Cartas para Nadie escritas en aislamiento. Distanciamiento social por el coronavirus. Novena carta.

15 de abril de 2020

¡Hola! Intento mantenerme despierta mientras escribo. Ya pasan de las seis y el sol sigue pegando duro, me deja exhausta. Quiero correr, correr y correr; sin embargo, no sé cuándo volveré a hacerlo. Tengo que conformarme con hacer ejercicio en casa. Tampoco me quejo porque me hace mucho bien y me ha mantenido de pie.

Es paradójico que la distancia generada por la pandemia nos acerque a las personas. Quizá el hecho de no poder abrazarlas o de la incertidumbre que está generando esta crisis nos lleve a necesitar más a nuestros seres queridos, a no darlos por sentado. Aumentan las videollamadas, los mensajes, chats, la necesidad de estar en contacto con nuestros seres queridos.

Quizá por primera vez las redes sociales estén cumpliendo su función y estén aminorando la distancia. Estos días los juicios, críticas, fake news y publicaciones desagradables han disminuido mucho. Me encuentro más memes que me hacen reír, juegos mentales entretenidos, retos para interactuar con los demás y muchas fotos de la naturaleza (No, querido Nadie, no hablo de aquellas – muchas photoshopeadas- que nos ponen como el verdadero virus de la Tierra sino de aquellas que cada quien comparte de las zonas cercanas a su casa. Menos política y más solidaridad). Me da mucha esperanza encontrar a más personas conscientes y amorosas. También en esta época hemos necesitado compartir las cosas más triviales: recetas (ideas para cocinar platillos originales), nuestras experiencias en casa, hasta bromas sobre el peinado o si pasamos el día en pijama, cualquier cosa para salir de la monotonía o para no centrar nuestra atención en la incertidumbre, en las noticias difíciles, aterradoras y/o dolorosas.

Bien sabes que nunca voy a ser la persona más sociable del mundo (ni me interesa serlo) pero poco a poco socializo un poco más. En este confinamiento, en lugar de estar deprimida o muy ansiosa estoy sanando, aprendiendo a quererme. Cada día me es un poquito menos difícil buscar a mis amigos. Participo más en el chat de whats app, en videollamadas, hasta hablo por teléfono. No puedo hacerlo diario pero sí con más frecuencia que antes. Hablar con mis amigos cercanos me ayuda a estar más tranquila, alegre y a tener más confianza en mí misma. Ya casi logro deshacerme de las telarañas que me colman de inseguridades ante ellos. Mis vínculos se fortalecen y soy un poco más yo.

Aunque, no te creas, todavía me falta camino por recorrer. Ayer estuve demasiado estresada. Me he estado llevando muy bien con nuestras vecinas, está surgiendo una amistad bonita. Entre otras cosas, compartimos el amor por las plantas. Al poco tiempo de habernos mudado, me regalaron un apio. Cuando me vieron desanimada porque ya no podía ir al gimnasio, me prestaron su bici fija para que pudiera hacer ejercicio durante en el confinamiento. En fin, mi estrés se debe a mis problemas para socializar: en cuanto conozco a alguien me domina la vergüenza de ser yo, soy torpe y me percibo como un desastre andante. Mis defectos se hacen presentes y no logro recordar ni una sola cualidad. Lo más ridículo entonces es que quiero huir de algo que me puede dar bienestar. ¡Qué me pasa!

Conocer a alguien me saca de mi zona de confort, significa mostrarme vulnerable ante un desconocido. Cuando eso sucede me juzgo, dudo y es complicado disfrutar ser yo. Entonces, Nadie, esa es la raíz del problema: ¿Cómo disfruto ser yo? ¿Cómo se hace eso? No tengo idea pero creo en que encontraré la respuesta en las cartas que te escribo porque me obligas a verme a mí misma, a ponerle palabras a los miedos, conflictos, emociones de los que antes me escabullía. Fue un día difícil pero ahora estoy más relajada en cuanto a ese tema.

Anoche les puse jabón potásico a mis plantas (es un insecticida biológico que no les hace daño a ellas ni a nosotros tampoco). No te había contado pero tienen la plaga de la mosca blanca que, además, atrae a las hormigas. ¡Mis plantitas que me llenan de esperanza! ¡No quiero perderlas! No sé cómo le haré pero te aseguro que venceré a la plaga. Ellas son fuertes y han sobrevivido ya a las plagas de la otra casa. En fin, amanecieron mucho mejor hoy. Después de hacer ejercicio corrí a verlas y no pude dejar de sonreír. Sembré un ajo y va germinando, vienen más retoños de la albahaca que hoy estaba especialmente hermosa, la flor de la dalia por fin se dejó ver, la zarzamora está llena de flores y frutas. Muy ilusionada te comparto las fotos que tomé y que me alegraron el día.

Espero no aburrirte, a veces ni yo me aguanto. Me despido agradecida por la paciencia que me tienes, porque pensar que me lees me pone contenta.

Carla

~ por Naraluna en abril 16, 2020.

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