casa. Los correos electrónicos se reciben al instante. Además están las redes sociales, las videollamadas, los mensajes de WhatsApp. El celular es una mini computadora muy potente y con cámara fotográfica integrada. Te impresionaría ver todo lo que es posible hacer con un celular e Internet. Sí, ya sé, que eso también puede ser muy peligroso. Estoy de acuerdo contigo, pero hoy sólo quiero hablar de las cosas buenas, como la posibilidad de volver a conectarme con personas queridas a las que dejé de ver por años. Siempre he tenido una relación muy mala con el teléfono, por eso he perdido contacto con muchas personas. En cambio, comunicarme con mensajes es genial, me encanta. Puedo escribir a la hora que sea sin interrumpir a la persona y ya me contestará cuando me lea y esté disponible.

Mmmh. Ya sé lo que estás pensando pero no, no seas tan escéptico, mis relaciones no son nada más virtuales. Cuando te hablé de las relaciones que he recuperado no me refiero sólo al hecho de escribir y recibir mensajes (lo cual sí es importante para mí) sino también de reunirnos para platicar, tomar un café, celebrar y lo he hecho con algunas personas. En fin, ¿No te parece irónico que justo en este momento que me había propuesto salir de mi ostracismo y socializar más, llega a encerrarnos el coronavirus? Te diría que es un aguafiestas, pero hoy no estoy de humor para hacer chistes.

Antes odiaba las video llamadas, sobre todo cuando se pusieron de moda. Pensar en que me vieran a través de una cámara me ponía muy muy nerviosa (no es que ahora me ponga muy tranquila, pero al menos ya no les tengo fobia). Hablar con una persona en el teléfono es difícil para mí pero hacerlo a través de una pantalla lo es mucho más. Las primeras veces me sentía muy incómoda y torpe. Sin embargo, no niego que hacer una llamada tiene su encanto: me permitió ver sonreír a mi querido amigo Herwig por última vez. Vivía en Austria y se lo llevó el cáncer antes de que pudiéramos volver a reunirnos. Algo que nunca le he dicho a nadie, hasta ahora que te escribo a ti, es lo culpable que me sentí porque a él le encantaban las videollamadas y yo las evitaba porque no pude superar el estrés que me causaban. Perdí muchas oportunidades de convivir con él de esta manera. Sí, claro, nos enviábamos mensajes de voz y fotos casi diario, pero hoy sé que no es lo mismo. Poco más de dos años después de su muerte, te confieso, que eso me sigue doliendo. Me lo reclamé muchas veces y me ha costado mucho reconocer la parte de mí que sí fue una buena amiga para él. No me es fácil contarte esto, pero, a la vez me está ayudando. Desde entonces me prometí superar la fobia a las cámaras y no ser tan renuente a estar frente a ellas . Eso no implica que no me sonroje, que me ponga muy nerviosa y a veces todavía me sienta muy torpe, pero ya no me intimidan tanto.

A mi mejor amigo, Fabricio, le encantan. Sigue sin ser fácil para mí, pero verlo haciendo caras chistosas en la pantalla de mi celular me hace feliz y entonces Pittsburgh no parece tan lejano. Hoy tengo esta sensación agridulce porque pienso en lo que me perdí con Herwig pero también en lo que puedo aprovechar ahora.

Querido Nadie, estoy aprendiendo a ver más allá de mis fallas y te agradezco que me acompañes en este proceso. Odiaba la cámara porque me hacía estar demasiado consciente de las cosas que no me gustan de mí. Centré mi atención en eso y eso me impidió disfrutar más de mi amistad con Herwig. Ya no voy a reclamarme más por eso. Confío en que él sabe lo importante que fue y será siempre para mí.

En estos días de aislamiento las videollamadas adquieren un nuevo significado para mí: ofrecen la posibilidad de convivir con mis seres queridos sin ponernos en riesgo y de socializar en esta pandemia que nos aísla. Me dan alegría. Hace unos días Fabricio y yo pasamos más de una hora así; nos distrajimos del encierro y reímos. Me sentí bien. Entonces me queda claro que es el momento de vivir esta experiencia con mis papás, hermanos y sobrinos para que la distancia duela menos. Nunca se va a comparar con tenerlos en frente y darles un abrazo, pero verlos ayuda, ayudará mucho.

Querido Nadie, estoy mejor pero me siento triste, muy triste, con muchas ganas de escapar del distanciamiento social y abrazar, abrazar mucho a mis seres queridos, abrazarlos siempre.

Ya no quiero ser ermitaña. Nunca seré la persona más sociable del mundo, pero sí te aseguro que ya no quiero ser ermitaña. Ya no más.

Es todo lo que quiero decirte esta vez. Pronto volveré a escribirte.

Carla

~ por Naraluna en marzo 31, 2020.

Una respuesta to “Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Cuarta carta”

  1. Me ha encantado ser nadie mientras leía tu carta, preciosa por cierto, llena de sencillez y cercanía

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