Miedo, ansiedad y la ilusión del futuro.

Tengo el pelo blanco, arrugas en todo el cuerpo y estoy cada día más cerca de mi final pero eso no me detiene: corro. Disfruto la caricia del viento y la adrenalina de llegar a la meta. Mis piernas son muy fuertes, casi tanto como la voluntad de terminar este maratón.  Voy a cumplir noventa años y  me parece tener la energía de cuando hice mis primeros veintiún kilómetros a los 39 años.  Me gustó tanto que me propuse correr un maratón y cuando por fin lo hice, decidí seguirlo haciendo mientras tuviera vida. Aquí estoy, llegando a la meta y cumpliendo mi sueño.  

Veo mi vida y no me lamento nada. Estoy satisfecha.   Empapada en sudor llego al kilómetro cuarenta y dos. Feliz voy por mi medalla, quizá la última que gane (no aspiro llegar a los cien años). 

Soy afortunada. Agradezco el camino que he recorrido. Mientras esté aquí seguiré soñando sin detenerme…

Abro los ojos sorprendida. Ya había olvidado el bienestar que da el visualizarme en el futuro.  Estoy contenta. Hacer esto me ayuda a construir la felicidad que se me estaba escapando.

No supe cuándo ni cómo los demonios se apoderaron de mis sentidos y hasta de mi voluntad: esos miedos tan profundos me paralizaron. Me perdí en las tinieblas de una alergia que no me soltaba y en el tétrico universo de los pensamientos sombríos. Volvieron las noches de ansiedad con hormigueos en el cuerpo y las imágenes aterradoras cada vez que cerraba los ojos.

He encontrado mucha paz en la meditación y eso me ayudó a darme cuenta que necesito crear pensamientos positivos, ilusiones, deseos que alejen a los demonios.  Es difícil verme tal cual soy si la oscuridad nubla mi juicio.

En lugar de soñar despierta, mi mente imagina tragedias, angustia, dolor.  Ha sido como estar atrapada en la sala de un cine donde sólo se exhiben películas desgarradoras como La Caza (Jagten. 2012), Requiem for a Dream (2000), El Hombre Elefante (1980), The Baby of Macon (1993), Dancer in the Dark (2000), The Machinist (2004) o The Deer Hunter (1978).

Vivir en miedo me ha dejado exhausta. Me ha faltado voluntad y energía para realizar mis actividades. Me quedé sin ganas ni disciplina para entrenar. La lesión en la pierna tampoco me ha ayudado mucho: me desmotiva no poder correr.

¿Cómo encontrar pensamientos positivos? ¿Qué me hace feliz? No recuerdo cuándo fue la última vez que soñé despierta. Hasta hace un par de días ni siquiera tenía claro qué deseaba para mí. Estaba tan envuelta en la neblina de historias lúgubres que me sumergí en mi propio apocalipsis.

Hasta que me atreví a ponerle nombres a mis miedos y los dije en voz alta.  Al escupirlos empecé a encontrar la luz.  Logré salir de la sala de cine de películas desgarradoras y avancé a la sala de películas rosas, un poco de miel no me hará daño.

Me merezco ser feliz pero ha sido un hábito encontrar razones para no serlo ( consciente o inconscientemente). Estoy aprendiendo a soñar despierta como lo hacía antes. Cuando aparecen la imágenes aterradoras en las noches, busco reemplazarlas con los momentos felices que he vivido y que anhelo vivir.

Me visualicé en el futuro como cuando decidí viajar a Europa en el 2006.  Se presentaron algunos obstáculos pero logré hacer ese viaje.  Cuando corrí el maratón, decidí que seguiré corriendo maratones hasta que la vida se me acabe.  Volver a pensar en eso y verme haciéndolo me devolvió la voluntad para regresar a entrenar y me está ayudando a dejar atrás los pensamientos negativos.

Cuando voy en el pesero o en caminando en la calle,  en lugar de seguirle dando cuerda a mis miedos, ahora concentro mi atención en los detalles que me dan bienestar como ver las jacarandas en flor: por algunas semanas, en esta época del año, la ciudad se viste de violeta.

jacaranda

Jacaranda Ciudad de México

Sublimo mi ansiedad dibujando. Me siento orgullosa del atardecer que plasmo, es sólo un ejercicio pero me da ilusión hacerlo.

Mi jardín se está llenando de flores. Las abejas lo visitan de nuevo y me permiten tomarles fotos. Estas imágenes me ayudan a olvidar las tinieblas.  Nombrar mis miedos me hizo más fuerte y la alergia por fin deja mi cuerpo: ahora soy libre para avanzar a donde quiero.

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“Estas imágenes me ayudan a olvidar las tinieblas.”

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Tomillo y abeja.

No me siento agotada. Ya no me estoy durmiendo todo el día.  Mis piernas volverán a sentirse ligeras y los hormigueos ya no llegan cada noche.  He podido pasar más de un mes sin tener ninguna crisis de ansiedad, estoy segura de que volveré a lograrlo.  Un paso a la vez.  Nada me detiene, nada.

 

 

 

 

~ por Naraluna en marzo 21, 2018.

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