Cartas para Nadie. Quincuagésima Carta. Una escena de Barbie.

¡Hola! A veces es imposible escapar del silencio que estrangula mis palabras. Lo lamento, querido Nadie. Mi voluntad es firme pero a veces el miedo a mostrarme vulnerable me doblega. He querido contarte varias cosas pero mi alma era una frágil copa de cristal y mi pluma hubiera podido quebrarla.

Te escribo para hablarte de la película Barbie. La vi por curiosidad, convencida de que sería entretenida o palomera, nada más allá de eso, pero no fue así. La disfruté, tiene momentos profundos, me hizo reflexionar.

No te haré una reseña de la película, sólo te compartiré una escena que me deslumbró. Aunque la película hubiera sido mala, por esa escena habría valido la pena verla.

Barbie sale de Barbieland y llega al mundo de los humanos. No es cómo lo imaginaba. Se burlan de ella. En su enorme desconcierto, afligida, se sienta en una banca al lado de una mujer mayor. Esta mujer está tranquila, disfrutando, no se preocupa por las marcas de la edad en su rostro o cuerpo, a gusto consigo misma mira a Barbie y le sonríe. Ella también le sonríe, sorprendida, maravillada. Sin ocultar su fascinación, le dice: «Es usted bellísima». Ella, como si le estuviera contando un secreto, le responde: «Lo sé». Ambas ríen.

Foto de Warner Bros

Jamás, nunca, había visto una escena donde elogiaran la belleza de una mujer mayor, con arrugas, canas y casi sin maquillaje. En este mundo tan complejo, parece que sólo podemos ser bellas (atractivas, hermosas) en nuestros años mozos o disimulando nuestra edad. Barbie no conocía la vejez ( no existe en Barbieland) y cuando la descubre, no se espanta ni se disgusta: siente admiración. ¡Admiración!

Me impactó la seguridad de la mujer para afirmar su belleza, lo cómoda que está con su cuerpo, con su edad, consigo misma. Verla me dio esperanza, alegría, bienestar. Me hubiera encantado poder abrazarla, agradecerle y experimentar por un instante esa sensación de plenitud, de libertad, de vivir lejos de los estereotipos o exigencias absurdas.

Me anima imaginar un mundo donde podamos quitarnos la carga de tener que vernos siempre jóvenes para sentirnos bellas, admiradas o simplemente aceptadas, donde mostrar las canas sea natural y no algo malo (varias me han dicho que me vería mejor si me pintara el cabello, que tengo que pagar el precio de ser mujer, me veo vieja o que soy fodonga). Yo, querido Nadie, estaba convencida de no tener esa carga: mi rebeldía marcaba la diferencia. Sin embargo, al ver esa escena comprendí que no es así. Sí, soy rebelde, no me avergüenzo ni busco ocultar mi edad, convivo en armonía con mis arrugas, no me asusta la celulitis; sin embargo, con los dedos de mis manos puedo contar las veces que me he creído hermosa, o bonita en mis casi 47 años de edad. Jamás he estado así de bien conmigo misma como la mujer sentada en la banca al lado de Barbie. ¿Es posible lograrlo con las imperfecciones naturales de mi cuerpo y de mi edad? ¿Sin usar maquillaje? Quiero pensar que sí, que lograré hacerlo, que me sacudiré las tonterías de la sociedad en que vivimos, las de mi pasado también y , por fin, podré verme con la luz del amor propio, del agradecimiento, de la satisfacción por este viaje que hasta ahora ha sido y es mi vida.

Me hubiera encantado ver la película con mi prima. Siento la nostalgia de aquellas tardes cuando jugábamos con nuestras Barbies. No te imaginas cuánto la extraño, ya lleva varios años en España.

Te comparto mi foto loca de cuando fuimos a ver la película. Es la primera y última vez que me meto en una caja. No suelo participar en este tipo de cosas, pero estaba de muy buen humor.

Divertida.

Te mando un abrazo y te escribo pronto.

Carla

~ por Naraluna en agosto 25, 2023.

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