No me quiero despedir…

Mi muy querido Herwig:

A veces cuando camino a casa de regreso del gimnasio, siento la necesidad de mandarte un mensaje de voz como solía hacerlo antes.   Ahora ya no tengo a donde enviarlo,  entonces lo guardo en mi teléfono con la voz entrecortada.

Quisiera decirte que estoy bien y celebrando tu vida, pero todavía no llego a ese momento.  Sé que ya estás navegando por el cielo, rodeado de amor y muy lejos del sufrimiento. Saberte bien me da paz y alivio; sin embargo, todavía no me es posible asimilar tu ausencia. Mi mente lo sabe pero mi corazón sigue esperando tus mensajes de voz y que vengas a México como tanto lo deseaste.

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Herwig. Mi dibujo.

Hace un par de días estuve muy enojada. No creí que podría molestarme tanto ante la muerte, pero estaba furiosa.  Furiosa con la distancia que me impidió volver a verte y estar contigo en tus últimos días.  Furiosa con el cáncer que no dejó de invadir tu cuerpo. Furiosa con la muerte porque te impidió cumplir tu anhelo de muchos años: venir a México.

Me pasé la tarde llorando y hundiendo los lápices en mi libreta de dibujo. Expresé mi dolor e impotencia sin palabras, con colores e imágenes surrealistas.

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Expresé mi dolor e impotencia sin palabras.

Luchaste con pasión y entereza, superaste tus miedos. Eras más fuerte de lo que creías y nunca te quebraste. ¡Tenías tantas ganas de vivir!  Tus últimas palabras para mí fueron que te llevara a Real del Monte si venías a México el año próximo.  Al instante supe que era la despedida, pero no pude evitar emocionarme, creer en que quizá un milagro sucedería. Todavía guardo ese mensaje.

Terminar de dibujar calmó la ola de violencia que me dominaba. Me quedé sólo con la tristeza. Aunque vivíamos muy lejos el uno del otro: tú en Austria; yo, en la Ciudad de México, eso nunca nos impidió estar muy cerca.  Hablaba más contigo que con muchas personas que conozco y que viven aquí en la ciudad.

Extraño los mensajes de voz que recibía casi todos los días. Extraño tu manera de cantar mientras buscabas la palabra que necesitabas en inglés que en ese momento sólo venía a tu mente en alemán. Extraño escuchar sobre tus viajes, tus amigos, tus ideas.  Extraño las fotos que me enviabas (casi todos los días, hasta de la comida que te dieron en el hospital cuando te operaron de la espalda).  Extraño tus palabras de aliento, tu risa, tu  manera de alegrarme el día aun si tú estabas triste. Extraño tu manera de expresarte libremente, de abrirme tu corazón, de querer a mi familia.

¡Te extraño! No sé cómo salir de esta melancolía, cómo superar tu ausencia y celebrar tu vida. No sé cómo sacudirme los hubieras, los me faltó decirte, los no hice.

Esta mañana recibí un mensaje donde me contaron que recibiste muchas flores en tu funeral. Tu hermano habló de tu vida y leyeron las palabras que te escribí cuando me enteré de tu muerte. ¡Mi querido Herwig, de alguna manera pude estar presente en tu despedida!  Una vez que terminó la misa, fueron a un restaurante donde contaron anécdotas que vivieron contigo.  Me dolió no haber estado ahí para escucharlas y así conocerte a través de ellos. Me habría gustado hablarles de ti, compartirles algunas de nuestras vivencias.

También recibí un video de cuando trabajabas en la radio en 1984 (yo te conocí varios años después cuando trabajas en la radio de una Universidad).  ¡Qué emoción poder verte! Se me salieron las lágrimas cuando escuché tu voz, esa voz que conozco tan bien y que todavía puedo escuchar en esos mensajes que no tengo el valor de borrar.

Tengo la tristeza adherida al cuerpo. Llevo casi una semana escondiéndome del mundo. Me gusta la calma de mi casa y el hecho de no tener que hablar con casi nadie (excepto mi familia). Me hace bien la soledad, no soporto el ruido afuera.

No te preocupes, estoy bien, sólo necesito un poco de tiempo.  Sí voy a entrenar todos los días, no pierdo la disciplina, la constancia ni la voluntad de llegar a la meta. Correr despeja mi mente y me ayuda a no tener ansiedad.

Me envuelve el silencio de esta tarde sin grillos. Sigo grabando mensajes para ti aunque no tenga a donde enviarlos. Mi WhatsApp se ha quedado mudo.

Hoy lloro tu muerte mi querido Herwig, pero prometo pronto celebrar tu vida. Sonreiré y te recordaré siempre.  No hay muerte mientras el olvido no llegue.

“Generoso, amable, cariñoso y leal, una de las personas más maravillosas que he conocido, un amigo con quien siempre he podido contar. Un guerrero, un gran hombre. 

A pesar de la distancia, estábamos muy cerca el uno del otro. Soy muy feliz por haberte conocido. Doy gracias a Dios y a la vida por bendecirme con un amigo tan extraordinario como tú.

Gracias, querido Herwig, por nunca perder la fe en mí, por amarme incondicionalmente.

Herwig era ese amigo quien, incluso cuando estaba luchando por su vida en el hospital, me habló muy temprano en la mañana para felicitarme por mi cumpleaños. Cada invierno me mandaba fotos de la nieve porque sabía cuánto me gustaban los paisajes nevados. Cada vez que hacía un viaje, me mandaba una postal porque sabía que me hacía muy feliz recibirlas.

Tomé esta foto en el 2006. ¡Qué grande era tu sonrisa! Estoy segura de que estás feliz ahora.

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Happy Herwig.

Te extraño pero me alegra que ya no vas a sufrir. Te extraño pero sé que ya estás bien. Te extraño y siempre voy a hacerlo.

¡Qué triste me siento! ¡No puedo creer que ya no volveré a verte!

Siempre vivirás en mi corazón. ¡Siempre!

Te admiro. Te quiero. Gracias, muchas gracias porque siempre pude contar contigo. Quiero que todos a mi alrededor sepan la increíble persona que fuiste (eres).

Adiós, querido Herwig, descansa en paz. No hay dolor en el Paraíso, sólo amor, siempre amor.”

Con estas palabras, las que leyeron en tu funeral, cierro esta carta para ti.  Te quiero, Herwig.  Un abrazo al cielo hoy y siempre.

Carla

 

~ por Naraluna en noviembre 17, 2017.

2 comentarios to “No me quiero despedir…”

  1. Lo siento. Fuerza!

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