Cartas para Nadie. De vuelta y San Andrés Tuxtla

Jueves 11 de junio 2026

Querido Nadie:

Quisiera ser más segura y libre, abrir mi corazón, mirarme sin miedo o desprecio cuando estoy frente al espejo, abrazarme con empatía, reconocer mis logros y no sólo obsesionarme con mis defectos. Quisiera amar mis palabras en lugar de avergonzarme de ellas. Ojalá ellas ya no me intimidaran.

Empecé diciembre en el hospital. Sólo estuve cinco días pero fueron suficientes para que la vida me haya cambiado más de lo que yo quisiera. Estuve físicamente agotada por un largo periodo de tiempo. No tenía fuerza para casi nada, ni siquiera para tomar la pluma y saludarte. Nunca me había sentido tan frágil; sin embargo, nunca tampoco había tenido la oportuidad de escuchar a mi cuerpo como lo he hecho en este tiempo y quizá, por fin, estoy aprendiendo a amarme.

Hace casi tres semanas falleció mi tía y todavía no sé cómo lidiar con eso. En casa tengo la carta donde te cuento sobre ella, ya la terminaré pronto para enviártela. Mientras escucho a Zbigniew Preisner te escribo con las lágrimas en la garganta.

La buena noticia, Nadie, es que salimos de la ciudad. El domingo vinimos en coche a San Andrés Tuxtla y, lo mejor de todo, ¡trajimos a nuestras perritas con nosotros! A pesar de estar empapada en sudor me alegra estar aquí. Desde que nos subimos al coche para venir yo estaba emocionada. Me encanta viajar en automóvil y disfrutar los paisajes de la carretera. El cielo estaba hermoso y nos tocó ver un arcoíris (hace ya varios años que no veía uno). Sentí que era una señal de que Laika y Tommy venían con nosotros. Casi no se ve en la foto, pero te la comparto. Espero que te guste.

Fueron alrededor de nueve horas de camino y las perritas no durmieron nada, estaban atentas y también un poco nerviosas. Nunca habían hecho un paseo tan largo. Se portaron muy bien, estabámos muy sorprendidos. ¡Míralas que bonitas!

Llegamos a casa de mi cuñada y aquí estamos rodeados de árboles y vida. No sé cuántas especies de pájaros hay, pero son muchas. En las tardes se escuchan sus trinos a todo lo que da. Es una variedad enorme de sonidos graves, agudos, cortos, largos. Hay uno que se parece al balido de una oveja. Una noche de lluvia se escuchó un exquisito concierto de cigarras y grillos. ¡La mejor música del mundo! Me arrullaron al dormir y su melodía acarició mi alma.

Por las tardes vuela cerca de mí una radiante libélula y me encantaría que la vieras pero no he logrado fotografiarla. Huye de mi cámara. Amo las libélulas y es casi imposible encontrar una en la Ciudad de México. Disfruto con ilusión la espera de volver a saludarla en las tardes, por cierto, hoy será la última. Mañana regresamos a casa.

Ayer fue un día especial pues llevamos a nuestras perritas a la playa. Estábamos nerviosos pero también muy entusiasmados. Decidimos ir a playa Montepío la cual está a hora y media de aquí. Nos fuimos muy temprano para ganarle al sol y aprovechar la mañana. Tuvimos la suerte de que estuviera nublado (no por eso nos salvamos del calor). La carretera para llegar está en medio de una selva tropical y la vista es impresionante. Yo iba maravillada y mis pequeñas también. Éramos casi el único coche viajando en medio de esa selva, de los árboles altos y frondosos.

Nadie, no lo vas a creer, pero éramos casi los únicos en la playa. ¡Qué increíble tenerla para nosotros! Como no había sol, la arena estaba tibia. Podíamos caminar en ella libremente sin quemarnos las plantas de los pies, sin que las perritas se lastimaran sus patitas. Ya había olvidado la deliciosa sensación de caminar descalza por la arena. Lo más increíble fue que pude correr un poquito con cada una de mis nenas. ¡Corrimos contentas por la orilla del mar! Por supuesto, siempre las llevé con su correa. La brisa marina me aligeró la carga que traía, alivió mi tristeza y me abrazó con enormes sonrisas. Y fui feliz, Nadie, una inmensa dicha me llenó el alma. Estaba en playa Montepío con Jea y mis chiquitas, con un hermoso día nublado y miles de gaviotas volando cerca de nosotros. ¡Qué libertad tan infinita se adhirió a mi cuerpo en ese instante! ¡Qué privilegio estar viva y compartir estos momentos!

La playa Montepío

Por cierto, Circe nadaba alegre con la firme voluntad de alcanzar a las gaviotas. ¡Mi pequeña cazadora! Afortunadamente era una misión imposible pero mi corazón se conmovió al verla nadar.

Eso quería contarte ahora que cumplí mi sueño de viajar con Nahui, Circe y Ayla, de llevarlas al mar. Espero que este sea el primero de muchos viajes que realicemos con ellas. Te dejo fotos de estos días y espero que las disfrutes tanto como yo.

Sé que tengo un largo camino ante mí para sanar y también muchas cosas pendientes que contarte, como mi viaje a Cracovia. Y sí lo haré, querido Nadie, un día a la vez, un día a la vez. Poco a poco te iré de llenando de cartas, por favor, ténme paciencia.

Espero que este mensaje te encuentre con bien, querido Nadie.

Un abrazo,

Carla

~ por Naraluna en junio 11, 2026.

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