Cartas para Nadie. Yaya.

Jueves 18 de Junio de 2026. Ciudad de México.

Querido Nadie:

Ya estoy en casa y hoy quiero hablarte de mi tía. He aquí la carta que te estaba escribiendo antes de mi viaje a San Andrés. Querido Nadie, Claudia, mi tía, falleció el domingo 24 de mayo. Tenía sólo sesenta y cuatro años. Ya va a ser un mes de su partida y lo estoy asimilando. Quizá por eso necesito contarte sobre ella.

La llamábamos cariñosamente Yaya y por mí tiene ese ápodo. ¿Cómo surgió? Cuando empecé a hablar yo intentaba decirle Claudia pero lo que salió fue Yaya; a partir de entonces, para la familia, ese fue su nuevo nombre. Cuando yo nací, ella tenía catorce años y desde siempre tuvo un gran don con los niños. En aquellos tiempos mi mamá trabajaba y a menudo ella me cuidaba. Te cuento que ella se la pasaba sonriendo y haciendo bromas. Era una persona muy muy alegre. Mi mamá me dijo que con Yaya vi mi primera película de terror (tendría como dos años). Mientras me cuidaban ella y sus amigas veían El Exorcista. Era de noche, pero, querido Nadie, yo nací insomne. Al día siguiente sorprendí a mi mamá imitando escenas de la película y fue así como ella se enteró que la había visto. Es sólo un detalle chistoso que quería compartirte. Gracias a Yaya crecí con el Gallo Claudio, los Muppets, con Beto y Enrique de Plaza Sésamo, con la risa de Pulgoso, personajes que ella imitaba a la perfección y con los que me hacía reír todo el tiempo. Cuando escucho la canción de Maná Maná pienso en ella. Si cierro los ojos y me concentro, puedo escuchar las voces del gallo Claudio, las de Beto y Enrique. Por años le pedimos mi hermano y yo que los imitara.

Yaya y yo

Yaya fue una de las personas más creativas que he conocido en mi vida, incluso su casa parece un museo. Su personalidad está impregnada en cada pared, en cada collage de fotos, en cada dibujo. Ahora que fuimos, el día de su muerte, por momentos me faltaba el aire, la sentía a ella, estaba en todos lados. De alguna manera nos abrazaba en este silencio tan nuevo que aún me pesa.

Tuve el privilegio de conocerla desde adolescente y acompañarla en su camino a convertirse en una diseñadora gráfica. Tengo muchos recuerdos de ella estudiando en su restirador gigante de madera con sus colecciones de plumones, plumas, plumines, lápices de todos colores. ¿Será por eso que ir a una papelería siempre ha sido un paraíso para mí? Me encantaban sobre todo sus plumones gruesos que olían a frutas: cada color tenía un aroma diferente. Ella me enseñaba a colorear, me decía cómo hacerlo para que me quedara parejito, para que se viera bonito. Me gustaba que me mostrara lo que hacía y estar con ella. Me tenía mucha paciencia. Era feliz pasando tiempo con ella. Cuando se hizo novia de mi tío, yo era feliz con ambos (todavía era una niña pequeña). Nadie, es probable que yo fuera el mal tercio, pero no sólo no les molestaba sino que jugaban conmigo y yo me sentía en las nubes.

A las dos nos encantaba el Coronel Steve Austin, The Six Million Dollar Man (Lee Majors). Pero a ella le parecían guapísimos Steve Tyler (Aerosmith), el Astuto (Ken Wahl), el Renegado (Lorenzo Lamas) y también Mick Jagger (Rolling Stones) y a mí no me gustan nadita. Nos daba risa. Fue fan de hueso colorado de los Beatles hasta el final y los estoy escuchando mientras te escribo. Me siento más cerca de ella mientras cantan Paul, John, George y Ringo.

Compartimos varias series, entre ellas, Beverly Hills 90210 y FRIENDS. Me platicaba qué iba a pasar en Beverly Hills porque ella tenía un canal donde podía ver los capítulos antes de que pasaran en México, ya doblados al español. Sí, Nadie, te hablo del siglo pasado cuando los servicios de streaming no existían y el internet apenas empezaba.

Yaya, querido Nadie, era una persona que despertaba y se iba a dormir sonriendo. Cuando llegaba a casa de la Granny, gritaba Holaaa con entusiasmo y movía las manos como si bailara. A todos tíos y sobrinos nos hacía reír. En mi edad adulta yo busqué ser una tía como ella para mis sobrinos. No soy buena imitando personajes de la televisión, pero sí haciendo cosquillas y contando cuentos. Quería hacerlos felices como ella me hizo a mí. Espero haberlo logrado aunque sea un poquito.

Te cuento que me acompañó en los momentos complicados de mi adolescencia y comienzo de la edad adulta. Estuvo presente en mi examen profesional. Hizo todas las decoraciones de mi fiesta hippie en mis treintas y me regaló un libro de fotografías de los sesentas que todavía tengo conmigo.

Cuando se enteró que me gustaba dibujar me dio varios libros de dibujo que eran suyos y cuando empecé a tejer a gancho también me me dio su libro de crochet donde vienen varios patrones. Tengo muy presentes esas tardes de tejido juntas. ¡Nos duraron tan poco! Las sigo extrañando.

En la vida, Nadie, la perfección no existe y los seres humanos somos complicados, mucho. Hubo una ruptura, una distancia con mi tía que nunca comprendí y, peor aún, que jamás pude romper. Afortunadamente, a pesar de eso, había cosas que nos seguían uniendo: los videos de los muppets (nos enviábamos videos) y nuestros perros. No nos veíamos pero a veces nos escribíamos mensajes.

Tuve la oportunidad de poder visitarla en el hospital y despedirme de ella. No sólo eso, tomó mi mano y la apretó con fuerza, no me soltaba. Tuvo unas palabras para mí y las agradezco con todo el corazón. Me trajeron paz, alivio, amor. ¡Cómo deseé que fuera el principio de una nueva aventura y no el capítulo final! Pude darle las gracias, pude abrazarla, pude estar ahí para ella, pude compartir por unos instantes música de los Beatles con ella. Quería comerse un Gansito, me hubiera gustado dárselo, que pudiera disfrutarlo pero eso ya era imposible.

Yaya amaba la vida y compartía ese infinito amor con quienes la rodeaban. Fue una gran esposa, madre y abuela. Seguiré viendo videos de los muppets y cantando Maná Maná siempre que pueda.

La extraño querido Nadie, intento acostumbrarme al hecho de que no volveré a verla; de que no volveré a comer los sandwiches al horno (no logro recordar cómo los llamaba) que me encantaban y que me hacía cuando iba a comer a su casa. A veces sigo esperando que mi WhatsApp me muestre un mensaje de ella o que comente algo en mi Instagram de perritos.

En fin, Nadie, te dejo esta foto, así es como la recuerdo: feliz, con la música en el alma, siendo ella misma, gozando la vida, con el cigarro en la mano (¡Cómo amaba fumar! Tuvo una enorme fuerza de voluntad para abandonarlo por completo. Tanto que sólo cuando vi la foto me acordé que fumaba).

Mi tía Yaya

Que tengas un bonito fin de semana querido Nadie, gracias por leerme, realmente lo necesitaba.

Here comes the sun, doo-doo-do, here comes the sun and I say, «It’s all right«.

Todo estará bien, lo estará.

Un abrazo, Carla

~ por Naraluna en junio 18, 2026.

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