El Síndrome de la Culpa.

¿Cómo ayudar a alguien a levantarse si uno no está de pie?

Desde que tembló el 19 de septiembre sólo he dormido bien un día. Los demás, aunque he logrado conciliar el sueño, me despierto constantemente y tengo pesadillas.  No recuerdo la mayoría pero hay una que todavía me deja sin aliento:  Estoy en un lugar donde las personas están muriendo de hambre. No ceso de correr de un lado a otro para ayudarlas pero nada de lo que hago es suficiente. Siempre falta comida y siempre hay gente sufriendo. Me siento insuficiente y también culpable.

Me despierto en las mañanas sudando, con una opresión en el pecho que me impide respirar con soltura.  Hay un sentimiento muy real en mis pesadillas que no se esfuma al abrir los ojos: la culpa que me ahoga desde que tembló. La culpa de estar bien mientras muchos perdieron sus pertenencias y/o, peor aún, a sus seres queridos.

Los primeros días sobreviví a ese sentimiento ayudando casi sin detenerme. Después mi cuerpo me exigió parar. Creí que volviendo a hacer las cosas que me gustan y meditando encontraría la normalidad y podría seguir ayudando pero no ha sido así.  Las pesadillas no se van, mis defensas siguen bajas,  me duele la cabeza y me siento cansada. Tengo sueño la mayor parte del tiempo excepto cuando llega la hora de acostarme.

Ya no quería escribir sobre este tema pero ignorarlo sólo ha intensificado mi malestar.  Últimamente me siento culpable, impotente y con el corazón oprimido.  He luchado por combatir los sentimientos negativos que no me permiten estar bien conmigo misma.  ¿Cómo volver a la normalidad ahora?

Además del dolor de cabeza y la debilidad en el cuerpo, hoy me desperté con el valor para hablar de esto sin que me importe el rechazo o los juicios que puedan surgir con respecto a lo que escribo, a lo que siento. Esconderme sólo ha hecho más grande mi desasosiego. No, no he alcanzado la normalidad pero estoy trabajando para llegar a ella y  poder estar bien de nuevo.

No, aún no me recupero de esta fuerte sacudida que me recordó lo vulnerables que somos y que dejó indefensas a tantas personas. Todavía me altera escuchar cualquier alarma (de coches, sirenas de los policías, ambulancias). Mi cuerpo siente temblores que no existen y me mareo. Me cuesta trabajo estar en lugares donde haya mucha gente (si siempre me ha sido difícil, ahora parece una misión imposible) y la culpa me impide disfrutar el día, como si disfrutar algo en estos momentos me convirtiera en una mala persona.

En la meditación que hice hace un par de horas,  por primera vez fui capaz de ver sin juzgar lo que hay dentro de mí y me di la oportunidad de llorar libremente mientras la opresión en el pecho comenzaba a disolverse.  Es apenas el primer paso, pero me tranquilizó.  Ahora le doy mi voz a la pluma y le permito que escriba sin censura.

Me cuesta mucho trabajo aceptarlo pero no puedo ayudar en este momento pues así de rota cómo estoy ahora no tengo nada qué ofrecer:  para que la ayuda sea efectiva debo estar emocional y físicamente fuerte.

¿Por qué me siento culpable si he hecho lo que ha estado en mis manos y de la mejor manera posible? Decirlo me da alivio, me hace sentir menos mala y más humana.

En medio de esta crisis nos hemos juzgado con dureza. ¡Nos exigimos demasiado!  ¡Ya no más! Para mí ha llegado el momento de parar los juicios.  Necesito sanar, encontrar la normalidad que me permita sonreír de nuevo y dormir sin pesadillas.

¡Cómo cuesta trabajo entender que cuidarme, ponerme atención e inclusive consentirme no es es ser egoísta ni tampoco me convierte en una persona malvada! Necesito estar bien yo para poder serle útil a los demás.

¿Cómo salir de la culpa, ansiedad e insomnio?

Empiezo,a partir de este momento,  por dejar de etiquetarme como insuficiente o mala persona y  seguiré esta lista que me ayudará a llegar a dónde quiero:

  • Hacer cosas que me hacen sentir bien como correr.  En un mes tendré una carrera donde espero romper mi propio récord.
  • Buscar a mis amigos y salir de mi aislamiento: divertirme.
  • Pasar más tiempo con mis plantas que se van llenando de flores este otoño. ¡Los cempasúchiles ya están floreciendo!
  • Dar gracias. Todos los días hay muchas cosas que agradecer.
  • Desconectarme por un tiempo de las noticias inquietantes.
  • Aceptar mis sentimientos y dejarlos salir.
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Cempasúchiles

Volveré a ser fuerte, a estar de pie y entonces no sólo podré seguir ayudando sino que mi ayuda será más efectiva.  Mientras tanto, lloraré lo que necesite, soltaré mis oscuridades y encontraré la luz.

Hoy necesito un abrazo. Hoy más que nunca lo necesito y no sólo un abrazo, también una sonrisa y una palabra amable.  Estoy segura de que no soy la única que lo necesita. ¿Podemos abrazarnos más y criticarnos menos?  Ser amables con las personas que se cruzan en nuestro camino puede marcar la diferencia en un día complicado.

Hoy más que nunca necesito un abrazo. ¿Tú también lo necesitas?

10 de octubre  2017

 

~ por Naraluna en octubre 10, 2017.

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